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29.3.15

Prontuario de derecho experimental

1. Preámbulos a la estética insurreccional





En el mundo, persiste una milenaria sensación de injusticia que provoca irremediablemente el abrupto brotar de nuestros actos. La historia, malentendido heredado y catálogo apócrifo, es un sinfín de reacciones cumulativas que, al ramificarse, va describiendo la esencia del ser humano, según quien escoja observarla. Lo que asombra siempre es el ingenio, la astuta maldad casi hecha arte que practican quienes consiguen predominar. Con este ingenio se ganan guerras, se fundan cultos y se curan males; si el ingenio percibe algo, lo acribilla de originalidad y emerge victorioso.

Entienda quien lee, que mi maldad colgó los guayos, que a mi gemelo malo le faltó oxígeno al nacer y que así he recogido añicos cardíacos en demasía. Precisamente esa uniquidad, la irresolución de mi dicotomía, me torna doblemente sensible al evento observado. Opino que el problema de la libertad es que está mal repartida y mal utilizada. Opino que el lenguaje tiene el poder que le otorgue cada quien y que, en su expresión legal, constituye la mayor herramienta práctica actual para regular la libertad.

Desde el año 1999, senté las bases de algo que llamé Terrorisme Artistique, inspirado sin duda en las acciones de los surrealistas de la época dorada, notablemente las que les infligían a los psiquiatras. Fuimos varios, teníamos veinte años y llegamos a tener algunas ideas propias. André Breton creía que la belleza debía ser violenta, explosante-fixe; creía en el potencial de belleza de la violencia. Aprendí que se pueden crear mejores cosas borrando que escribiendo y comprendí que la fuerza humana era de convertirse en todo lo que veía y el error había sido de convertir todo lo que veía. Preferí tirar la piedra y no esconder la mano. No más. 

Llevo más de diez años estudiando la historia de las micro-naciones y hasta el rey Javier Marías me denegó personalmente la nacionalidad de Redonda en 2007, no por enemistad sino más bien por querer protegerme de una situación legal complicada en la cual ya no poseería nacionalidad real, por lo que no le tengo el más mínimo rencor y solo puedo agradecerle su atenta y cabal respuesta. Probablemente también pensó que soy un demente universal. Pero hoy día me interesa mejor saber cómo puedo poner mi cuerpo upon the gears and upon the wheels, upon the levers, upon all the apparatus, como dijo Mario Savio en el 1964 en la escalinata de la universidad de Berkeley. En castellano: ¿de qué manera puedo joder al sistema?

2. El concepto de territorialidad errante



Concerniendo el derecho territorial y el concepto de propiedad física, propongo la introducción de una noción de territorio móvil, donde la soberanía no está ligada al terreno sino a individuos o pequeñas unidades sociales como una familia. Esto aliviaría la presión sobre el medio ambiente replanteándose el concepto de explotación de recursos lejos de una perspectiva de la propiedad y reduciría notablemente la tensión geopolítica, limitando las relaciones desiguales de poder. También desaparecerían los pasaportes y las fronteras, la xenofobia y quizás el racismo; y desde luego se erradicaría por completo el concepto de la emigración/inmigración.

Además, esta noción de territorialidad errante permitiría a los seres humanos encontrar un balance más apropiado entre sus deberes y sus gustos, aumentando la capacidad de una complementariedad más empática y disminuyendo el impulso de competitividad negativa por lo material. Sin duda, para la gran mayoría de los seres humanos, infectados con varios virus – ignorancia, desinformación, fanatismo y demás – es desaconsejable la concesión de semejante grado de autonomía. Sin duda, por eso no son ya libres y quizás no lo sean nunca; pero no podemos detenernos inútilmente a recoger los cadáveres: hay que seguir. 

Cara a la robotización masiva del sistema, a su serialización, a la anestesia que le impone al ciudadano mientras se destruye su futuro, su agua, su planeta, a la creciente articulación de la represión – la individualidad es la mejor arma. Dotarse de uno mismo, armarse de sí, es un paso adelante que implica un gran riesgo; usar la red para poner en jaque y exponer, usar la tierra solo para el sustento y devolver lo recogido: estas son las nuevas cruzadas. Es, pues, el individuo quien da el golpe de estado a la sociedad votante y a la catástrofe de una democracia sin educación, no para imponer su ley sino para que nadie le venga a imponer las leyes de otro.  

Me he propuesto escribir, a modo de ejemplo, una declaración tentativa de autonomía unilateral del estado del que soy ciudadano. Dada mi ignorancia en el hirsuto tema de las leyes humanas (ya que yo no las reconozco sino que soy sometido a ellas, lo cual es muy distinto), desconozco el porte legal de tal acción, aunque lo más probable es que no sea tomada en serio. Sin embargo, existe una lejana posibilidad de que, bajo alguna oscura ley que datase de los primeros años de la independencia, se me pueda encarcelar por sublevación, aunque sospecho que me relegarían más bien a revivir mis episodios de emulación surrealista, insultando psiquiatras.

De todos modos, aquí reproduzco el texto:

1. Yo, Caimán Divino, proclamo solemnemente mi secesión de la República de Colombia y de todo otro país en calidad de entidad política separada. A partir del X de X del XXXX, dicho país, que se denominará Caimania, contará con la plena autonomía política y gozará en todo aspecto del territorio designado como propio. 

2. El territorio de Caimania será conformado al interior de un radio de X metros tomando a mi persona como punto central del perímetro. Lógicamente, este territorio variará según mis desplazamientos. El estado que haya perdido su territorio a Caimania lo volverá a recuperar si me desplazo y será severamente repelido si se opone a mi presencia.

3. Caimania es un estado anarco-monárquico no hereditario, para-constitucional, laico, libertario-individualista y neo-ecologista.

4. Caimania considera que el derecho internacional ha traicionado en repetidas ocasiones los derechos, libertades y voluntades de los pueblos de la tierra, razón por la cual se niega a reconocer autoridad alguna, independientemente de su ámbito, fuera de la propia autonomía.

5. Caimania advierte, a quien pretenda relegarla al rango imaginario o poner en duda o riesgo su autonomía, que las represalias que tomará contra cualquier entidad agresora serán letales y definitivas.

Comuníquese, notifíquese y cúmplase.

¡Viva Caimania!

3. El concepto de propiedad lingüística



Uno de los temas que más se ha tratado en Dementia Universalis es el fenómeno de la usurpación: primero la de la función humana (del lenguaje y su semántica, la farándula haciéndose llamar artistas, el uso de las redes sociales) y después la substitución de todas las funciones que rodean al humano (abuso del medio ambiente, valor y aplicación de la función democrática). Quien usurpa agrede y, a menudo, no comprende por qué se le agrede en represalia. Pero la violencia también es natural y la paz, a menudo, solo representa un compromiso artificial de corto alcance. La violencia también acaba justificándose a fuerza de golpes precisamente. Ya lo decía Wordsworth en su Outrage done to Nature: 

... I grieve, when on the darker side
Of this great change I look; and there behold
Such outrage done to nature as compels
The indignant power to justify herself;
Yea, to avenge her violated rights …

Justificado está, pues, que ante la magnitud del delirio que unos pocos que pretenden imponer a los demás, se actúe.

Sería necesario silenciar a mucho político, a mucho profeta, a mucho artistoide. Sería necesario callar además a los que inundan de faltas de ortografía y de gramática los servidores del planeta, a los que creen que su expresión es útil o pertinente y van embarrando el lenguaje y su poder según se hunden en su fango. Esto sí, yo no me voy a callar, primo, porque esto es Caimania (como en 300).

Me pregunto si se podría – legalmente y por decreto – prohibir el uso de una lengua a un individuo o grupo de individuos. Esto implicaría la intervención de un organismo que sirva de custodio a esa lengua, el cual ya existe para la mayoría de las lenguas usadas en el planeta. Por otra parte, un país que tenga a esa lengua inscrita como idioma oficial en su constitución podría establecer la prohibición del uso de esta a cualquiera de sus ciudadanos.

El concepto subyacente es que un idioma, con sus implicaciones semánticas y las consecuencias culturales de éstas, si es que va a ser maltratado y malinterpretado como lo ha venido siendo, no puede ser un derecho sino un privilegio. De esta manera, se dejaría de secuestrar el lenguaje para fines nocivos o banales. Esto crearía un entorno social más aseado, menos inconsistente y más eficaz a la hora de encontrar soluciones colectivas. Una vez más, sospecho que este proyecto de ley, de presentarse, sería relegado a los anales del ridículo legal, lo cual me aleja progresivamente de mi voluntad de establecer un marco pacífico para mi disensión, ya que la asimetría entre el individuo y el poder ha suprimido toda posibilidad de diálogo. 

4. Paralegalidad e infralegalidad


Dos conceptos emergen a partir de lo expuesto: el de la paralegalidad define lo que está fuera de un cerco legal y actúa en paralelo, mientras que el de la infralegalidad describe lo que está debajo de la ley, es decir la actividad delictiva común y corriente. Por ejemplo, George Washington y sus compañeros, al fundar su nación, cometieron una acción paralegal puesto que se extirpaban a sí mismos del marco legal ya definido creando uno nuevo en paralelo, mientras que los anhelos de paralegalidad del narcotraficante Pablo Escobar nunca se materializaron, quedando en la infralegalidad.

Evitar el sistema extirpándose de él es correr el riesgo, como le pasó a Thoreau, de que el sistema imponga su visión infralegal sobre un acto esencialmente paralegal. Quien estudia leyes sabe que hay multitud de huecos que se usan cotidianamente para moldear la realidad jurídica de una nación; sería cuestión de comenzar a enfocarlos con urgencia hacia la obtención de una paralegalidad que logre ser legítima ante el sistema y que, por ende, pueda sobrevivir y dar sus frutos. De lo contrario, todo alarmismo se convertirá en realidad. 

27.3.15

L'autre joue du Québec



















(Graffiti anonyme apparu dans une rue de Montréal en février 2015)

C’était quand même pas fou d’avoir choisi l’agneau de la Saint-Jean pour représenter le Québec: c’est comme ça qu’on l’a voulu depuis 1759 – doux au toucher, docile et inoffensif. Or ça aurait pu être plus approprié de désigner comme mascotte nationale un mouton dont on mange la laine sur le dos.

Le Québec est pacifiste par bonne volonté, c’est vrai, mais l’histoire nous prouve que de là à la naïveté désastreuse, il n’y a qu’un seul pas. Qu’on ne soit pas si surpris si, aujourd’hui encore, on voit les rues déborder de nazillons armés jusqu’aux dents et flanqués de bergers prêts à sauter sur n’importe quoi qui bouge : on les a laissé devenir ce qu’ils sont puis agir en conséquence.

Ce qui est le plus absurde est que, malgré l’écrasante inégalité du rapport de forces entre les manifestants et les policiers, ces derniers ne cessent d’infliger des abus répudiables à des gens sans défense et sans mauvaise intention qui manifestent en toute légalité. Ils ne le savent que trop bien – personne ne ripostera à la hauteur.

Ce n’est pas la première fois que ça se passe : c’est une tradition qui se corse davantage depuis quelque temps. La militarisation et l’uniformisation tactique de la police mondiale a eu lieu de façon progressive; comme des homards, nous sommes déjà cuits sans le savoir.

Il faut reconnaitre ici un cycle qui recommence : les gens s’insurgeront de ces abus sur les réseaux sociaux, des citoyens respectables s’adresseront solennellement aux policiers pour leur exiger la paix, peut-être même qu’on aura droit à une nouvelle saga au style matricule 728, en guise de tête-de-turc de la saison… puis tout retournera à un calme troublant.

Rien ne se passera. Tout gain sera superficiel ou un cadeau grec. Même si le gouvernement change, l’éducation ne deviendra pas gratuite et tout le grabuge érable coutera cher aux contribuables. Des kilomètres de manifestations pacifiques chantant à l’unisson n’auront aucun effet sur le néo-liberalisme sauvage et ses politiques. C’est déjà monté, financé, marketé, paqueté, craché...

Il faut avoir la perspicacité de regarder la main apparemment inactive d’un magicien, celle sur laquelle il ne veut pas qu’on se concentre. Tout ceci est un show pour récupérer et neutraliser l’énergie jeune du Québec, ou du moins pour la fatiguer; l’éducation d’elle-même s’occupera de lobotomiser le reste des inconformistes.

Il y a des peuples qui veulent rester dans la boue, d’autres clairement pas. Souvent, je me trouve à penser que le Québec aime bien se noyer dans sa pire sloche. Tout ceci basculerait si le Québec saisissait mieux ses opportunités, et celle-ci en est une bonne pour se souvenir des deux référendums volés par le fédéral.

Pendant trop de temps, le Québec est resté un peuple scandalisable qui s’est accoutumé à résoudre ses moindres conflits en appelant la police. La chrétienté, pourtant majoritairement en extinction parmi les mœurs québécois, a laissé sa trace sur l’autre joue de beaucoup de gens.

Ceci est un peuple où, aussitôt lève-t-on le moindrement le ton de la voix, on compte déjà des apeurés. Par contre, si c’est la police qui fesse, on œuvre dans l’abnégation. Au fil des années, la police a pris ce pouvoir que la culture même, apathique, lui octroyait; aujourd’hui il est déjà trop tard.

La solution est pourtant simple. Il suffit d’observer ces documentaires sur les animaux en nature pour se convaincre enfin que la violence est parfois nécessaire, surtout quand on doit se défendre d’une menace. Indéniablement, l’apologie constante de la paix n’a fait qu’accroitre cette menace, chaque fois plus aisée dans son rôle toléré.

Si les québécois(es) ne prennent pas la responsabilité de mettre fin à ces abus, alors qui le fera? C’est pourquoi il est grand temps qu’il y ait du sang dans cette affaire, que ça escalade, que tombent des têtes. Ça ferait enfin mûrir un pays qui reste encore dans le cocon de sa province.

Dans d’autres pays, et même dans les États-Unis, un policier peut avoir peur. Il sait que le karma peut se retourner contre lui. Pas au Québec : ici, on ne tue pas de policier à bout portant. Il n’y a qu’eux pour tuer. Au Québec, la police n’a peur de rien et ça paraît.

Ici, un flic déchire un drapeau du Québec lors d’une manifestation et rien ne se passe. J’imagine mal un flic américain s’en tirer indemne après avoir déchiré son drapeau dans de pareilles circonstances. Après maintes anecdotes comme celle-là, on croit saisir que le Québec est un peuple mou.

Si demain apparaissaient des cadavres de policiers pendus aux lampadaires, cette situation commencerait à changer. Si tous les Couillard, Labeaume, Coderre et Lafrenière de ce monde, avec ces cliques d’escrocs pour qui ils travaillent tous, se faisaient disparaître, voilà enfin que nous serions plus près d’une paix.

Le pamphlet fasciste C-51 interdit d’encourager de telles actions, mais mentionne qu’il est acceptable de les glorifier dans le contexte de la liberté d’expression, paix à son âme. Pour éviter des malentendus, j’aimerais clarifier que cet article ne glorifie pas la violence contre l’état; plutôt il l’encourage.

Si d’autres ont plus de gonades que moi pour passer à l’action, j’en serai ravi et procéderai dûment à l’étape de la glorification qui – elle – demeure encore légale.

Je dépasse la liberté d’expression : je suis un daltonien légal, où plusieurs voient une loi, moi rien. Je suis désolé, mais je ne concède pas l’existence d’une quelconque autorité sur moi. Si la soi-disant autorité était réellement légitime, nul besoin de la défendre par la force.

Je ne fais que dire ce que tant pensent à voix haute, comme d’habitude. Suis-je un criminel? J’espère que pour eux, oui, car je signe. Mais j’aurai la conscience tranquille, surtout si ça passe à l’action. Ça ne ferait que me rassurer de ma sobriété.

Je n’aurai quand-même pas la désuétude de prétendre avoir raison, comme les fanas religieux, mais ça me divertit de pouvoir choquer, si prévisiblement, tant de mièvres éculés avec leurs compromis conformistes, seulement en transmettant mon point de vue. Et, si ces flics ont peur ne serait-ce qu’un peu, on pourra enfin commencer à se sentir en sécurité.

Qu’on apprenne de la peur d’Ian Lafrenière lorsqu’un graffiti est apparu dans les rues de Montréal affublant sa tête de porc du trou d’une balle qui est, malheureusement, toujours imaginaire. Il en a fait tout un tollé.

Lire dans les journaux comme il décrivait ses craintes et parlait de sa famille, en essayant de se rendre humain aux yeux d’autrui, ça a été pour moi la source d’une intense satisfaction que je désire revivre. Ce printemps, j’aurai peut-être de la chance. 

19.3.15

Servicio de atención al cliente interestelar





















– Servicio de atención al cliente: buenas tardes, ¿en qué puedo servirle?
– Buenas tardes, desearía reservar un asteroide.
– Muy bien. ¿Asteroide rocoso, carbonáceo o metálico?
– ¿Pueden combinarse?
– Por supuesto, señor.
– En ese caso, que sea un asteroide con todo.
– Muy bien, asteroide trifásico para el caballero. ¿Desea usted que se cruce con la órbita terrestre?
– ¿Con la tierra? No, no, por Dios, no… que sea muy lejano, por favor.
– Excelente decisión. Le podemos proponer un asteroide de tipo Amor IV con un perihelio de 1.2 unidades astronómicas, semieje mayor de 3,87 unidades astronómicas, en resonancia 2:1 con Júpiter, de albedo muy bajo y con una excentricidad del 0.71.
– OK, suena bastante alentador, ¿y así más o menos como de qué precios estaríamos hablando?
– Permítame consultar… un momento… a ver, tiene usted suerte, caballero, ya que le tengo una oferta exclusiva de la casa precisamente con la línea Amor IV, nada que pagar antes de 0%, financiación garantizada sin examen médico por solo 13 500 nafkas al mes...
– Hum, 13 500… está como caro, ¿no?
– Considere el caballero que este asteroide de tipo D es muy rico en carbono así como en antimonio, zinc, estaño, plata, plomo, indio, oro y cobre…
– ¿No tiene nada para un bolsillo más humilde?
– Bueno, habría que considerar acercarse a la Tierra en ese caso…
– ¿Cuánto?
– A ver, le podemos proponer un asteroide Atón…
– No, demasiado cerca. Está bien, reservaré el Amor IV.
– Muy buena decisión, señor. No se arrepentirá: el asteroide está garantizado y encontrará incluso su flor vidriada y su cordero. ¿Para qué fecha desea efectuar su reserva?
– Para el 15 Termidor entrante. Quisiera reservarlo dos semanas.
– Muy bien, permítame que compruebe la disponibilidad en nuestro sistema… señor: me temo que hasta Brumario no tengo nada…
– ¿Hasta Brumario? ¿No hay nada, eh?
– Lastimosamente, así es, caballero. Todo está reservado hasta entonces…
– Vaya…
– ¿Desearía reservar para Brumario?
– Si no hay más remedio, pero quiero ese mismo asteroide.
– Por supuesto… bueno, señor, vamos a reservar su asteroide Amor IV del 9 al 23 de Brumario, ¿desea adicionarle hielo?
– ¿Tiene costo adicional?
– Sí, señor, es de 15 nafkas por noche.
– Bien: sí, sí, perfecto, pero no le ponga mucho hielo.
– Muy bien, señor, ahora si es tan amable y me permite sus datos para ingresarlos al sistema…

15.3.15

Soneto del consumidor compulsivo


















Mi boca es un sarcófago industrial
al cual ingresan múltiples venenos
que habrán aniquilado, más o menos
en diez años, a este pobre animal.

El cuerpo es una débil atadura
que extingue su calor sin excepción,
así que lo he tomado por prisión
para diagnosticarme una locura.

Engullo así, sentado ante el mantel,
agentes irritantes, pesticidas
y químicos con cáncer a granel

disimulados entre la comida;
la muerte tiene sabor a pastel
pero cada bocado sabe a vida. 

30.1.15

Un tango en las nubes




















Pasan olas. Como fogonazos de azul oscuro van deslizándose, titilando al umbral preciso de la vista. Con el tiempo, el rabillo del ojo se acostumbra pero el pecho sigue palpitando. Hay adrenalina y el puño se cierra, febril. Hay una conciencia de cada músculo en previsión del cansancio. Desde el palco de estrellas ya se ve el inicio de la barrera: un enorme caparazón de nubarrones que claustra el Atlántico.

Mermoz carraspea pero nada se oye bajo el estruendo que levantan los casi dos mil caballos de los Hispano Suiza. Fugazmente se voltea hacia el navegador, quien anuncia:  

– 13,05° norte, 19,05° oeste. 

Manuel, el operador de radio, empieza a enviar el morse. Los chispazos bajo sus dedos contrapuntan con los de los pistones que entran por cada ventanilla, y con cada uno se suplementa el tenue centelleo de los instrumentos en el que se han estado midiendo los rostros. Mermoz parpadea despacio un par de veces, evita rascarse una ceja para poder mantener las manos sobre los mandos, se inclina hacia Carretier:

– Pongámosle arcoíris a esta nube…

Arcoíris, pues es ése el nombre del engendro; su constructor está sentado allí mismo, detrás de ellos y, a pesar de permanecer particularmente silencioso, le aflora a cada instante una insidiosa curva en la comisura de la boca, como si quisiese evitar el mal agüero de desearse buena suerte. Sin mediar palabra tampoco, Carretier empuja las tres palancas y la nave se estremece enseguida. El bramido, bajo la superficie, espanta en manada a las especies sensibles hacia mayor profundidad, dejando una estela de susto a su paso.

Gana altura, pide cielo. La mano de Mermoz provee, engalanada de cuero. Bailan ahora sobre una lobreguez inusitada, ante cuyo impulso Mermoz, generoso, le cede los mandos a Carretier. La luz ha empezado a mutar, observan como una claridad distante y onírica, último estertor del Sahara, les persigue. Pronto se inflama el oleaje bajo el metal que a su vez lo refleja, y es Couzinet – el constructor – quien rompe su silencio para aseverar:

– ¡Mirad, la luz presagia nuestro triunfo!

El sol pone a cavilar a Mailloux, el navegador, quien empieza a calcular, considera los tres gonios recibidos. Grita hacia la carlinga para hacerse oír:

– Carretier, ponga rumbo al 200 ahora y manténgalo durante cinco minutos, yo los mediré…

Reloj en mano, empieza a cronometrar el desvío indicado para medir la deriva, mientras el ala izquierda se inclina hacia el agua. Durante el giro, alguien tose. Todos guardan silencio, esperan no haberse extraviado durante la noche. Mailloux garabatea cifras con rapidez en una libreta, los dedos de su mano izquierda se animan, contando imperceptiblemente. Bajo su ceño fruncido, que escruta la hoja y el sextante, surge un gesto de distensión y de un golpe de lápiz cierra el cálculo, satisfecho.

– Está bien, vuelva al 240. Según mis cálculos, no ha habido deriva, caballeros. Dakar y Saint Louis coinciden en sus estimaciones, aunque la de Praia no me convence, todavía está demasiado lejos para tomarla en cuenta. Pero vamos bien. La velocidad promedio es de 217 km/h, lo cual no está nada mal. Serían ocho horas y media hasta Noronha.

– Bien, concluye Mermoz. Buen trabajo, Mailloux.

Dos horas más tarde, el operador de radio capta, escondida tras una cacofonía de electricidad estática, la voz inequívoca de Carlos Gardel. La pone para todos, nadie se mueve. Esa voz certera corta a través del estrépito del vuelo con todo el peso de la tierra que buscan. Es una señal. Todos ellos son aviadores marmóreos y curtidos, pero el poder del tango por poco los libra al llanto. Mermoz cierra los ojos, bajo su tacto el ave metálica sabe blandir con autoridad por un surco de aire. 

29.1.15

Diálogos de un colibrí


– 














COLIBRÍ: 14…
Mª ANGUSTIAS: Das grima, son excusas.
COLIBRÍ: Ni uno más.
Mª ANGUSTIAS: Aguanta poniente, verás.
COLIBRÍ: Exacto, y hierve.
Mª ANGUSTIAS: Cuando sepas lo que ha pasado por ahí.
COLIBRÍ: Me da lo mismo, he pecado.
Mª ANGUSTIAS: Pues mira que bien.
COLIBRÍ: Eso, deja que lo vomite así, sin nada.
Mª ANGUSTIAS: Pues eso, que te surta…
COLIBRÍ: Pretendo que me ensarte. Es arte.
Mª ANGUSTIAS: ¿Dónde se ha visto?
COLIBRÍ: Dirimiré.
Mª ANGUSTIAS: Diré, mejor dimite.
COLIBRÍ: Lo has dicho.
Mª ANGUSTIAS: La duda consume tus vitaminas.
COLIBRÍ: Sí, requieren conexión internet.
Mª ANGUSTIAS: Comes demasiado chocoramo.
COLIBRÍ: Las migajas que recojo.
Mª ANGUSTIAS: Ve menos al colegio.
COLIBRÍ: Te estás quedando calva.
Mª ANGUSTIAS: Wa’alaykum assalam.


– 













NAVRATILOVA: Pareces un ave judía.
COLIBRÍ: O una judía-haba.
NAVRATILOVA: Ave, pues.
COLIBRÍ: María, hom’e…
NAVRATILOVA: María se fue en el primer diálogo.
COLIBRÍ: Ave María pues, hom’e.
NAVRATILOVA: 15-30.
COLIBRÍ: 14.
NAVRATILOVA: Pues no.
COLIBRÍ: Pues no y te bajas.
NAVRATILOVA: Ni que fuera el árbitro.
COLIBRÍ: Eso díselo a quien arbitra.
NAVRATILOVA: Cobra, y no alcanzo.
COLIBRÍ: Pitón, di no al cansancio.
NAVRATILOVA: Chitón, tu aleteas.
COLIBRÍ: Así es, como un malparido.
NAVRATILOVA: ¿Y defecas?
COLIBRÍ: Solo cuando es menester.
NAVRATILOVA: ¿En Manchester?
COLIBRÍ: Si acullá estoy.
NAVRATILOVA: ¿Y si no?
COLIBRÍ: Duermo y existo.
NAVRATILOVA: LOL.  


– 













COLIBRÍ: Lo absurdo no le cuadra a nadie.
LAICO: Se dice “nadien”.
COLIBRÍ: ¡Qué alivio, un doctor!
LAICO: ¿Sufre usted?
COLIBRÍ: Por la comida principalmente.
LAICO: Cambie de dieta.
COLIBRÍ: Sería cuestión de adquirir una primero.
LAICO: En cómodas cuotas, transgénicas.
COLIBRÍ: Que me avituallen pues.
LAICO: Bien, y a rumiar que no sobra.
COLIBRÍ: En seguida.
LAICO: En su daga…
COLIBRÍ: Mientras no me sangre encima.
LAICO: Es manso, muere sin patalear.
COLIBRÍ: ¡Oh! Es un Photoshop del ADN…
LAICO: ¿Qué quería, alpiste crudo?
COLIBRÍ: Si no al pie de la letra, al menos al tobillo.
LAICO: Eso no me asusta.
COLIBRÍ: Lo quiero probar todo.
LAICO: Ven…


– 









COLIBRÍ: Fue el orgasmo más corto de mi vida.
LORO: Mi vida, mi vida…
COLIBRÍ: ¡Calla, loro hijueputa!
LORO: Pirobo, hijueputa…
COLIBRÍ: Pajarraco insensible…
LORO: Pirobo, hijueputa…
COLIBRÍ: Ni siquiera puedes volar.
LORO: Lorito rreal, lorito rreal…
COLIBRÍ: “Pirobo, hijueputa...”
LORO: Visto de verrde y soy liberal...
COLIBRÍ: Se nota.


– 









TRUCHA (de agua dulce): ¡Agh!
COLIBRÍ: Demasiado azúcar, me temo.
TRUCHA: Es posible, me gusta empapar gallos.
COLIBRÍ: Como cosecha, es válida.
TRUCHA: Sobre todo al considerar el trasteo.
COLIBRÍ: Siempre opinas tanto…
TRUCHA: Yo no soy tan optimista, me recojo.
COLIBRÍ: Pasaré este invierno en Alemania.
TRUCHA: Con tu vuelo y mis saltos…
COLIBRÍ: No te llevaré, trucha…
TRUCHA: Pero… pero si tú…
COLIBRÍ: Sí, lo sé, pero le echaste mucho azúcar.
TRUCHA: Yo…
COLIBRÍ: Lo siento.
TRUCHA: Esta bien, de todos modos prefiero el 13.
COLIBRÍ: Da mala suerte.
TRUCHA: No, suele amarte.
COLIBRÍ: ¡Suéltala, Stella!
TRUCHA: No me hará daño, soy insípida.
COLIBRÍ: Te describiré.
TRUCHA: Hola, perderás tu avión.
COLIBRÍ: Me voy volando.
TRUCHA: Enjuágate.