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27.11.14

#43














Iguala
igual a tantos
no es igual
es desigual

tiene nombre
el nombre se tiene
y no se detiene

mientras te entretienen
te entrenan adrede a ladrar
a taladrarte su teoría
a trepanarte con trucajes

y te han escupido la noticia
aunque sea una
que sea la única

no metas a
Dios en esto
porque esto
no es de Dios

quien calla otorga
otro gallo le canta
al que oye el gatillo

habrán más masacres
es horrible y real
no es un mal
parido poema

26.11.14

Fue Gol de Diomedes
(breve reflexión sobre la mediatización reciente del anti-colombianismo ancestral)



Sigo victorioso sin delinquir ni edulcorar. Por eso volví. Este es un desafío para los imbéciles como yo. Leo un artículo sobre el anti-colombianismo en el extranjero – lo sé, me río, veo algo que compartir en Facebook para que tengan más pruebas los atónitos estos que no han salido del pueblo. No sé qué piensan, si no han visto lo de Ferguson, si nunca vieron la batalla de Seattle ni la de Quebec. Yo sí. Por eso volví. A privilegiarme de tuerto, dirán. Pero en Europa también me los puedo desayunar. Solo que eso es un desafío horriblemente previsible, vale mía.

Cada vez que digo que se está igual o peor, según, por fuera, me miran con OVNIS por ojos. Solo le otorgan autoridad al discurso que pueden prever; aquel que los desconcierta lo apartan. Pero lo reitero – el autoproclamado primer mundo se está cayendo, el descalabro es descomunal, hay un murmullo histórico que eriza la epidermis del hemisferio. Pero aquí nada más fue gol de Diomedes. El tormento tuyo es tu ignorancia congénita. La monotonía de la injusticia en Colombia es peculiarmente lancinante. Se queda pegada como uno de esos olores a brea de las bahías putrefactas de su costa, deglutiendo semillas.

Un pueblo hipertrofiado, donde la cristiandad fanática no ha conseguido que se prohíban los alimentos transgénicos ni la contaminación medioambiental siquiera con el argumento de que modifican brutalmente la obra de Dios, pero gustosamente clama contra aberraciones que ella misma practica tras un velo de conducta desdibujado. Vivimos proceso tras proceso de encarnizamientos descabellados que el mundo ya ha aprendido a observar con aprehensión. Lo único que le hemos sabido mostrar al mundo: Shakira, James y Pablo. Son héroes de la TV y balizas de la juventud. Decididamente, Colombia es lo que parece. Y tiene el turismo que le corresponde, ya que los extranjeros vienen aquí a delinquir desde los piratas, que hasta placa conmemorativa les ponemos. ¿Y por qué el pueblo se levanta contra eso pero no contra Monsanto?

Como han pasado cortados de la realidad mundial en su momento más crítico y que por ende han dejado que perduren conflictos decimonónicos, casi feudales, se ha debilitado la comprensión de la invasión que se ha logrado implantar desde hace ya poco más de un siglo en este país por medio de las empresas multinacionales, especialmente las estadounidenses. Y la guerrilla dejó entender hace mucho tiempo que no la motiva ninguno de los ideales que pretende defender, sino que se trata de un hatajo de criminales equiparable al mismo Estado en su interés por el lucro. Si hubiera una guerrilla o un gobierno de verdad en este país, ya habría terminado la guerra. Pero Uribe y las FARC son una misma cosa y se necesitan mutuamente para existir.

Ante esto, el pueblo yace anonadado a pesar de su pretendido avispe – panem et circensis, pan y circo – aguardando tranquilamente el desatamiento de la última carcajada estúpida, reality o chisme que pueda denigrar a quien hayan celebrado previamente. Y así es que siempre hemos exportado morbo: droga, violencia y sexo. La canciller colombiana María Ángela Holguín opinó al respecto que “la televisión es un negocio pero la gente afuera no entiende esas novelas como se entienden en Colombia, y eso hace un daño inmensamente grande. Es increíble que los propios colombianos hagamos cosas que nos generan una mala imagen”. Se nota que la canciller es pupy y no sale mucho a la calle: no tiene nada de increíble, somos un pueblo que se regocija en lo imperfecto, en lo feo, en lo chambón y en el mismo mal.

De aquí todo el mundo se quiere largar. Pero si eso es lo que se exporta, ese afán de huir, ese abandono de una causa difícil pero merecedora, ¿entonces qué se puede esperar? El aumento de la xenofobia hacia los colombianos tiene sus raíces en Colombia. Cada vez que se van los mejores (y no vuelven ni p’al putas) no dejan atrás más que tres categorías de personas: los que les quieren seguir en el éxodo y aún no han podido ahorrar lo suficiente (la mayoría), las ratas (crecen como tales), y los imbéciles como yo (en vía de extinción y/o falsa positivización). A los colombianos nos odian y nos estigmatizan porque ya nos estigmatizamos nosotros mismos, porque no hacemos nada para remediarlo y esperamos que con un doctorado en los EE UU se podrán solucionar los problemitas de nuestra familia nada más, lo cual es exactamente la misma motivación de un sicario o de un presidente. En breve, aquí todos actuamos, con variabilidad previsible, para salvar el culo propio nada más.

Este pueblo es de huevones que se dejan matar y de otros que claman por la patria, aunque de estos últimos hay en todos lados. Solo aquí se ve que se dejen pisotear tanto. El silencio y la prudencia tienen más vigencia que ese Dios que está en todas las bocas. Prudencia deber deberían tener ustedes al invocarlo tanto si después siguen injuriando, robando y matando – dicen que eso es pecado. Y que el que calla es cómplice. En los barrios repletos de sparrings y de mototaxistas de ojos saltones se gesta un odio sin límites. Es la única cosa que se ha podido perfeccionar en Colombia mejor que en cualquier parte (la otra es la gaita y a esa, que sí es loable y única, cada vez la tocan menos). Hiere ver hervir tanto odio en este bello país y, sobre todo, duele verlo desparramado impunemente por los foros, siempre con tan mala gramática y ortografía, como si una avalancha troglodita se nos precipitara encima armada con toda la tecnología del nazismo y de internet; ahí está el termómetro del frío que vamos dejando a nuestro paso.

¿La solución? Obliguen por la fuerza a todo el mundo a interpretar música a nivel profesional. Legalicen la droga y apliquen pena de muerte desde hurto simple para arriba. Y digan que es por caridad. Hay países que coquetean demasiado con el totalitarismo amateur para no acabar mereciéndose uno profesional. 

10.9.14

Bernard Lehre a une gueule de Gollum



«On trouve ça dommage qu'il tente de se coller à un événement tragique comme celui-là pour mousser une carrière de chanteur [...] en mal de reconnaissance. Je connais bien Webster, il ne manque jamais une occasion de critiquer la police. [...] Il devrait peut-être se recycler et aurait intérêt à se taire plutôt que de dire n'importe quoi. Ça peut avoir des conséquences importantes.»

- Bernard Lerhe, président de la Fraternité des policiers et policières de la Ville de Québec

Voici la menace que dirigeait ce monsieur-avec-un-trop-long-titre à un artiste de la ville qui déplorait le fait que la police, suite au décès du cycliste Guy Blouin, ait pris « une attitude agressive envers la population ». En réagissant de la sorte, M. Lerhe confirme que Webster fait du très bon hip-hop.

La police n’a rien à faire de l’art urbain qui est essentiellement orienté vers la consommation massive et ses idées obtuses qui l’accompagnent, or Webster leur pose problème car il fait réfléchir. Le dernier souhait des policiers c’est d’avoir une population avertie sur les abus de pouvoir et sur leurs droits. Webster observe, pense et informe. Ils n’aiment donc pas ça.

Que Webster soit étiqueté comme opportuniste par la police prouve amplement la malhonnêteté de cette dernière. D’ailleurs, il n’est pas « en mal de reconnaissance » (on m’a dit la même chose récemment quand j’ai réagi aux propos d’un autre bonhomme) et je doute qu’il ait envie de recevoir la « reconnaissance » excessive de beaucoup de rappeurs connus car c’est exactement ce qu’il critique.

La police de Québec n’a pas seulement complètement manqué le message, elle a menacé celui qui l’a écrit. De quelles « conséquences » parlez-vous concrètement, M. Lerhe? Vous croyez-vous vraiment au-dessus de toutes les lois et libertés, ou est-ce plutôt que vous commencez à chier vos culottes?

Y en a marre des morts aux mains de la police! Les gens savent bien que, au quotidien, vous tuez impunément!

J’ai l’intuition que vous me proféreriez ici des menaces identiques mais vous n’avez aucun pouvoir sur moi. Ni moi sur vous, d’ailleurs, pauvre innocent! Je n’ai même pas l’envie ni le besoin de vous menacer que tout le monde déjà vous déteste. Vous me faites pitié! Mais plus près de vous ça sent la rage, attention! C‘est plutôt vous qui auriez intérêt à vous taire…

Pamphlétaire mais soulagé de vous avoir chanté ici vos quatre vérités, veuillez agréer, gueule-de-Gollum, l’expression de mes sentiments les plus acides. 

9.9.14

El peso suave de todo



el tráfico no se detiene
en el escenario
exuberante

nuestra protección espiritual
es que todos ladren
cuando estén abrumados

no sufra usted
de inflamación de la República
cuando usted ya entiende la nube

cual un servidor que sangra de azul y
ensucia el borde de la existencia
ahora usted sabe la verdad

recuerda la entrega
cuando el pájaro no resulta ya
tan impresionante

es la muerte innecesaria
de algunas flores
en los ojos sin calma de ahora

su madre nunca se romperá
pero necesitará sacar del mar
todo nuestro sexo

será el primer camino libre de pánico
mientras llegamos a la conclusión
de que no hay ninguna señal

15.8.14

Respuesta a Daddy Yankee



Ramón Luis, te ofrezco sinceras disculpas porque es verdad que te cité mal (tal y como te citaron otros), pero sigo opinando que te dejaste en ridículo ante mucha gente por lo que dijiste aún dentro de su contexto. Ciertas referencias deben evitarse. En Colombia se dice “dar papaya”. Y diste papaya. Esto dicho, tú también malinterpretaste al maestro Molina. Deberías ir a uno de sus conciertos y dialogar cuerdamente con él: te ayudará y ayudará a la música.

La verdad es que te puse un espejo, te traté con la violencia que despiertas con tus letras y ritmos mecanizados, serializados, con el desprecio con el que tratas a lo humano y a sus culturas. Nunca pensé que lo fueras a leer. Le he tirado a mucha gente en este blog, gracias a la misma libertad de expresión que te permite hacer reggaetón, y nadie nunca lo ha leído, lo cual me parece perfecto porque soy libre. No escribo para generar polémica, escribo lo que pienso. Y pienso que tú no eres músico. Me intereso en tu caso desde el punto de vista sociológico, como quien busca comprender la raíz de un problema constatado. 

Lo dije desde el primer párrafo, que escribiría "con la misma actitud que nos ofreces. Es decir, ganaste, ya que me voy a rebajar al máximo”. No veo por qué hay quien se sorprende. No es la primera vez que hago esto. Ni la última, seguramente. Y a mí también me "malinterpretaron"(lloro, oh) – nunca hablé contra la música urbana, ni contra un género musical. Pero no te considero digno de representar a la música urbana de ninguna manera.

No distingo entre géneros – hay buena y mala música. No es cuestión de gustos: un aficionado de la cirugía es capaz de matar un paciente en la mesa de operación si carece de la técnica que le da el estudio y la experiencia cumulativa. Tu música es mala. Pero tienes millones que la defienden. Por eso debes usar una máscara para protegerte y no te envidio. Yo estoy solo con un PC. Como tantos, voy dejando marcas minúsculas en el fondo de los océanos que algún día serán reconocidas como un lenguaje desde el espacio.

Me sorprende que no te defendiste de mi acusación más grave – cómo hablas de las mujeres, es denigrante. Nunca defendiste la dignidad de la mujer en tu respuesta. Nunca dijiste que no eras machista. Aunque no lo seas, no te conviene perder el negocio demostrando que no lo eres. A demasiadas nenas hoy en día les gusta jugar a ser putas. Yo juego a componer y a escribir, tú a hacer dinero. Cada loco con su tema… y en su lugar.

Te invito a que quemes mi cizaña (…) en la llama de la inteligencia (¿la tuya, quieres decir?) haciendo reggaetón inteligente, haciendo reggaetón sinfónico, haciendo reggaetón funk-folk-jazz con 10 trombones y un beat, o reggaetón dadaísta inspirado por Beckett y Ionesco, o reggaetón puertorriqueño, inspirado tanto por la gran poesía latinoamericana como por tu barrio, o reggaetón comprometido socialmente, informado, histórico, substancial, espiritual… cualquier reggaetón menos este. Esto hiede, supérate. 

Te invito a que transformes y pacifiques el reggaetón, que lo civilices, a ver si eres capaz. Toma ejemplo del tango, que era un género mal visto hace un siglo, un género muy dutty, de arrabal y burdel, que Gardel y Piazzola ennoblecieron: atrévete a ser un rey de verdad y no el bufón coronado.

Te invito a que estudies música, a que te emociones por ella si realmente es lo que te interesa. Con tu plata, puedes tener a los mejores profes a domicilio. Si quieres, yo mismo te puedo dar solfeo, armonía funcional y piano, con mucho gusto. Lo estás necesitando. Te invito a conocer el contrapunto, el análisis formal y espectral; a conocer la electroacústica, la acusmática, la música mixta; a conocer a Machaut y a Grisey, a Mahler (quien incluyó la música urbana de su tiempo en su música) y a Sofia Gubaidulina; a Perotino y a Bernstein… hay tanto por descubrir que metes en la misma caja (“clásica”) y que comparas erróneamente con lo que tú haces. 

Y sobre todo, descubre Latinoamérica, parece que no la conocieras. De Ushuaia a Tijuana, hemos hecho historia. Sé un digno heredero de Silvestre Revueltas, de Julián Carrillo, de Alberto Ginastera, de Heitor Villa-Lobos, de Blas Emilio Atehortúa, de Martin Matalón, de Osvaldo Golijov... y de tantos poetas y letristas, de tantos ritmos, armonías y decantaciones de colores... la lista es interminable y parece que no lo sospechases...

¿Y quién es el arrogante entonces? ¿Beethoven o tú?

Te garantizo que, de seguir estos consejos, venderás más discos y realmente, ante mucha gente que apoyó o recusó mi primera carta, me dejarás al fin como el idiota que crees que soy. Si de eso puede servir mi ridículo, gustosamente le haré un bien al planeta y a tu carrera. Si supieras cuantos músicos están cansados de tus banalidades sonoras, quizás te lo pensarías dos veces antes de sacar un disco y buscarías nuevas avenidas de expresión en lugar de limitarte tan dolorosamente. Uno nunca deja de aprender y yo solo sé que no sé nada y aprendo cada día.

Pero tengo la certeza de que no querrás hacer nada de esto porque en realidad no te interesa la música sino la farándula. Ver programas de medicina en la televisión no te hace médico. No pretendo defender el academicismo cuando afirmo esto, ya que hay muchos empíricos geniales, superiores a muchos letrados musicales; pero un empírico sabe música, y la diferencia es que tú eres un profesional de los negocios y de la imágen, o un títere illuminati. Los Beastie Boys, por poner un solo ejemplo, nunca escribieron una sola nota en un papel – pero representaron con honores a la música urbana a nivel mundial sin caer en tu chabacanería.

Sigo pensando que no haces música, que es solo un pretexto de moda que usas para enriquecerte. Haces entretenimiento, no historia. No transformas la sociedad con tu arte, la degradas, la reduces al denominador común. Deberías donar plata a las orquestas sinfónicas, potenciar el proceso sinfónico de tu país. Un millonario ayuda, promueve, se educa y educa; un arribista se pavonea de su fortuna. Qué fácil es hacer plata con la estupidez humana, demasiado fácil para mi gusto. No le veo el mérito: eso es ser un avispao y no necesariamente denota inteligencia.


Por mi parte, no quiero tanto tráfico en mi blog. Que lo que te dije te sirva de consejo para evolucionar. Lo que escribiste en el meme, lo de la cizaña y la llama, me pareció una simbología un poco oscura, me hizo recordar esa estética convulsiva de las marchas de antorchas en Núremberg. Intenta comprender que el vacío que dejan tu música y tu letra no lo puede llenar un meme. Y que el vacío de referencias que exhibes como si fueras un vulgar macho alfa conduce a las malas interpretaciones.

Un poco más adelante, cuando acabe lo que estoy haciendo ahora (una ópera) y que no haya tanta gente metida en mi blog, perpetraré un conato de acercamiento musical hacia el reggaetón. Escribiré unas Variaciones sobre un tema de Daddy Yankee. Quizás. Si la escribo te la mando en Copyleft. El problema es que aún estoy esperando que aparezca algo así como un tema en tu música que se pueda entender como tal. Y me saturo mucho al escuchar tus canciones, que me son insoportables, así que me toma tiempo encontrarlo porque no te puedo escuchar todos los días, ya que eso me corroe el tímpano y me carcome el alma.

Te estimo parcialmente responsable de una degradación social agravada y palpable, una caída libre de valores (sin querer sonar conservador) y de esperanza. Con tu influencia, deberías ser más responsable y actuar en pro de un mundo más sano intelectual y emocionalmente. De ahora en adelante, te invito a que te ilustres y rindas un arte útil y no un pasatiempo. Y si no vas a hacerlo, por lo menos no usurpes a los músicos. Defínete como melómano, es más verdadero y menos ofensivo para nosotros.

Finalmente, a los que me dicen arrogante, con aires de superioridad, ignorante, creído, arrimao – les doy toda la razón. No hay debate aquí. ¿Algún problema? ¿Creen conocerme a mí, o –  peor – creen que conocen a Ramón Luis? Lean otro blog si no les gusta este, o escriban el suyo si es que tan buen gusto y criterio tienen. A mí me da igual, prefiero menos y mejores visitas a mi casa. No volveré a tocar este tema, me cansé. Todo esto se ha salido de proporción. No vale la pena darle tanta importancia a quien se regocija de la mediocridad. Y ya lo hice. 

Aquí la última palabra la tendrá un músico – y aunque pueda que ese no sea yo, desde luego que no serás tú. 

13.8.14

La última tortilla de Mateo Morral

1


Mateo cree que está predestinado a matar por culpa del parecido de su nombre con aquel verbo, y ahora lo va a hacer con flores, como un esnob. Dinamita ensueños cual tuberculoso y por rabia, como así lo delatan sus cárdenas ojeras, su razón ya se ha llegado a escurrir entre muchas manos. Poco después pensaría, saliendo de un chiringuito de pueblo, con la mano vendada y una tortilla francesa de tres huevos en el vientre: Ich kenne die Europa, I chose to kill the royal family, je n’ai pas peur, assumeixo

Se despide de Ferrer maleta en mano, traje nuevo sin bombín, ya la mirada abierta hasta el feroz despliegue que nadie sospecha. Bajo el techo acristalado de la estación, la luz cae ecuánime sobre todos los que están en el andén, con un velo azulado. Una mirada de más y Ferrer se encoge, sabe que ya no lo verá nunca, se esfuma entre las raíces del gentío. Vapor y naftalina en los vagones, Mateo se sube entre pitidos, con prisa.

2


Quiere un balcón que dé a la calle Mayor, y en Madrid se sienta en los cafés, hurgando entre anuncios de periódicos, sin cruzar la mirada con nadie. Los periódicos abundan de noticias acerca de los preparativos de la boda – algo de qué alimentar las baldas habladurías del pueblo con coqueterías, vestidos, y demás opulencias restregadas en la cara del hambre. Va pasando páginas con visible desdén hacia ellas, soplando el humo de su Ideales por encima de lo que va leyendo. Sus ojos, como dos aerolitos, se posan sobre este anuncio:

Cedo habitación para estas fiestas con o sin. Mayor 88, 4º dcha.

Le parece bien, lo bastante alto, mejor aún si no hay piojos. Paga el café en La Mallorquina y cruza hacia Arenal donde está alojado; quince minutos después ya está de nuevo en la acera, vestido impecablemente. Llegando a la casa en cuestión, se presenta a la señora dando su nombre verdadero y despliega su tarjeta de comerciante barcelonés. Generalmente, a menos que le hablen, y aun en aquel caso con pocas palabras, no se dirige a nadie, porque la mayoría de la gente que le rodea no es de su misma estirpe –  esto se lo ha explicado Nietzsche.

La propietaria de la casa, viéndolo bien ataviado, serio, viajado y de buenos modales, no hesita un solo momento en aceptar el pago de dos semanas de adelanto, y sobre todo cuando Mateo saca un billete de quinientas pesetas para efectuarlo. La señora queda cegada por un leve destello de ojos del nuevo inquilino, quien vocaliza hacia su dirección con rostro impasible:
– Llegaré el miércoles antes del almuerzo, no se olvide.
– No me olvidaré.   

3


En la farmacia de la calle Toledo, al pretextar una enfermedad que afirma no querer revelar por pudor, le venden capsulas de sándalo y sales de permanganato por cinco pesetas. Después compra un paraguas, tres postales, para enviarlas a su novia en Barcelona, y dos cajas de caudales de tamaños progresivos. Divisa en la calle a hordas de insulsos agitando sus banderines que se funden en vivas al rey y, viendo con anticipación que se va a cruzar con ellos, toma el primer desvío para evitarlos.

Ya instalado en su cuarto de la calle Mayor, Mateo desempeña una silenciosa rutina que, sin levantar sospechas, le evita pasar desapercibido. Es su pose sombría la que desconcierta al pueblo que lo ve en estos días de júbilo nupcial, en sus idas y venidas cotidianas.  Cuando solicita substancias fuera de lo usual en la farmacia, y vuelve tarde al cuarto con paquetes cerrados y comida bajo el brazo, los que lo ven o le hablan no pueden evitar fijarse en él.

Y es que una luz negra le habita, como un estigma sin descripción posible, un duende mate y denso, que se escurre esquelético por las callejuelas del viejo Madrid, a lo suyo. Como anduvo en Europa, con las encías limpias para morder mejor, a lo suyo. Demasiado a lo suyo, porque ahora las cabezas se desatornillan a su paso por el aura que arbola:
– Mira ese, ¿quién se ha creído que es, el rey…?

No escogió a su familia, y porque lo contrario también es cierto, su padre le dio diez mil pesetas para que se marchara de casa. Estudió, viajó, conoció a Ferrer, arquitecto de la pedagogía libre, quien le dio un empleo fijo en su biblioteca, leyendo y traduciendo los grandes avances sociales de su siglo; Ferrer, que aún cree en él, más que en nadie. Está armado – y lo sabe – de mucho más que nitrobencina, fulminato de mercurio, permanganato, un Browning y un ramito de violetas.

Se ha traído libros al apartamento, por pasión y para que no cambie su rumbo, para que no se tambaleen sus convicciones con miedos propios de su madre. Se ha traído algo de Kropotkin, Godwin, Byron y unos recortes de periódico que guarda de Azorín de cuando escribía en El Progreso de Lerroux, antes de que este se encariñara con Maura y se pusiese a escribir en el ABC. Los hojea, los conoce, los recita. Cada noche, se acuerda de los preceptos y enseñanzas de Ferrer antes de que le venza el sueño.

4


Cuando llega el día, es casi un sol de Argelia, de estos existenciales, que le rocía de luz. Mateo no logra entender que tanta gente pueda interesarse por la boda de un tirano, desenfundar tanta histeria por la boca ante la felicidad del que abusa de ellos, sin que se pueda oír un solo reproche por el hambre de sus hijos. Nada se puede esperar de un pueblo sin educación – concluye Mateo desde el balcón, espiando legañoso tras una cortina –,  se hace con él lo que se quiera.

Y los sindicalistas, con su afán de huelga, de repolitización de la lucha por los cauces del compromiso, ni siquiera se han opuesto a este circo. La llamarada pura que habían demostrado tener Angiolillo, Bresci, Caserio, Pallás o Czolgosz está amainando, perdiendo fuerza de convicción. Van ganando en las filas los que aún creen en la competencia espiritual de los trabajadores, aquellos que aceptan que la correa, fuere distendida, permanezca alrededor de sus cuellos.

Suenan marchas, salvas, saetas y alborotos. Mateo se lava la cara pero prepara las violetas con los ojos secos. Cientos de flores trazan trayectorias hacia la carroza real, estruendo de color; el sol revolotea en un alocamiento de pañuelos. El labio superior de Mateo se comprime duramente y muestra los dientes, los ojos clavados en el bigote de Alfonso XIII, tan escaso como el suyo, que se acerca con parsimonia. Entre centelleos, le importuna un zumbido blanco de insecto revoloteador, atraído por el ramo; sin más, y sobre todo sin plegarias, Mateo apunta y lanza.

5


Tras la ayuda de un periodista amigo de Ferrer, va camino del norte, pero comprende que está acorralado. Han pasado dos días y todo el país lo busca aunque no haya matado al rey. Pasando un ventorro en el camino de Torrejón, se le envalentona el estómago y se le pone a cantar la Carmañola; quedándole algo del dinero de Ferrer, se decide a pedir algo para comer. Sabe con certeza que de parar aquí, los lugareños le reconocerán, pero al menos morirá con el vientre satisfecho.

El tiempo variable de los últimos días se ha transformado casi en clima desértico desde el día exacto de la boda, y hasta en el descampado en que se encuentra Mateo, frente el caserío, parece que ha encallado el siglo entre los matorrales, que a las espigas les salen tentáculos. Sospecha que el olor del romero seco, la estrechez de los caminos y los ritmos inteligentes de los fragores de los grillos son presagios claros. El descampado debe de ser limítrofe de la muerte, y en ese ventorro se encuentra su última voluntad: un plato caliente y un vaso de vino.

Entra. Huele a paprika, a embutidos rancios, y a la lenta fermentación del queso. Le cuenta a la ventera que va para Barcelona; ella le dice lo que tiene y le pregunta lo que quiere:
– Pues una tortilla francesa de tres huevos y un vinillo, por favor.
– Siéntese ahí que ya voy poniendo el fuego y le traigo un vaso.
– Traiga un jarrón, que hay parné.

Pero la ventera desconfía y manda a su marido al pueblo en una mula mientras junta mocos en la garganta para un descomunal gargajo, enriquecido del peor tabaco negro, que procede a escupir ceremoniosamente en la tortilla, estando aún babosa. Cuando, al cabo de la cocción, le trae el plato a Mateo, no es mula sino tres caballos al galope los que vuelven por el camino, montados por guardias civiles.

Mateo reconoce el sonido del galope y sabe que es a por él por lo que han venido. Respira hondo, rompe pan, y sigue comiendo su tortilla con una paz espeluznante. Al tiempo que los múltiples pasos se acercan, arrastrando tierra, al ventorro, Mateo se vuelve hacia la mujer, quien contiene su pavor difícilmente, y le felicita por su cocina, clavándole la mirada con un ardor inmóvil:
– Deliciosa, su tortilla, oiga.
– Gracias, alcanza a decir la ventera con un hilo de voz atragantado.

6


Uno de los guardias, de aspecto limpio y magnánimo, se sienta en la mesa de enfrente de Mateo; sigue una mirada ártica que este último disipa masticando su bocado casi con exageración.
– Muy buenos días, empieza el guardia civil.
– Lo mismo, replica Mateo entre dos tragos de vino, alzando apenas la copa en dirección al guardia.    
– Usted no es de por aquí, ¿no es así?
– No, de Cobeña. Voy para Barcelona.
– Ya…

Y así pasan largos segundos mientras Mateo va saboreando la tortilla que lleva nombre de revolución. El guardia estudia con firmeza los rasgos del que tiene delante y su peculiar garbo, y éste le devuelve la mirada diplomática, pero desafiante. Se huelen, se husmean; al final el guardia no puede más, está seguro de que es él:
– Se lo pregunto porque estamos buscando a alguien que encaja exactamente con su descripción física.
– ¿Ah, sí? ¿Y qué descripción es esa? farolea Mateo, arqueando cejas.
– Veinticinco años, alto, delgado, moreno, tupé negro, herido en una mano…

La ventera suelta un gritito involuntario que ahoga con la manga de su ropa: ve yacer, sobre la mesa, la mano vendada de Mateo. Hay un escalofrío generalizado que estira la habitación hasta el peligro. Todos miran la mano, y Mateo, sin rastro de abnegación, se descubre la herida muy lentamente, revelándose.
– ¿Es esto lo que busca?

Nadie le contesta por un momento, pero la ley piensa rápido:
– En ese caso, es mi deber… Como guardia civil, debo pedirle que me acompañe al cuartelillo de Torrejón inmediatamente, como es menester en estas circunstancias y dado que... dado que...
– Sí, señor, lo acompañaré, contesta Mateo con gesto apacible, casi entrañable, con que al guardia le cuesta comprender que no se trate de ningún sarcasmo.

Y en seguida, Mateo deja caer:
– No obstante, señor, le ruego que me deje acabarme la tortilla sin prisas y después pagar a la ventera lo que le debo.
El guardia se queda con la mente en caída libre y el otro, tenedor en mano, esperando su respuesta:
– Trato hecho, pero le esperaré aquí mismo.  
– Muy bien.

Mateo se acerca el tenedor a la boca, mira por la ventana, calcula e identifica el punto donde – al salir – matará al guardia antes de dispararse en el pecho, pues no podría ser en otro lugar. Resuelto en ello, descubre un bocado único en el que la tortilla sabe mejor, siendo más esponjosa. Todos le esperan. Le parece que la consistencia de este bocado no tiene comparación alguna con los que ha probado hasta ahora de ninguna tortilla, y se lo comunica con inquietante tranquilidad a la ventera, quien le contesta:
– No es necesario que me pague.

11.8.14

Is Daddy Yankee ready for a musical duel?




This is me disregarding genres and musical boundaries. This is my face in case you want to harm me, for you have invested more of your fortune into martial arts than studying music and, as I have done the opposite, you would probably punch me to death if given the chance. I want to knock you out musically. It's time. You have to shut up with your music. You have to retract. I am not giving up until you do. 

I will present myself as a magnetic architect. It means I manipulate sound principally, partitioning time and sound as matter, and using memory and cultural references as tools to create. You are destroying these cultural references. It means I am an acoustic composer. It means I use acoustics as my main field of creativity, and use words in my other creative or recreational outpourings. 

You pretend to do what I and many others do. It is called usurpation. I summon you to a musical duel. If you accept, you will lay the conditions and pay my expenses. My weapon of choice is the acoustic grand piano, no effects. I’m sure you have one for decoration. You prefer smaller keyboards, I have gathered. That’s another story. I am no actor, but I wish Benicio del Toro would summon you to an acting duel...

Hence, not all stories are to be told. Some are to be forgotten. Those are the only ones that are generally chosen today. I do not write out of frustration or jealousy, for there is nothing to frustrate me or nothing that would make me want to have that much money or fame. It would make me sick to the marrow. Read first, then criticize. This used to be some happy old boring blog before someone stumbled upon it and shared it into sudden virality, believing it to be a show of virility. I want it to make clear that my sense of justice stops at words.

Of course I am not jealous of that millionaire’s pay. Don't be silly. Money is death. I don't believe in any sort of politics. I don’t drink champagne, my decadence is not so conceptualized. You have made a monster out of the industry with your sales, it kills individuality, it kills craftsmanship, it kills sane debate. I don’t hate millionaires. I’d hate being one. I try not to hate, but money only brings harm, it only brings confrontation.

I write because I have always written, about everything. It is a pleasure for me to bash on what is funny. Daddy saying what he said is shit-hits-the-fan funny. Look, I am a blogger, not a slab of foie-gras. I’m spelling out the truth here, I'm not making it up. I am not stupidly alluding, as some real attention-seekers have, that Daddy might be gay. I don’t know, I don’t care and matter-of-factly I don’t think you're gay at all (and boy do you have bad taste!).

And it’s completely besides the fact that your music is bad and you act and talk like a moron. Many people are tired of your rambling. I just happen to love rambling myself, happen to write better than many and seemingly have more time to waste. Well, writing’s no torture to me. I welcome the inflow of readers, and wish to entreat them to ever improving literature and art through this blog.

I am no gangster. I am not frustrated or uneducated. I love what I do and aspire to do nothing else. In fact, I am a bit run amok by your sudden insight into my quiet existence. In the future, please let us not disturb each other if it is not for a reason of cultural, ethical or spiritual significance. Let us crave for better words in silence. And use Wikipedia correctly when looking for words on this or other articles.

Here’s another mask – and now that I have your attention, we shall speak of Gaza and of Crimea and of each other. We shall speak of ozone and deforestation, irreparable pollution of the oceans, winds and soils, we will speak of the collective human suicide. We will speak of human misery and of human joy and only then should you be allowed to speak.

An abyss ahead, we shall all speak. We shall all listen. And over all else, we shall choose to be friends. We will pave the way. Ignite the hope by learning to be fragile publicly, learning to be weak and exposed. I am that woman keeling over into the lion’s enclosure in a zoo only to be devoured. I shall be learnt of later and yet I will seem displaced and arrogant now.

I wish to drink from the wounds of the world. You are but passive in the quest for sincerity and it is troubling. Even at risk, one must act. We live in a freezing era. Here, as else in awe, I am manifold, all in advancing state of effusion. I am simultaneously right and wrong, horribly human where you are disfigured, gutted with your fan-crazed exhibitionism. I am still free to create. You are not, and you know this. You're a brand, not an artist. 

We are fighting each other not to decompose, yet we reek collectively. The encyclopedia contains merely a small fraction of the names and sakes of all those who have roamed earth across time. Most have gone unremembered. And yet in their times there was nothing to save, for man had not yet menaced the integrity of its planetary host.

Mother, we are sorry for the distress we have been levering upon you, for I can say that I know you are in pain. Once I walked alone in nocturnal woods and was not afraid but concerned; and felt like I had to say I was sorry in the name of my wicked species.

Mother, we are gentle cockroaches that like to be loved and flattered, that roll about in stubborn games and patterns, that like to elaborate the means and have perfected those means beyond the realm of psychopathy. I would like to add that, like Stewart Lee, whom I much admire, my style is Dada and I am capable of no less than L.H.O.O.Q.

Yes, that's Wikipedia again for my predictable friends. I had wished first in my youth to be a terrorist only with art and henceforth have chosen to be rather a soother of words, although contrast is not entirely absent from my outflow, as can be appreciated with further reading.

This no longer is for you alone, Daddy, but for all who read, for all who have commenced to read, for all in angst and in wonder, for all in ceasefire and under surveillance, for all in enmity and in crusade, for all under pangs of hunger or traveling freely – for all indistinctly, a time has come for caucus, a time has come to stop.

It has all gone too far. Our very thrust into life is out of control. We must stop and listen. We only hear. We are weary, we are wary, we are worn, we are worried; we were not that way before. Even NASA concedes that we are edging disaster. We plead no sanity. We plead no folly. We plead life.

Step forward, chin up. You have said: “We want to sleep tight, do not awaken us, do not hearken. Cease to consider enemies, only sleep. Sleep too, sleep through the awakening”. But you are the awakening. Each of us is. You cannot stop floods cascading from rupturing dams but you can learn to be a rock in the flow of water. Now let the water around you. Educate your intuition, bitch.