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30.1.15

Un tango en las nubes




















Pasan olas. Como fogonazos de azul oscuro van deslizándose, titilando al umbral preciso de la vista. Con el tiempo, el rabillo del ojo se acostumbra pero el pecho sigue palpitando. Hay adrenalina y el puño se cierra, febril. Hay una conciencia de cada músculo en previsión del cansancio. Desde el palco de estrellas ya se ve el inicio de la barrera: un enorme caparazón de nubarrones que claustra el Atlántico.

Mermoz carraspea pero nada se oye bajo el estruendo que levantan los casi dos mil caballos de los Hispano Suiza. Fugazmente se voltea hacia el navegador, quien anuncia:  

– 13,05° norte, 19,05° oeste. 

Manuel, el operador de radio, empieza a enviar el morse. Los chispazos bajo sus dedos contrapuntan con los de los pistones que entran por cada ventanilla, y con cada uno se suplementa el tenue centelleo de los instrumentos en el que se han estado midiendo los rostros. Mermoz parpadea despacio un par de veces, evita rascarse una ceja para poder mantener las manos sobre los mandos, se inclina hacia Carretier:

– Pongámosle arcoíris a esta nube…

Arcoíris, pues es ése el nombre del engendro; su constructor está sentado allí mismo, detrás de ellos y, a pesar de permanecer particularmente silencioso, le aflora a cada instante una insidiosa curva en la comisura de la boca, como si quisiese evitar el mal agüero de desearse buena suerte. Sin mediar palabra tampoco, Carretier empuja las tres palancas y la nave se estremece enseguida. El bramido, bajo la superficie, espanta en manada a las especies sensibles hacia mayor profundidad, dejando una estela de susto a su paso.

Gana altura, pide cielo. La mano de Mermoz provee, engalanada de cuero. Bailan ahora sobre una lobreguez inusitada, ante cuyo impulso Mermoz, generoso, le cede los mandos a Carretier. La luz ha empezado a mutar, observan como una claridad distante y onírica, último estertor del Sahara, les persigue. Pronto se inflama el oleaje bajo el metal que a su vez lo refleja, y es Couzinet – el constructor – quien rompe su silencio para aseverar:

– ¡Mirad, la luz presagia nuestro triunfo!

El sol pone a cavilar a Mailloux, el navegador, quien empieza a calcular, considera los tres gonios recibidos. Grita hacia la carlinga para hacerse oír:

– Carretier, ponga rumbo al 200 ahora y manténgalo durante cinco minutos, yo los mediré…

Reloj en mano, empieza a cronometrar el desvío indicado para medir la deriva, mientras el ala izquierda se inclina hacia el agua. Durante el giro, alguien tose. Todos guardan silencio, esperan no haberse extraviado durante la noche. Mailloux garabatea cifras con rapidez en una libreta, los dedos de su mano izquierda se animan, contando imperceptiblemente. Bajo su ceño fruncido, que escruta la hoja y el sextante, surge un gesto de distensión y de un golpe de lápiz cierra el cálculo, satisfecho.

– Está bien, vuelva al 240. Según mis cálculos, no ha habido deriva, caballeros. Dakar y Saint Louis coinciden en sus estimaciones, aunque la de Praia no me convence, todavía está demasiado lejos para tomarla en cuenta. Pero vamos bien. La velocidad promedio es de 217 km/h, lo cual no está nada mal. Serían ocho horas y media hasta Noronha.

– Bien, concluye Mermoz. Buen trabajo, Mailloux.

Dos horas más tarde, el operador de radio capta, escondida tras una cacofonía de electricidad estática, la voz inequívoca de Carlos Gardel. La pone para todos, nadie se mueve. Esa voz certera corta a través del estrépito del vuelo con todo el peso de la tierra que buscan. Es una señal. Todos ellos son aviadores marmóreos y curtidos, pero el poder del tango por poco los libra al llanto. Mermoz cierra los ojos, bajo su tacto el ave metálica sabe blandir con autoridad por un surco de aire. 

29.1.15

Diálogos de un colibrí


– 














COLIBRÍ: 14…
Mª ANGUSTIAS: Das grima, son excusas.
COLIBRÍ: Ni uno más.
Mª ANGUSTIAS: Aguanta poniente, verás.
COLIBRÍ: Exacto, y hierve.
Mª ANGUSTIAS: Cuando sepas lo que ha pasado por ahí.
COLIBRÍ: Me da lo mismo, he pecado.
Mª ANGUSTIAS: Pues mira que bien.
COLIBRÍ: Eso, deja que lo vomite así, sin nada.
Mª ANGUSTIAS: Pues eso, que te surta…
COLIBRÍ: Pretendo que me ensarte. Es arte.
Mª ANGUSTIAS: ¿Dónde se ha visto?
COLIBRÍ: Dirimiré.
Mª ANGUSTIAS: Diré, mejor dimite.
COLIBRÍ: Lo has dicho.
Mª ANGUSTIAS: La duda consume tus vitaminas.
COLIBRÍ: Sí, requieren conexión internet.
Mª ANGUSTIAS: Comes demasiado chocoramo.
COLIBRÍ: Las migajas que recojo.
Mª ANGUSTIAS: Ve menos al colegio.
COLIBRÍ: Te estás quedando calva.
Mª ANGUSTIAS: Wa’alaykum assalam.


– 













NAVRATILOVA: Pareces un ave judía.
COLIBRÍ: O una judía-haba.
NAVRATILOVA: Ave, pues.
COLIBRÍ: María, hom’e…
NAVRATILOVA: María se fue en el primer diálogo.
COLIBRÍ: Ave María pues, hom’e.
NAVRATILOVA: 15-30.
COLIBRÍ: 14.
NAVRATILOVA: Pues no.
COLIBRÍ: Pues no y te bajas.
NAVRATILOVA: Ni que fuera el árbitro.
COLIBRÍ: Eso díselo a quien arbitra.
NAVRATILOVA: Cobra, y no alcanzo.
COLIBRÍ: Pitón, di no al cansancio.
NAVRATILOVA: Chitón, tu aleteas.
COLIBRÍ: Así es, como un malparido.
NAVRATILOVA: ¿Y defecas?
COLIBRÍ: Solo cuando es menester.
NAVRATILOVA: ¿En Manchester?
COLIBRÍ: Si acullá estoy.
NAVRATILOVA: ¿Y si no?
COLIBRÍ: Duermo y existo.
NAVRATILOVA: LOL.  


– 













COLIBRÍ: Lo absurdo no le cuadra a nadie.
LAICO: Se dice “nadien”.
COLIBRÍ: ¡Qué alivio, un doctor!
LAICO: ¿Sufre usted?
COLIBRÍ: Por la comida principalmente.
LAICO: Cambie de dieta.
COLIBRÍ: Sería cuestión de adquirir una primero.
LAICO: En cómodas cuotas, transgénicas.
COLIBRÍ: Que me avituallen pues.
LAICO: Bien, y a rumiar que no sobra.
COLIBRÍ: En seguida.
LAICO: En su daga…
COLIBRÍ: Mientras no me sangre encima.
LAICO: Es manso, muere sin patalear.
COLIBRÍ: ¡Oh! Es un Photoshop del ADN…
LAICO: ¿Qué quería, alpiste crudo?
COLIBRÍ: Si no al pie de la letra, al menos al tobillo.
LAICO: Eso no me asusta.
COLIBRÍ: Lo quiero probar todo.
LAICO: Ven…


– 









COLIBRÍ: Fue el orgasmo más corto de mi vida.
LORO: Mi vida, mi vida…
COLIBRÍ: ¡Calla, loro hijueputa!
LORO: Pirobo, hijueputa…
COLIBRÍ: Pajarraco insensible…
LORO: Pirobo, hijueputa…
COLIBRÍ: Ni siquiera puedes volar.
LORO: Lorito rreal, lorito rreal…
COLIBRÍ: “Pirobo, hijueputa...”
LORO: Visto de verrde y soy liberal...
COLIBRÍ: Se nota.


– 









TRUCHA (de agua dulce): ¡Agh!
COLIBRÍ: Demasiado azúcar, me temo.
TRUCHA: Es posible, me gusta empapar gallos.
COLIBRÍ: Como cosecha, es válida.
TRUCHA: Sobre todo al considerar el trasteo.
COLIBRÍ: Siempre opinas tanto…
TRUCHA: Yo no soy tan optimista, me recojo.
COLIBRÍ: Pasaré este invierno en Alemania.
TRUCHA: Con tu vuelo y mis saltos…
COLIBRÍ: No te llevaré, trucha…
TRUCHA: Pero… pero si tú…
COLIBRÍ: Sí, lo sé, pero le echaste mucho azúcar.
TRUCHA: Yo…
COLIBRÍ: Lo siento.
TRUCHA: Esta bien, de todos modos prefiero el 13.
COLIBRÍ: Da mala suerte.
TRUCHA: No, suele amarte.
COLIBRÍ: ¡Suéltala, Stella!
TRUCHA: No me hará daño, soy insípida.
COLIBRÍ: Te describiré.
TRUCHA: Hola, perderás tu avión.
COLIBRÍ: Me voy volando.
TRUCHA: Enjuágate. 

28.1.15

Tema con vacilaciones
















hablan los apedreados
los abucheados
sus rubores existen
y acarrean riesgo
para ellos y los necios
para todos

hablan los que no son
que carraspean
que no están acostumbrados
pero diantre
hablan
que es verdad

hablan los esforzados
los valerosos y vehementes
los pulcros se callan hoy
los mojigatos cacarean
los otros pasean a ver
no dicen nada

hablan después todos
en un tumulto de voces
¡párenlas!
pero no se puede
ya no hay quien ponga
el freno

18.1.15

Je est Charlie

















Au temps de la guerre du Viêtnam, Charlie c’était l’ennemi. Là, tous veulent être Charlie. Mais voilà, où est Charlie? À Charleville-Mézières? Entre le rio Bravo et son delta? En train de nourrir son chien excentrique ou de visiter une usine à chocolat?

Où est Charlie? Le terroriste, est-il celui qu’on montre du doigt? Et si le doigt s’élonge d’une main, d’une main noire, que fait l’autre main? Est-elle blanchie? Qui la regarde tandis qu’elle œuvre dans le noir? Qui plaint le continent Noir?

Victimes réelles, assassins fictifs. Je est Charlie. Charlie est un autre. Rimbaud apprît l’arabe. L’Art a bégayé. Les arabes, égayés, ont tué Charlie. Ils ont tué un autre. Meursault a tué sa mère. Même Xavier Dolan.

Chaque pays y goûte tour à tour à une vengeance dont la menace fait penser à l’Ébola et à d’autres maladies qui infectent d’abord l’imaginaire et puis la perception, avant qu’elles n’atteignent le corps. Balles et virus, avançant comme un écueil zombie.

Encore de milices et de policiers, moins de résistance civile. On en redemande. On en veut encore. Ce n’est jamais assez. C’est d’ailleurs le principe, que ce ne soit jamais assez. Le Reichstag, c’était juste le début. De Shoah à Sharia, Charlie au choix.

On nous dit que le danger est partout. Il ne suffit pas de ne pas être juif. Après tout, c’est l’État qui paye. Le démontage de la République se fait à huis clos, mais sa façade est un chef d’œuvre d’architecture. Les poutres y sont savamment dissimulées.

Qui gagne et qui perd à ce jeu? Qui a raison et qui a tort? Ceux qui civilisent la religion ou bien ceux qui sacralisent leurs perceptions culturelles? Mais n’est-ce pas que c’est bien trop romantique? N’est-il pas juste de s’intéresser aux coulisses?

La morale provient d’une prémisse coercitive tandis que la culture, dérivée des applications techniques cumulatives de nos rapports à la vie, engendre l’éthique qui est plutôt participative, plurielle et positive.

On en sortira des théories, on recyclera de perverses minuties dans des documentaires bidon qu’on émettra souvent en guise de rituel sacré. Ce seront des croisades, car il est vrai que la mer s'assombrit parfois avec des éclats mortels.

Et près d’être atteints par un croquemitaine au turban, on ira consommer davantage au cas où tout ne s’écroule. Nous serions prêts demain, s’il le fallait, pour nous entretuer. Nous avons été dressés pour cette guerre qui pullule.

Peut-être qu’on ne doive pas trop se regarder ni s’écouter. Peut-être qu’on ne devrait même plus avoir à s’endurer, nous humains. Le monde est tellement déplorable et sériel, mais voilà que le fait unique lui rend sa beauté.

Or le simulacre se dresse et retentit. Les gens aux sensibilités atrophiées nomment leurs actes et versent les larmes appropriées. Le cancer politiquement acceptable se goinfre du foi qu’est la loi, le filtre de la société. L’infection approche.   

31.12.14

Hamlet's pop-ups


















To be, or not to be, that is the question—
Whether 'tis Nobler in the mind to suffer
The Slings and Arrows of outrageous Fortune,
Or to get the latest health, fitness, anti-aging,
and nutrition news, plus special offers? To die, to sleep—
No more; and by a sleep, to say we end
The Heart-ache, and the thousand destinations
That we are now flying to? 'Tis a consummation
Devoutly to be wished. To die, to sleep,
To sleep, perchance to stimulate all
Your major stomach muscles at the same time
Providing you with the perfect abdominal contraction
That means your upper abs, the lower abs
And even your obliques, what dreams may come,
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause. There's the respect
That makes losing weight simpler
Than you could ever imagine,
The Oppressor's wrong, the proud man's Contumely,
The pangs of despised Love, microscopic spheres
Of rejuvenating multi-berry anti-oxidants slipping gently
Into the skin deeper than ever before, delivering
Break-through ingredients to bathe your weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscovered Country, from whose bourn
No Traveler returns, Puzzles the will,
And makes us provide extensive educational programs
Particularly in science and agriculture
For students around the world,
And thus the Native hue of Resolution
Is sicklied o'er, with the pale cast of Thought,
And enterprises of great pitch and moment,
Have thoroughly earned their own reputation
For a unique level of quality
The result of a fusion of commitment, innovation
And experience, in all thy Orisons
Be thou all my sins remembered.
PRESS TO CONTINUE

30.12.14

El declive de la clave













¿Qué significado antropológico tendrá el hecho de que hayamos formado nuestras filiaciones tribales predominantemente a partir de raíces rítmicas y – en mucha menor medida – de raíces melódicas, armónicas o tímbricas?

Cuando una misma melodía se adapta a esquemas rítmicos diferentes, no solo se constata la universalidad de la melodía sino que a la vez surge el aspecto sociológico de la identificación a uno u otro esquema rítmico. Así, por ejemplo, una melodía como Yesterday se ha visto mutar en muchos menjunjes culturales, servir en diferentes salsas por así decir, sin alterar su capacidad de ser reconocida; sin embargo, cada una de esas salsas representa una identidad social aparentemente hermética con su propio código de referencias extra-musicales. Estas identidades, representaciones tribales comercializadas y serializadas, se construyen por asociación de conceptos que, inicialmente, pueden haber pertenecido incluso a otras identidades.

La reducción de estas células rítmicas a un denominador es un factor que acaba esterilizando las identidades que pretenden representar. La clave, ritmo de dos compases de 2/2 que permea la rítmica latinoamericana, existe en múltiples variantes desde Argentina hasta Nueva York. Los dos compases se pueden invertir, como en la clave de son y la clave de rumba cubanas, que son esencialmente la misma cosa invertida, bien dispuesta en 2:3 o en 3:2. Esta proporción se yuxtapone también con frecuencia, lo cual contribuye a una rica ambigüedad que incita al movimiento. Pero la rítmica latinoamericana, como las mismas identidades que representa, se empobrece cada vez más. Y es que los géneros “nuevos” repiten patrones que solo miden un compás en lugar de dos, es decir que la unidad que se repite mide la mitad de sus predecesoras. Así, una unidad rítmica de reggaetón, por ejemplo, contiene solo la mitad de la información de una de cumbia o de salsa.

La identidad tímbrica se conserva mediante el uso de instrumentos relacionados a lo autóctono y no a lo comúnmente establecido como universal. Una gaita sigue evocando a Colombia, un duduk a Armenia, un koto a Japón y el cine sigue usando la guitarra para evocar la estética andaluza – pero generalmente estas filiaciones subsisten dentro de un contexto exótico y museificado. A menudo, estas identidades son inamovibles, aunque alguna vez se han hibridado con las demás, tanto en música popular como erudita. En cuanto a las identidades melódica y armónica, éstas cada vez sucumben más al mismo factor de reducción, por no decir mutilación, que afecta a la rítmica. Afortunadamente, tras casi un siglo de aversión a la melodía por parte de la academia, ésta ha vuelto a practicarla, si bien frecuentemente diluida con parámetros de textura y tímbrica.

Sociológicamente, en una época donde las semánticas sonoras son en gran parte recuperaciones recontextualizadas – como por ejemplo con las bandas sonoras – la mayoría de los seres humanos, músicos y no músicos, están pasivamente a la merced de quien puebla sus oídos. Este fenómeno devalúa, lógicamente, la reflexión que implica toda entidad sonora diseñada con técnica y sensibilidad. La interactuación orgánica de los parámetros musicales se debilita y éstos se manifiestan más fácilmente por separado, sirviendo fines que contrastan radicalmente con sus respectivos significados originales. Cuando se ha olvidado cómo escuchar – puesto que hoy día sencillamente se puede presionar play – es más fácil dividir la música y obtener los dividendos.

Es con mucha facilidad que se manipula al oyente, que ya no es ni escuchante, ni intérprete, ni mucho menos creador – pero que siempre juzga, aunque no sepa que su juicio nunca fue el suyo. En una noción musical, hay varios planos de involucramiento: históricamente nos alejamos cada vez más del hecho musical. El simple concepto de música de fondo, bajo su perspectiva poética original, resulta aberrante. La 5ª Sinfonía de Beethoven, por ejemplo, ya no constituye el ejemplo de música absoluta y de organicidad con que fue concebida. Ciertamente, el propósito de una obra es de perdurar en su intención y forma originales; pero el postmodernismo la ha sacado del estadio. El remake del remake del remake se ocupa de borrar la memoria colectiva de lo original, y el mecanismo de este procedimiento es precisamente la identidad socio-rítmica.

El ritmo, el más primitivo de los parámetros musicales, es el que parecemos haber escogido para definirnos. La afiliación moderna a una identidad rítmica implica asimismo rasgos sociales que corresponden a esa tendencia a la compartimentación y a definirse por reducción y oposición. El concepto mismo de repetición es aquel de la vida: día tras día y latido tras latido; pero se ha ido restringiendo la riqueza de lo que cada día individual o cada latido podía brindar de nuevo y de estructuralmente único para remplazar todo por un loop deshumanizado. Es algo así como en esa comedia con Bill Murray en que se repite eternamente, a modo de un mito de Sísifo contemporáneo, el mismo día aburridor. Y es precisamente ese Sísifo el que nos representa: se trata de la serialización no solamente de nuestras identidades sino de nuestros esfuerzos.

Se erigen mitos cada vez más abreviados, actitudes cada vez más recalentadas – en verdad, cada uno de los recovecos de nuestra civilización está envuelto en el eco de esta rítmica cada vez más corta y baldía. Hay algo de militarizado, de profundamente fascista y claustrofóbico, en la lobotomía rítmica que se asemeja a una memoria de mosca, permitiendo que cada golpe borre la conciencia del anterior. En cada representación existente de la estandarización rítmica, desde la cadena de producción de Henry Ford hasta el bombo repetitivo de un rave techno, cada gesto se equivale; cada imagen y sonido, intención y carácter, se corresponden. Con la mengua de la información necesaria para establecer una identidad socio-rítmica, se perfila un fiel retrato sonoro de nuestra indigencia reflexiva y humana. Cuanto más pobre es nuestra música, más pobre es nuestra vida.