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16.5.15

5 años de DEMENTIA






















El problema esencial del mundo es la gente.
Pero la solución es, también, la gente.
Y es que nos gusta mirarnos.

Tenemos una predilección por lo siniestro,
aunque no todos los admitamos.

Este mes, DEMENTIA UNIVERSALIS
celebra sus bodas de madera:
5 años jodiendo.

Nació en México, en Suchitlán (Colima)
concretamente, comiéndonos
unos chilaquiles entre poetas.

Y emprendió, de contemplaciones viajeras
a misivas virales, todo un camino.

A veces me sorprende que
aún haya DEMENTIA, que no lo hayan
bajado ya, so pretextos.

Y es que DEMENTIA se esconde,
precisamente, detrás de ese nombre.

Nadie leerá todo esto.
Se limitarán solo a algunos artículos.

Nadie tiene tanta paciencia. 

DEMENTIA no se adultera ni se maquilla.
Tampoco es pacifista.

DEMENTIA nunca importó.
Y me es importante que no importe,
que no venda.

Solo una vez en cinco años
han llegado plebes multitudinarias
por aquí a hurgar.

Y aspiro a que nunca más vuelvan
por acá y que sigan
perreando por allá muy lejos.

Lo normal es preguntarse (y
ya lo han hecho los más doctos
personajes) ¿por qué tanta hiel?

Y mi merced de responder:
Bah”, como hubiera dicho
mi abuelo.

DEMENTIA ha dado muchas vueltas,
hablado en muchas lenguas,
y es partidario acérrimo del individualismo.

No siente deber explicarse.
Es su propia explicación.

Es (y será siempre) obra
inconclusa…

Doquiera que fuere y con el talante
y léxico que se expresare,
jura siempre joder.

Porque joder es mi deber,
joder es su deber.

Es lo único que me recuerda que
soy un aprendiz de cadáver y que
me queda mucha muerte por aprender.

Aunque eso no quedará así.
No encauzaré las riberas de mi ego
al contorno de la lata que me aprisiona.

Patearé la muerte y a quien
se atreva a representarla ante mí.

Sí, ya lo sé, que me leen todos los que no entienden.
Y que quieren que me calle.

Es que es así, nací necio, como DEMENTIA.

Este es un blog de culto.
Por aquí pasaréis.
Pero por ahora, mejor no.

¡LARGA VIDA A DEMENTIA!
¡LARGA DEMENTIA A LA VIDA!

28.4.15

Je suis burro



no es necesario justificar
darse unas cosquillitas en el hipotálamo
porque somos hedonistas utilitarios
en un efímero ejercicio de apnea
a pesar de la coletera
in spite of the papayazo
malgré le pizquero

Jattin coronaba sus letanías “como un burro
mientras Baudelaire se delectaba por cucharadas
disueltas en mantequilla dulce
de Modigliani a Ginsberg
de Madonna a Rihanna
una densa nube de humo azulado
envuelve a la historia por milenios

mensaje sexual de flor a flor
ingerido según cualquier destilación
ritual anímico
remedio de afecciones intratables
cuya mención provoca espanto entre los legos
y al que vestigios de superstición
atribuyen maleficios improbables

su uso no causa conflictos
y de eso dan fe muchos pueblos ancestrales
(aquellos que no se han terminado de exterminar)
es la avaricia la que causa conflictos
poco importa la excusa
que ha variado tanto desde el comienzo
y poco importa que ahora sea ésta

seguirá siendo delectable
saber (para inri de algún contribuyente
hinchado a píldoras artificiales)
que mi cerebro tiene une receptor especial
que me fue legado en infinita sabiduría
y que se acopla con la molécula adecuada
en el momento idóneo

ni para eso ni para regular
el comportamiento humano servirá
jamás ley alguna ni grado de hipocresía
si no es para subrayar la avaricia
que causa conflictos
todos conocemos el tema
y pocos lo abordamos

y es porque todos
absolutamente todos escogemos anestesia
para las pequeñas masacres que nos infligimos
para algunos hay refugios
menos criticados
pero no tienen razón de juzgar
el refugio de otro si le sirve

si no fuese por la cuneta
pocos reconocerían el camino
si no fuera por el margen
pocos distinguirían la página
y sus renglones pero
no dudan en chillar en desaforada
premonición cartesiana y fútil

tienen suerte
ya que si no fuera por eso
que tanto detestan
que tanto critican
que tanto juzgan
que tanto castigan
probablemente los trucidaría

27.4.15

Los días contados de Electricaribe













Electricaribe es una empresa rebelde – no solo hace caso omiso a las exhortaciones de alcaldes y autoridades locales, sino del mismísimo Presidente de la República, aunque cada vez quepa más dudar de la autoridad de éste.

Electricaribe es una empresa ladrona – perjudica al medio ambiente, cobra excesivamente por el peor servicio posible, discrimina la electricidad por zonas económicas y contribuye a las bonanzas de rateros y asesinos que pululan en los constantes apagones que causa. 

Electricaribe es una empresa dudosa – deglute los fondos del Estado pero logra siempre estar en déficit, es la empresa más sancionada por la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, además de que su estatus legal como empresa no es muy claro, siendo una filial de una transnacional española.

Electricaribe es una empresa inhumana - los abusos a los derechos humanos y al medio ambiente por parte de Unión Fenosa, Repsol y otras transnacionales españolas en territorio colombiano han sido investigados ampliamente por la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad de la Universitat Politècnica de Catalunya. 

Electricaribe debe ser la empresa más odiada en el país: no hay ciudadano del Caribe colombiano que no esté hastiado de su descarada ineficiencia. Afecta, cotidianamente, las vidas de millones de personas y causa – en muchas ocasiones – daños  irreparables a la comunidad. En todos los foros, se han elevado voces en su contra, se han organizado cabildos, se han formulado quejas. Pero no ha servido de nada. 

La persistencia del monopolio de Electricaribe es, con seguridad, la prueba más contundente de la ausencia de poder en este país. Si la legalidad no ha podido con ellos, nada más se ha intentado. De todos modos, fue el mismo Gaviria, neo-liberal empedernido, quien lanzó la privatización de servicios públicos tras el legendario apagón de 1990.

Y por el lado ilegal, tampoco. Dicen que en Colombia hay guerrilla, pero no es cierto. Un narcotraficante se puede llamar a sí mismo lo que le dé la gana – eso no cambia su naturaleza. Una guerrilla de verdad ya habría puesto en jaque a Electricaribe, presionado a sus directivos y exiliado a sus accionarios. Pero está mamando ron en La Habana con el presidente.

La única solución viable para la problemática de Electricaribe es la violencia popular. De la misma manera que se hizo con Bechtel en Cochabamba (Bolivia), hay que desarticular a Electricaribe por la fuerza bruta. Sin embargo, esto bien puede no ocurrir en el país que, pudiendo haber vengado a Gaitán y cambiado la historia de Latinoamérica, se tomó las licorerías de Bogotá y no el palacio de Nariño.

Ya lo advertía recientemente el senador José David Name, que “la inconformidad ciudadana es creciente y parece inatajable”. Esto significa que, cualquier día, a cualquiera de los millones de ciudadanos de quien abusa Electricaribe se le va a cruzar un cable, valga el juego de palabras. La razón será lo último que imperará entonces.

No es justo que, causando tanta intranquilidad y perjuicio, los responsables de esta nociva payasada puedan seguir durmiendo fresquitos y cobrando sueldo. Este blog sugiere que se publiquen los nombres y direcciones físicas de la junta directiva de Electricaribe en todas las redes sociales y espera fervientemente que se arme la de San Quintín. Pero no, en este país nada más se amenaza a los débiles.

Por ahí salió una esperpéntica ingeniera de la junta directiva diciendo algo así como que “antes se iba más la luz”. Más que su indiferencia con esta frase (que me recuerda a otra que profiriese Marie-Antoinette sobre el pastel antes de ser guillotinada), lo que sorprende es que el pánico no se haya apoderado de su frágil existencia. En la vida, no hay que jugar con el karma, y Electricaribe lleva todas las de perder. 

17.4.15

Sombras y migajas:
mitos de paz y patriarcado en Colombia



Hay que admitir que, al momento de escribir estas líneas, Colombia no está preparada para la paz. Y la prueba surge con las imágenes de la masacre que tantos compartieron ayer por los medios sociales. En Colombia, se han visto sangre y vísceras todo el día, como de costumbre. Hasta un gran amigo, que jamás ha compartido esta clase de videos dignos de Estado Islámico, sucumbió a la fiebre y me confesó que verlo le había aumentado la agresividad en su día.

Sí, es indignante y no cabe duda. Son indignantes tanto la masacre y la impunidad de las FARC como la hipocresía del gobierno con su mesa de diálogos de paz en La Habana. Es indignante que se hayan cumplido recientemente 67 años desde el homicidio de Gaitán, momento desde el cual se agrava una guerra civil ya vieja y recalcitrante, post-colonial, que La Haya y los periódicos se limitan todavía a designar “conflicto armado”; un eufemismo fallido, en todo caso.

En esta parte del globo terráqueo, en que es fértil el negocio del pasquín de sucesos, nos hemos especializado en formas particularmente básicas del pensamiento binario: un ser o no ser llevado a sus últimas consecuencias, y en perfecto desconocimiento de Hamlet, por supuesto. Aquí se es o no se es mamerto, se es o no se es marica, se es o no se es farcsante [sic], se es o no se es castrochavista [sic], se es o no se es estrato seis, se es o no se es una plétora de clasificaciones en blanco y negro, heredadas de una cultura del despojo iniciada por un genocidio selectivo.

En la presente dicotomía social chibchombiana, se distinguen pocas líneas de pensamiento, de las cuales casi ninguna es original. ¿Qué va a saber decir ese pobre hombre al que le mataron al hijo más que pedir que Uribe lo acompañe al sepelio? ¿Qué van a saber hacer los medios más que difundir sangre? ¿Qué harán las redes sino compartirla? Pero pocos distinguen las aterradoras similitudes de todos los grupos armados del país (ejército, policía, guerrilla, paramilitares, narcotraficantes, delincuentes comunes…): todos son hombres armados y uniformados.

El país observa la guerra como un partido de fútbol, porque no hay que pedirle peras al olmo ni esperar mayor análisis ni perspicacia de un pueblo que compra masivamente el Q’hubo y el Al Día o idolatra a James desconociendo la existencia del Dr. Llinás. Recordemos que este es el país que vende su voto por una botella de Old Parr y olvida con facilidad que el gobierno de Uribe jamás se levantó de la mesa de negociaciones del Ralito en circunstancias muy comparables a la actual.

Ya se ven en todas partes homenajes bananeros y demagógicos a los héroes, pero nadie dice quiénes son esos muchachos verdaderamente: los que caen en las batidas ilegales del ejército, los que ejecutan a falsos positivos, los que cayeron porque de arriba vino la orden de no defenderlos para crear este escándalo… Cuando caen guerrilleros se muestran también hombres armados muertos, ensangrentados, pero entonces es el regocijo. Salen a flote los comentarios sanguinarios de vikingos en las redes sociales y en los foros, defendiendo ese vaporoso concepto que es la patria.

Y este es el punto: son lo mismo. Unos y otros, otros y unos, tanto monta, monta tanto. Y si Isabel es sanguinaria e hijueputa, Fernando es sanguinario e hijueputa. Y si Fernando hace telenovelas en Cuba, Isabel hace telenovelas en Cuba. Y si uno pone oleoductos y deteriora el medio ambiente, el otro los vuela y lo empeora. Parece mentira, pobre naturaleza, pobres indígenas: lo que es indignante es lo que les hemos hecho a ellos, y la poca dignidad que tenemos al ignorar nuestras propias raíces. No hay más que pensar que hasta hoy día, la palabra indio es insulto en Colombia… Y se nota, porque Colombia está muy contaminada.

Todos los días mueren fanáticos machistas armados e uniformados en todos los frentes de esta guerra. Unos llevan un uniforme y otros, otro. No hay más diferencia que aquella: cada uno busca ejercer la hegemonía de su patriarcado, y en derredor los animalitos se entretienen con sombras y migajas. Qué hermoso fue ver a aquellos indígenas en Caldas (si no estoy mal) sacar por los pelos a los guerrilleros con una mano y a los soldaditos con la otra. Y cuando me regocijé en la cantina en que estaba almorzando al ver la noticia (pues no tengo TV desde el siglo pasado), todos se voltearon a ojearme la pinta. Malparidos, sé que me matarían, luego ¿qué paz? ¿qué otro argumento necesito para estar en contra de esa débil idea?

Y después existe esta imagen hippie de la paz, ese discursito trillado, new-age, lo que Coelho se copió de Gibran y se comparte en meme mal ortografiado por ahí – esa izquierda escandalizable y núbil que ya es izmierda, como dicen en los infiernos de los foros. Hay una pizca de peligrosa ingenuidad en esa gente que cree que porque ellos estén en paz, los demás mágicamente alinearán sus chakras. Y con cada documental de NatGeo que veneran, la violencia de la naturaleza les resbala; en su narcisismo humano, creen que están por encima del animal, donde un aura caritativa les envuelve.

Si Colombia se atreviese a votar en blanco, otro gallo nos cantaría – pero eso también resulta tan utópico como querer que alguien se preocupe por las demás masacres que nadie comparte: las de mujeres y niños en sus cristianas familias, las de homosexuales y lesbianas, las de transexuales, en cualquier lugar de este país, las de cualquiera que demuestre ser o pensar de manera diferente o que no entre dentro de ninguno de los esquemas previamente asignados por esta estrecha sociedad. Quien difiera, quien dirima, es la víctima en Colombia. Y será víctima en nombre del Dios de los colonizadores, cabe decirlo.

1.4.15

Le boomerang de François Blais
















– J'ai dit au peuple ceci : vous avez les moyens d'agir. Prenez des mesures, des sanctions...ne serait-ce que deux ou trois fonctionnaires publics par jour qui vont beaucoup trop loin, qui exagèrent, etcétéra….
– C’est quoi les sanctions, monsieur, que vous préconisez? Carrément l’exclusion? Quand tu fais du trouble, t’es dehors. Le gouvernement c’est pas compliqué, là…
– Il y a des règlements disciplinaires, effectivement ça peut aller jusqu’à l’expulsion. Ils peuvent le faire; s’ils le faisaient pour deux ou trois personnes par jour, ça refroidirait, je pense, les ardeurs de certains. Sans mettre donc de l’huile sur le feu, ah? C’est des endroits où il y a beaucoup de personnes, dans une province il y a plusieurs millions de personnes, souvent dans les grandes provinces…
– Mais j’aime ça votre recette, monsieur. C’est comme an apple a day keeps the doctor away, là. Deux, trois fonctionnaires qui font de l’ingérence, dehors, par jour, ça envoie un bon signal.  
– Ça va faire réfléchir les autres, c’est clair.
– C’est bon…
– On fait ça avec les enfants…
(rires)
– … quand on veut corriger son comportement, on n’dit pas du jour au lendemain : va dans ta chambre, t’auras pas de souper. On commence par leur dire : écoute, il va avoir une sanction pour ce que t’as dit à ta mère, etcétéra, et on s’assure qu’on pose ce geste-là. 

30.3.15

AGMEN:
Musique pour un coup d'état














À la toute fin du siècle dernier, j’étais un jeune compositeur avide de trouver la clef pour une musique utile. Je m’intéressais de près au contexte réel de son interprétation et à ses possibilités d’influencer positivement la société et de défendre son époque dans l’histoire. Au cours des manifestations anticapitalistes que je fréquentais, je rencontrais des mondes sonores qui me paraissaient vivants; à la fois, je tentais de brouiller la ligne entre le théâtre et la réalité, inspiré par des personnages comme Orson Welles ou Jodorowsky.

Dans mes méditations artistiques, j’allais trouver le concept du Terrorisme Artistique, bien avant 2001, pour réfléchir à ses possibilités. Plus tard j’ai connu le travail du compositeur russe Georgy Dorokhov (1984-2013) et j’ai été profondément saisi par l’efficacité de son message. Stockhausen lui-même, avec la polémique collée aux fesses, avait dû se rétracter quand il avait affirmé au sujet des attentats de New York en 2001 qu’ils étaient « la plus grosse œuvre d’Art au cosmos ».

J’ai fini par comprendre une chose: les partitions de musique, ce sont des ordres très strictes et détaillées. On pouvait avoir été audacieux, comme Haydn, d’écrire une symphonie où les musiciens tiraient un par un leur révérence; après tout, ce fut pour des raisons politiques, et Haydn a eu gain de cause. J’ai donc décidé de mener cela aux conséquences de mon temps, risquant mon métier comme Haydn a risqué le sien.

Ma 1Symphonie « Résistance », op. 10 (2001-02) a commencé à être ébauchée sous les gaz lacrymogènes lancés aux Plaines d’Abraham, à Québec. C’était le Sommet des Amériques et j’étais allé manifester avec ma clarinette. J’ai voulu aussi rendre Art cette esthétique vitriolée des lacrymos et de ces nuages toxiques qui se propageaient dans l’air, de la terreur qu’on nous a fait éprouver. Ma symphonie finissait par deux coups de balle à blanc, après avoir décrit des scènes du Sommet. Elle ne fut jamais jouée. 

Ma musique est devenu violente dans son expression, dans son ton et dans son message; mais d’une violence utile et de la sublimation des violences subies. Des Cabarets Lacrymogènes du Café Ludik jusqu’au début en insulte gueulé de mon trio Sanatorium, op. 29 (2007), en passant par le collectif musical Concorde Crash que j’ai cofondé en 2001 et par les brisures de vitre et les sirènes distantes de ma 2e Symphonie « De Profundis », op. 33 (2008-09), l’expérience du Sommet a laissé des traces indélébiles dans ma production.

L’imposante Symphonie du Millénaire, conçue par Walter Boudreau en collaboration avec d’autres compositeurs québécois, à laquelle j’avais assisté en 2000, et la Symphonie des Éléments du Groupe de Sisses, dont faisait partie mon professeur Michel Gonneville, m’avaient inspiré des idées au sujet du paramètre de la spatialisation : le déplacement des musiciens sur une scène. En 2005, j’écrivais Le Parcours de Naunet, op. 21 et le faisais représenter dans une église à Montréal, expérimentant avec la spatialisation.  

Dans une manifestation au Marché Jean-Talon, j’ai dirigé un groupe de 10 musiciens pour la première de ma Musique pour une Grève Étudiante, op. 19a (2005). La manifestation protestait contre la mise sous cadenas des ordures du marché; dans ces ordures, beaucoup de nourriture est encore emballée et en bon état. Des groupes volontaires s’occupaient de la distribuer gratuitement à ceux et celles dans le besoin or, les ordures cadenassées, cela devenait impossible.

La manifestation finissait par une action au supermarché de la multinationale Loblaws, à côté du métro Parc. L’orchestre a bloqué l’entrée du supermarché en jouant ma musique tandis que – à l’intérieur – des « petits bums », comme le dit Jérôme Landry, vandalisaient les allées du commerce. Quand les policiers ont compris ce qui se passait, il était déjà trop tard et les coupables étaient partis. Il n’y a eu donc aucune arrestation ce jour-là et zéro violence policière – puis on a eu droit à un concert.

Or nulle part ai-je transgressé autant les barrières de ce qui est artistiquement admissible que dans mon projet Agmen: une œuvre gigantesque que j’ai cessé de songer à achever. Après tout, elle n’est qu’un concept. Partant dudit fait qu’une partition est un ensemble d’ordres, et parodiant la croissante excentricité des exigences compositives sur les interprètes, j’ai choisi d’écrire un coup d’état à Montréal comme une immense partition.

La partition devait correspondre à une carte de Montréal avec les annotations pertinentes. Le jour de la première – ou du coup d’état, c’est selon – il y aurait une œuvre nommée Agmen au programme de chaque concert dans chaque salle commençant à la même heure sur l’île de Montréal et ses banlieues. En tout, près de 500 concerts avec un total d’au-delà de 20 000 musiciens commenceraient donc à la fois. 

Dans chaque concert, l’œuvre aurait le même titre mais pour chaque concert, il y aurait des ensembles variés et précis, généralement de grand format – harmonies, orchestres, chœurs et grands ensembles. Le chronomètre partirait à zéro pour tous et s’ensuivait un contrepoint absolument massif et très bien minuté où les musiciens sortaient dans la rue comme des bataillons pour prendre Montréal d'assaut, combinant musique et actions concrètes et brouillant la ligne entre les deux.

L’une des maigres annotations que j’ai faites pour Agmen lit, barbouillée sur un cahier de 2005 :

« LES 16 TUBAS : sortent de derrière la ruelle et vargent sur les policiers avec leur tuba, en frappant en canon sur ce rythme… »

Suivait une cellule rythmique basée sur des rapports de la forme elle-même et sur son minutage. C’était comme une réplique miniaturisée de la forme complète. 

J'avais tout à fait conscience que c’était un travail trop grand, trop fou – je ne pourrais pas le rendre avec tout le détail qu’il méritait dans une vie seule. Dans mon plan, les instrumentistes seraient exonérés par la loi si le plan foirait parce que moi, comme compositeur, je devais assumer l’entière responsabilité. S’ensuivrait un excellent débat sur les vraies frontières de l’Art et de ses applications.

Par contre, j’ai réussi il y a 10 ans à faire jouer une œuvre collective que j’ai nommé Petit Agmen, op. 19b. Ça a été une manifestation pacifique peu couverte par les médias, mais le 30 Mars 2005, les étudiants du Conservatoire de Musique et d’Art Dramatique de Montréal, ceux de l’École Joseph-François Perreault et ceux des facultés de musique de l’UQÀM et de l’Université de Montréal se sont joints à mon initiative. Aucun policier ne nous a bloqué la route.

Je me souviens des préparatifs ahurissants dans un énorme esprit bon enfant de collaboration. La nuit dernière, neuf compositeurs concevions une musique possible chez moi. Chaque compositeur avait un fragment du trajet et la direction se faisait avec d’énormes numéros qu’on affichait en marchant, coordonnant les interventions. Il fallait faire correspondre les numéros affichés avec ceux dans les parties séparées, collées sur de grands cartons coloriés. Nous avons dessiné de grandes plages de son ce jour-là, inondant Montréal de musique contemporaine.

Aujourd’hui, dix ans plus tard, le ton des manifs n’est pas si bon enfant, le Québec et le Canada ne sont plus les mêmes endroits. C’est avec une certaine nostalgie que je relis un certain passage dans mon deuxième roman, Rhétorique de l’incandescence, un récit autobiographique de ces années de lutte que j’ai connues à Montréal. En espérant qu’une solution durable émerge du conflit présent, en 2015, je me souviens aussi des déceptions que j’ai ressenties ensuite avec cette même lutte et des dispositions que j’ai prises dans ma vie comme dans mon Art par la suite et qui sont rapportées ici-même, dans ce blog. 

Je partage donc ledit passage, sans plus:

« Pendant ledit mois de Mars, mois de la plus grosse grève étudiante de l’histoire du Québec à cette date, je m’efforçai de politiser le milieu musical de la façon la plus radicale possible. Il faut souligner que j’habitais sur la rue St-Urbain, angle Laurier – au Black Hat, ancienne demeure du peintre Marc-Aurèle Fortin, presque-commune anarchique et spontanée qui devint un théâtre des rencontres à l’avant-garde de la grève, et souvent trop en avance du corpus étudiant. À travers ces rencontres que je faisais au Conservatoire, j’invitais les gens à discuter chez nous, à réfléchir sur la pédagogie, la situation de l’art et le rôle des artistes, les dangers auxquels on faisait face dans ce monde terrifiant d’ultra-capitalisme et de sauvagerie matérialiste. Il s’est créé une sorte de noyau, une sorte de mouvement solidaire avec la grève qui gagnait en ferveur et en impétuosité. Pendant un mois ça n’a fait que croître. Le 29 Mars je suis arrivé dans une assemblée générale. Je n’étais même pas étudiant du conservatoire, mais bon nombre de gens sur les lieux étaient déjà passées par ces rencontres qui se déroulaient souvent dans le sous-sol humide et spécial du Black Hat. C’est comme s’ils attendaient de se faire piquer par une guêpe pour hurler leur douleur et leur passion. On y a voté une journée de grève : le milieu bourgeois de la musique savante venait de se réveiller à peine. Les préparations qui s’ensuivirent furent d’une incroyable coordination étant donné qu’on n’avait pas vingt-quatre heures avant le départ de la manifestation. J’imaginai la forme de la manifestation d’après mon idée de prise d’une ville par la musique (Agmen), ce qui était en soi un morceau de musique spatialisé, mais à portée illégale et même meurtrière. La manifestation fut donc un compromis de cette forme-là. La compositrice et les huit compositeurs qui écrivîmes pour l’occasion nous réunîmes chez nous pour le faire, et ce fut toute une expérience. Le 30 au matin, tandis qu’on se préparait, une cinquantaine d’élèves de Perrault s’étaient pointés à la porte du Conservatoire (à partir de l’appel d’une ex-élève à une élève, fait à minuit de chez nous) – leur entrée fut applaudie. La marche sur Montréal, du Conservatoire sur Henri-Julien jusqu’à la Place des Arts, était assortie d’un caddy de supermarché avec un amplificateur et une génératrice dessus, connectés à un ordinateur portable, et d’au-dessus de quarante instruments et d’une centaine d’autres marcheurs; l’apogée de cette journée généra une vague – mais à cause de son apparence trop « pacifique » elle passa inaperçue. Six ans avant, quand j’avais imaginé une telle manifestation dans mon un-et-demi à Saint-Léonard, j’avais déjà compris le symbole qu’est la montagne pour les Montréalais-e-s. Le 30 Mars, un immense carré rouge, symbole de grève étudiante cousu déjà à chaque vêtement, couvrait la croix du Mont-Royal. Ce fut le point culminant de la grève, mais aussi le point à partir duquel elle commencerait à se dégonfler jusqu’à s’auto-consommer absurdement.  Il commençait à être le temps de songer à radicaliser la révolte artistique et de faire tomber de l’intérieur le système d’éducation qui montrait ses failles plus que jamais. Par contre les vraies craintes de ces jeunes élites étaient uniquement d’être des élites reconnues, et elles ont refusé de continuer dans cette voie de lutte, de peur que l’adoption d’un comportement moins atténuant dans le rapport de pouvoir avec l’éducateur et la loi qui l’enchaîne, ne déclenche l’abolition de cette reconnaissance. Il était temps d’instaurer un nouveau système de valeurs. »

- Fragment de la section intitulée « La politisation du Conservatoire de Musique » dans le roman « Rhétorique de l’incandescence », signé sous le pseudonyme de Frans Ben Callado (2001-06). 

Sur l'importance de protéger Naomie



Nous vivons des temps désespérés.

Quand un policier anti-émeute juge acceptable de tirer sur une jeune manifestante inoffensive à bout portant sur le visage, c’est désespéré.

Quand un ex-commandant de la police de Montréal réagit sur Twitter que « c’est dommage que ça tire juste un coup à la fois » et « elle l’a bien mérité », c’est désespéré.

Quand, ensuite, s’ouvrent des pans de pages diffamatoires au sujet de la jeune femme sur les réseaux sociaux, incitant au meurtre, au viol, et j’en passe, ce n’est pas que désespéré: c’est une sorte de fin.

Mais Naomie Trudeau-Tremblay, 18 ans, a eu de la chance. Non seulement que le geste répréhensible de #3143 ne l’ait pas blessée davantage: ce n’est pas passé inaperçu.

Beaucoup de gens au Québec avons été victimes non pas seulement de la brutalité policière mais d’une sorte de brutalité nationale qui s’étale de Duhaime à Pegida, étiolant l’espoir.

Jusqu’ici il m’a été très difficile de mettre le doigt sur le problème sans blesser d’autres québécoisES, puisqu’il s’agit de la recrudescence isolée de traits culturels communs à tous.

Or voilà enfin que toutes les composantes du problème se manifestent à la lumière du jour pour que tous puissions voir de près les mécanismes qui les déclenchent – c’est l’opportunité cruciale pour une analyse objective de la dérive québécoise.

Si, comme toujours, le Québec fait l’autruche et prône une tolérance inconditionnelle, la fanaticaille croîtra et dégringolera. Si, par contre, une majorité opte pour l’analyse, le Québec pourra éviter succomber à d’obscurs souhaits.

La tradition comportementale québécoise est fondamentalement un produit colonial, le résultat de colonisations successives et d’un apartheid francophobe qui, parfois, subsiste toujours.

On a tenté de neutraliser le fait québécois par tous les moyens possibles depuis 1759 : ça n’a pas cessé. Mais voilà que, quand on avait enfin la mainmise sur notre autonomie sémantique, le Québec s’est suicidé volontiers à petit feu… ou à petite glace.

Car c’est devenu froid. Autant le Nord fond, on morfond. En parfait contraste avec l’amollissement des glaces, durcissent nos sens. Le Québec était chaleureux, il est rendu chiâleux. Et tandis qu’on nous hypnotise, on est en train de tout démonter derrière la scène.

Qu’un peuple avec tant de ressources puisse constamment faire preuve d’autant d’ignorance est – finalement – l’affaire la plus déplorable au Québec. Qu’on soit rendu à vendre le Nunavut en parle long sur le maigre respect que nous nous vouons à nous-mêmes.

Si la mauvaise éducation va continuer à proliférer de la sorte dans les comportements collectifs, il est fort souhaitable que des représailles intelligentes soient lancées. « Mais par qui donc et contre qui? », lanceront les démocrates…

Juste en guise d’exemple, l’Office de la Langue Française devrait prohiber l’usage de celle-ci à certains individus – cela serait bénéfique non seulement pour la langue mais pour sa sémantique.

Les gens de bien au Québec ont tendance à se taire, à prôner la paix devant toute situation. C’est – peut-être – un résidu gênant de ce temps où il fallait Speak White. Mais dans les circonstances actuelles, le silence est une conduite dangereuse.

Naomie, malgré elle, est arrivée à polariser les gens. Si bien Guy Latulippe a fini par fermer son compte Twitter et que facebook a éliminé certaines de ces pages haineuses, d’autres pages apparaissent et les malfaiteurs demeurent impunis.

Je fais appel publiquement à Anonymous pour que, tout comme ils ont héroïquement attaqué des KKK à Ferguson, ses hackers identifient les éléments qui publient ces pages condamnables sur les réseaux sociaux et leur lancent des cyber-attaques. Je suis certain que, s’ils publient les adresses physiques de ces individus, ceux-ci prendraient la fuite et se tairaient.  

J’ai passé des menaces au SPVM, au SPVQ et à Guy Latulippe personnellement. Par la présente je menace aussi Couillard et son gouvernement: si je rentre au Québec c’est pour vous en sortir de force, et pour en pendre quelques-uns d’entre vous aux lampadaires. Ne me faites pas rentrer!

Certainement, mes menaces leur semblent risibles. C’est car je suis presque seul. J’invite donc les gens de bien à passer à l’action concrète, celle de leur choix. Mais il est préférable de ne pas s’enliser dans la passivité postcoloniale en choisissant son arme.

Collectivement, ces actions déboucheraient à un résultat malléable. La sensation d’impuissance à laquelle ont mené tant d’actions de bien mortes-nées au Québec sera enfin balayée.

Dans les années 80 et 90, les skinheads foutaient le trouble dans les rues de Montréal. Mais les punks se sont battus et ils les ont chassés. Apprenons d’eux : nettoyons le Québec de ce désespoir. Qu’on n’ait plus peur de dire de gros mots.

Appuyons Naomie! Défendons Naomie! C’est nous que nous aiderons!