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18.8.15

Achaque en blanco















aquellos que están
acostumbrados a ver la muerte en lo pequeño
impregnando el detalle de una costura
se sorprenderán de que la titánica vida
hoy les arranque de cuajo el pescuezo

nada reina si no es perenne
y en los regazos pudientes dormitan calambres
esbozos de electricidad deshebrada
que al crecer tomarán un cuerpo amenazador
y embestirán a sus deudores

que no se confíen
porque ni en muerte se podrá mitigar
el achaque peligroso de la discordia
y generación tras generación
caen al agua las ansias del reposo

somos ascuas para que otros nos lean
y vuelvan víscera nuestras reverberaciones
hasta lograr rescatarnos
aunque nos aprisione una lápida
eternamente pegada a las talones

por eso la poesía no puede ser
refugio de débiles contemplaciones
en un siglo de responsabilidades eludidas
menos adjetivos y menos pronombres
más verbos

16.7.15

Contra la Virgen del Carmen















El concepto del respeto ajeno en la costa consiste en despertar a todo el vecindario a las 6 am (y hasta antes) con petardos y pirotecnias pobres, pretextando que es la semana de la Virgen del Carmen. Ese despertar violento se repite toda la semana y dura hasta altas horas de la madrugada, aliñando el día entero de explosiones que retumban en todas las paredillas del barrio y se inmiscuyen en cada recoveco. Con cada detonación, un sobresalto – no hay modo de acostumbrarse a estos vecinos inconscientes.

Dicen que es por tradición y que la tradición se respeta; pero esto no es ninguna mascletà digna de las Fallas valencianas, ningún adhan matutino proferido por el muecín, ningún toque de diana militar… se trata del ruido que perpetra un hatajo de ignorantes, entumecidos por sus creencias impuestas, al prender la mecha de petardos baratos a toda hora, sin que despunte en ellos siquiera una débil noción de que pueden estar molestando a su alrededor. Es difícil distinguir, en esta práctica mediocre, toda la exaltación, la nobleza y la digna gravedad de un acto de tradición.

Aquí, donde no ha sobrevivido la cultura del silencio, donde todo lo que arma escándalo se decreta cultural, no se puede esperar menos. En el Levítico se dice que “No os haréis ídolos, ni os levantaréis imagen tallada ni pilares sagrados, ni pondréis en vuestra tierra piedra grabada para inclinaros ante ella” pero no se menciona nada acerca de lanzar petardos a toda hora. La mejor independencia para este pueblo que ingenuamente la cree celebrar, hubiera sido renunciar a los ídolos que ciertos europeos nos impusieron a fuego y a sangre; pero no, esto está lleno de colonizados festivos.

Sin saberlo, representan mejor la violencia de la religión que el propio Papa: sus rosarios de deflagraciones evocan una nítida definición del daño que ejerce este veneno en las venas de la humanidad. Por fuera, todo es paz y ternura, compasión y amor; las hogueras, las torturas, las invasiones y los pillajes – de eso no se habla. Indudablemente, llega un punto en que uno asocia el catolicismo a estos petardos, a esta estirpe pesada de meapilas y beatos que es la primera en discriminar, en amedrentar, en moralizar y en ofender a quienes no comparten sus creencias. Celebran a la Virgen igual que si hubiera ganado su equipo de fútbol – ninguna diferencia.

Es muy deseable que a alguno le estalle en la cara un petardo, o que por accidente detone la munición dentro de su casa. Cuando estas cosas pasan, porque pasan, es normal experimentar una satisfacción comparable a la de ver a un torero asteado hasta la muerte por su víctima. ¿Cómo se le inculca a tan desconsiderada casta el valor del respeto, si está ampliamente probado que conversando no aprende? ¿Acaso hay modo cabal de solicitarles el sosiego sin que se envalentonen y arremetan contra uno con todo el peso de su incultura? Con tan despreciables elementos no sirve razón alguna si no es el golpe y la herida que impongan el tan codiciado silencio.

Si por culpa de la dichosa Virgen del Carmen vienen a irrespetar todas las mañanas, y puesto que no hay un único culpable sino miles, es contra la propia Virgen del Carmen que toca arremeter. Primero que todo, por puta: si a cualquier niña se le aparece un feto en el vientre hoy en día, nadie va a creer que no hubo coito. Segundo, por mentirosa: defendiendo su endeble honor, se inventó tribulaciones inverosímiles que le ocasionaron problemas fatales a su propio hijo. Y finalmente, por genocida: ya que su elaborada ficción se propagó por el planeta con especial insidia, ocasionando el exterminio de millones de almas.

Entonces, que te follen, Virgen del Carmen, y que al fin admitas que te follaron. 

13.7.15

Wi-fi Wars:
la guerra civil en los foros

















En los foros de los medios de comunicación nacionales se está gestando claramente una guerra civil. Por cada noticia que figura en la edición digital de cualquier medio, existe un ejército de internautas listos a enfrentarse en retahílas de amenazas y de acerbas verborreas, y es tristemente inusual que en estos espacios impere el sentido común.

Para algunas noticias, generalmente las más importantes fuera de la primera plana, o las que informan de avances científicos o de hechos culturales serios, hay cero comentarios; sin embargo, bajo cualquier noticia acerca de Venezuela o de Cuba, de la guerrilla, del paramilitarismo, de los derechos LGTBI o de la farándula futbolística y mediática, se pueden leer peleas horrendas en las que trasciende toda la esencia de nuestro conflicto.

Mucho se hablará en La Habana, o en las embajadas de los países implicados en los diálogos, sobre el alcance y la proyección de la paz en Colombia, pero es más bien en estos foros donde se puede apreciar claramente que la paz no está lista. Y es que, por más que se quiera firmar un bonito documento, e inscribirlo entre elaboradas rúbricas, sigue habiendo casi medio centenar de millones de almas sumidas en una pugna trastornada e irremediable.

La extrema derecha arremete, humilla, insulta y amenaza por estos foros impunemente. Se ha visto desfilar información sobre acciones paramilitares que después se han materializado, amenazas firmadas con las placas de diversas organizaciones delictivas, alegaciones inequívocamente genocidas y frecuentes atropellos a los derechos humanos y ataques ad hominem.

Y cuando los comentarios de la izquierda, en dichos foros, no caen en la misma tendencia homicida de sus contrapartes, queda claro que giran sin argumentos alrededor de conceptos vagos, reduciendo al simplismo anti-uribista lo que podría haber sido un elocuente repudio a las muestras de intolerancia que proliferan sin que contra sus autores intervenga moderador creíble o autoridad alguna.

De nada sirve citar ejemplos aquí, pues estos abundan bajo cualquier titular del día y sería demasiado difícil escoger solo unos cuantos. Quien frecuente la lectura de estos foros sabe que no hay exageración posible al hablar de la crudeza y del morbo que allí pululan a diario; a quien no haya conocido la experiencia, este auctor recomienda la simple adquisición de un wi-fi.

Aunque no todas las opiniones son igual de explosivas, algunas infligen su veneno de maneras más subversivas y retorcidas que otras. Y así, cotidianamente, se suceden estas úlceras mal ortografiadas, a menudo en disruptivas mayúsculas, que son el más claro reflejo de la ignorancia gallarda del colombianito de a pie y de la ineptitud de nuestra justicia, y que en muchas ocasiones probablemente estén motivadas y financiadas por los correspondientes sectores del poder político.

Lo más triste, quizás, es la constatación de que el proceso de paz ha sido completamente inútil hasta el momento; no solo porque parte y parte lo irrespeta y cae en errores idénticos, pero más importantemente porque la mayoría de la población sigue enfrascada en una guerra. Y dentro de la hipocresía del habitual eufemismo internacionalmente aceptado, esto se trata de un conflicto armado, en el que todo el mundo arma un conflicto pero nadie es responsable de las consecuencias.

Habiendo cerca de 6 millones de víctimas contadas del susodicho conflicto, es imposible tolerar la ingenuidad de quien crea que las opiniones expresadas en los foros se limitan a las de unos cuantos radicales. Estos foristas expresan fielmente, a pesar de todo, la hiel rastrera de este pueblucho grande que, más que en un posconflicto, está en una poscolonia.

¿Dónde está el control que deben ejercer los medios sobre lo que, al fin y al cabo, son sus propios foros? ¿Acaso nuestra constitución no nos protege de este tipo de abusos, o es que la amenaza mortal y la apología del terrorismo, con prueba escrita y dirección IP, no constituyen un delito? ¿Es posible que nadie se haga responsable de la regulación de estos excesos?

Con la era de la información, hemos accedido – como sociedad – a un alto grado de desensibilización a la violencia y de atrofia emocional; a medida que creamos nexos virtuales, nuestros nexos con la realidad desaparecen. Como da fe este mismo blog, es mucho más fácil hacer la guerra desde un PC o un celular, sin conocer al adversario ni ver sus condiciones. El cine y los videojuegos nos acostumbran al terrorismo, a las muertes banales e indoloras, carentes de consecuencias reales; y la solución no es prohibir el cine violento, ni los videojuegos…

A este tiempo lo definirá esta paradoja: a medida que nos apiñamos en el espacio físico, nos alejamos unos de otros. Es cuestión de individualidades pre-programadas, que se definen por oposición a otros estereotipos: la sociedad de hoy es una fábrica de antagonistas artificiales. En las redes sociales, en los foros mediáticos en que se vislumbra la guerra, lo que mejor se aprecia es el grado de condicionamiento al que hemos sido sometidos.

Con exactitud quirúrgica, los integrantes de esta sociedad cumplimos con las previsiones de quienes nos necesitan como peones del conflicto. Tanto los que critican como los que apoyan el proceso, tanto los que luchan con armas en el monte como los que lo hacen con su computador, periodistas, soldados, delincuentes, curas, futbolistas, abogados, ciudadanos en general: todos hacemos lo que se espera de nosotros. Por eso estamos en guerra. 

11.7.15

Thank you, Mr. Trump



It’s so easy to fall into the ad hominem slope with Donald Trump, and so many have already nailed him into place, that it seems pointless to add insult to injury (it’s funny that we’re not hearing much from Daddy Yankee about this... oh, never mind). So rather than to pummel Donald Trump repeatedly with my keyboard, I feel inclined to thank him for uniting Latinos worldwide behind a single cause: to clear our name from slander.  

It still seems quite bizarre that, in a country where there are more than 50 million Hispanics (64% of which have Mexican backgrounds), somebody would perpetrate such a clichéd faux-pas in the midst of a presidential election, then insist on such obtuse opinions when they are so evidently guaranteeing the candidate’s defeat, if not his demise from politics. Who would commit such a social suicide? When there is so much money at stake, it is difficult to fathom that this was not somehow planned and slyly orchestrated in the dark.

If so, with what purpose? We have heard of sports teams being paid to lose, as is being elucidated with the recent FIFA scandals, and dummy political candidates are far from being uncommon – still it remains unclear who would benefit from such a montage. Trump has always been controversial and has elicited much ranting, yet never as disastrously as now. The geopolitical status of the Americas has been shifting ever more drastically, might this be part of it?

Also campaigning are the household names of Bush and Clinton, almost a flashback from the 90s, displaying a false stability; yet the recent thaw of Cuban-American relations, the socialist crisis experienced by countries such as Venezuela or Chile, and the growing radicalization of conflicts in Mexico and Colombia (being key geopolitical areas) signal a new routing for power, although not necessarily a shift in power itself. The worldwide web, the collapse of Europe and the expansion of fanatical ideologies set the scene for frightening results.  

Trump is an unabashedly classic capitalist: his fortune was made the old way, whereas new generations have harvested immense wealth by new means and with new mindsets stemming from technological advance and ecological consciousness. What use can his xenophobic commentaries have in the age of information, if not precisely to distract? Could it be that he is being made to represent a political prehistory that must be transcended, is it a liberal plan to undermine conservatism? If such, the whole episode could be regarded as a rather elaborate set of scare tactics to evict the far right from power.

What does seem more likely is that the two main candidates, the household names, have looked into disrupting the weight of a third, independent line of thought in a vintage two-party monopoly, and have used Trump to attract voters to the usual sides. Right-wing voters might now feel inclined to choose Jeb Bush, a perceived moderate with a Mexican family. And possibly Latinos, traditionally more inclined to cast the Democratic vote, will be generally less scared to vote Republican for the same reasons. In any case, many foresee the focus of the election eventually being shifted away from Trump, and he is not overall expected to win. 

Increasingly, new-coming parties worldwide have been obtaining surprising results in recent elections. More and more often, these new parties have shattered all polls and predictions and have established themselves firmly in their national arenas, as is the case with the Spanish party Podemos. The Bushes and the Clintons must have been made aware of the impending weakening of their traditional power structures and are willing to lessen the possibility of such an alternative actually appearing in the United States. Trump, a man with no sense of ridicule, was the right man for the job.

The danger is that he seems to be on a roll, as he is currently topping trends and casting a shadow on his opponents with his Make America Great Again campaign. If that happens, it will show that hillbilly racism is rampant in America and that many communities who live and work there are being exposed to mass marginalization and persecution, as could be clearly seen in the Ferguson troubles. After what has been perceived as a disastrous second term for Obama domestically, conservative groups in the country might just be getting the adequate momentum to gain power. If so, Trump’s gesture might have been no faux-pas at all, but an effective rallying call for conservatives.

As it stands, the incident has had amazing resonance across the world, beyond Hispanic countries and communities, and has elicited admirable responses, some comical, some derogatory (as my own, pictured above) and many, equally inflammatory. In a time in which Hispanics trouble to find a peaceful common identity, amidst an undisclosed exodus that is (mainly) the fault of the USA's foreign policies, it is refreshing to find solidarity among people who are typically at odds with each other. In a time when racism within the USA seems to be thriving, fueled by Bible-wielding creationists, this is a message of hope that cannot be neglected. For once, Daddy Yankee and I could have agreed.

So thank you, Donald. And fuck you

10.7.15

De esclavos voluntarios















La noticia indigna: en la madrugada de ayer, una mula que transportaba cerveza se volcó en Cartagena en la vía La Cordialidad, a la altura del barrio El Pozón. El conductor, quien por fallas mecánicas perdió el control del vehículo, resultó herido en el accidente. Sin embargo, los que llegaron al lugar se dedicaron a ignorar sus pedidos de auxilio y a saquear las cervezas que no se habían roto; algunas fuentes indican que se llevaron hasta diez cajas por persona. Más tarde, el conductor fue trasladado a una clínica donde – afortunadamente – se está recuperando.

A pesar de la indignación, del lógico repudio que genera esta información, no tiene absolutamente nada de sorpresiva. Y es porque sabemos que estamos plagados de lacras, que día sí y día no, nos llegan noticias aberrantes de estos barrios, entre homicidios, violaciones, violencia intrafamiliar y demás muestras de su auto-marginalización. Lo que es menester es detenerse a ponderar el hecho de que estos elementos disponen, dentro del risible marco legal de esta susodicha democracia, de los mismos derechos que los demás ciudadanos.

He aquí a los responsables de elegir a nuestros ineptos y abusivos dirigentes, a los que permiten guerras civiles que desangran al país desde hace casi seis décadas, a los que contribuyen al tambaleante nivel material e intelectual de la nación. Estos son, claramente, los garantes del internacionalizado estigma del colombiano, listos a venderse por tres pesos y a cambiar voto por lechona, eternamente sumidos en un centenario entumecimiento de guaro, cruces y balones. Se reclaman, inauditamente, el derecho a seguir siendo esclavos y es evidente su renuncia a ser liberados.  

Este populacho, el que tiene disparadas la criminalidad, la natalidad y la pobreza en este país, ha de ser controlado activamente. Tienen sangre de delincuente, en la que se ha sublimado, tras siglos de abusos y latigazos, una maldad sin parangón. Pero se han acostumbrado a que abusen de ellos y ahora se reclaman esa justificación para ser mediocres, para ser marginales, para ser inmorales. Por más que duela, hay que reconocerlo: el colombianito siempre anda buscando cómo aprovecharse, cómo sacar partido, cómo tumbar al bobo y dárselas de avispao.

Mientras este sector de la población siga, por su incomprensible actitud, proporcionando generosamente la carne de cañón para la guerra que nos atormenta, el país seguirá incapacitado para resistir a los ataques de la oligarquía, de la subversión y del terrorismo; asimismo, se podrá seguir inculcando un falso sentimiento patrio que predisponga al sectarismo y a la ignorancia. Mientras esto pasa, el TLC nos impondrá cultivos transgénicos, vendrán más bananeras y petroleras extranjeras a lucrarse, el nivel educativo y de la salud seguirá cayendo en picado y el ecosistema colombiano estará cada vez más irrecuperablemente contaminado.  

Incidentes como éste, a pesar de tener consecuencias mucho menores que la acción de cualquier guerrilla, arrojan mucha luz sobre las raíces del conflicto que vivimos. A menudo, cuando alguien invoca una purga, se cuestionan los criterios que se utilizarían: ¿quién decidirá quién sirve y quién no? La respuesta es sencilla: noticias como esta informan pertinentemente sobre quien no sirve. Los individuos que prefirieron robar cerveza a socorrer al conductor herido JAMÁS serán útiles para este mundo, de ninguna manera, y todo el mundo lo sabe, hasta ellos.

Si esas personas están plenamente identificadas (y no es difícil, ya que hoy estarán borrachos), ¿para qué perder el tiempo con la justicia, característicamente inepta? ¿De qué sirve hablar de derechos humanos, de derechos ciudadanos, para quien ni siquiera los reclama? ¿De qué sirve meterlas en la cárcel, si está demostrado que de nada les sirve para regenerarse, y que hasta les conviene? Lo más lógico es que, a bocajarro, se les arrebaten esos derechos que usurpan y no se han ganado a pulso de responsabilidad. Si estos elementos no votaran, no molestaran, no compraran, no influyeran, no parieran, estaríamos mejor. Obviamente, tiene que haber gente de bien atrapada en ese barrio – a esos hay que sacarlos de ahí y reubicarlos. Y al resto: lanzallamas, como con la peste. 

17.6.15

Nunca fue tan fácil ser terrorista








Si vive usted en Colombia, desde hoy la policía puede entrar a su casa por las buenas y sin orden judicial. Así, porque sí. En cada vez más países, es así. No necesitan un motivo real, solo esbozar esa confusa noción de la sospecha. Y en el caso de que la policía ingresase a su vivienda a robar o a matar (lo cual no es inaudito), no se sorprenda si el eventual denuncio interpuesto no da sus frutos. 

Si usted vive en España, desde el 1º de Julio, no se podrá criticar gran cosa en las redes sociales ni en público, y menos a la Familia Real. Si usted lo hace, será judicializado como terrorista. Desde el atentado a la sede de la revista Charlie Hebdo (el 9/11 europeo), las comúnmente denominadas leyes mordaza han proliferado en Europa.

Si está usted en Canadá, le acecha la temida ley C-51, fiel copia de las ya mencionadas y de muchas otras que se extienden desde inicios de la década en todo el mundo. Francia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Brasil, Rusia, Venezuela, Turquía… muchos son los países que adoptan leyes abusivas e invasivas para, dicen, protegernos de los terroristas. 

El terrorismo está de moda. Desde luego, nunca fue tan fácil ser terrorista. Es algo que surge ya sin que uno se lo proponga. Es como cuando a uno lo matonean en el colegio y que lo impactan con un nutrido rosario de groserías.

Y sino, que se lo pregunten a las autoridades gringas, para quienes Arnold Abbott, un hombre de 90 años que repartía comida a los indigentes en Fort Lauderdale (Florida) mereció varios arrestos por esa buena acción. Que lo digan las familias de todos los que ha asesinado la policía en ese país. Y por si fuera poco, el ejército estadounidense invadió Irak y hasta la fecha no han encontrado las armas de destrucción masiva que fueron a buscar en un principio.

En Francia, los líderes de los países que ahora están protagonizando esta deriva legislativa, enlazaron sus brazos y secuestraron la noción de la libertad de expresión entre velitas y farándula, mientras echaban al humorista Dieudonné tras las rejas por haber mostrado su desacuerdo con ese circo del Je Suis Charlie.

En francés, je suis significa a la vez yo soy y yo sigo a (Charlie), como un borrego. Somos “seguidores”, es nuestro lema: seguimos tendencias, trinos de Twitter. Y un twit, en inglés, es un cretino (como da fe de ello el libro The Twits de Roald Dahl, el padre de muchos otros mundos usurpados y recuperados). Twitter sería algo así como el cretinizador (esto ya lo dejó claro el cantautor belga Stromae).

Y en Google, cuando uno busca imágenes de libertad de expresión, generalmente salen estos gobernantes, en ese día en que salieron por Paris seguidos de filas de cretinos, con las cabezas hundidas en sus pequeñas pantallas. Y es mentira, ya no hay libertad de expresión; como tampoco hay memoria, ni concepto, ni propósito, ni creación, ni rincón del mundo que no se hayan apropiado, que no hayan transformado a su capricho.

Y vienen por nosotros.

¿Qué será de este blog? Ni Hitler ni Mao tuvieron GPS. A este blog, por el momento, lo salva el hecho de que quien lo escribe no es nadie, que nadie lo lee. Pero las paredes se van cerrando y se instala una claustrofobia planetaria. Cualquiera tendría ganas de irse a Islandia… allí donde metieron en la cárcel a los banqueros que querían pasar el costo de sus propias crisis a la población.

Hace aproximadamente una semana, empezaron a aparecer testimonios, fotografías y videos de lo que parecía ser un ejercicio militar de dimensiones sin precedentes en algunos estados del sur de los EE UU. Al tiempo, Rusia realiza el despliegue militar más grande jamás conocido en el Báltico mientras anuncia nuevo arsenal nuclear, superior al de la antigua URSS.

¿Qué está pasando? Vienen por nosotros, repetimos.

Observemos como Hollywood siempre ha tenido tendencia a predecir el futuro y, sobre todo, a preparar a la población (convertida en público de seguidores) a cualquier posibilidad. Nuestra insensibilización a una avalancha de terrorismo y sangre sin sentido filosófico (solo es escándalo porque nunca hay historia, ya que en Shakespeare, por ejemplo, también hay harta sangre pero con sentido) solo induce a la indiferencia frente a una realidad que está calcada en las películas, y nos aleja del prójimo.

Lo que sea que vaya a ocurrir, se van a ocupar de que no lo podamos contar. Lo que sea que se prepara, se parece a alguna o varias películas que ya hemos visionado, que están en nuestro subconsciente. Nos han preparado para esto y nuestra pasiva mediocridad, nuestras guerras internas, nuestros prejuicios, nuestros intereses y prioridades individuales, nuestras actitudes – todas ellas denotan que estamos listos.

No nos podemos dejar avasallar por el fanatismo y la anticonstitucionalidad. ¿De qué, sino, habrán servido tantos siglos de lucha para emancipar a las mujeres, a las etnias, a las orientaciones sexuales, a las orientaciones políticas? ¿Todo esto, para nada? Cierto es que la historia está hecha de ciclos sucesivos, progresistas y luego reaccionarios; pero las consecuencias, ya de porte medioambiental, se han salido de toda proporción humana.

Por eso, y antes de que pase, solo quiero dejarle claro al policía que se le ocurra invadir mi morada, que llevaré mi defensa hasta las últimas consecuencias de vida o muerte. Y lo juro solemnemente. De paso, reitero que no reembolsaré los más de 15 mil dólares completamente imaginarios que debo a un banco en Canadá por el pago de mis estudios ni lo que debo a los bancos de Inglaterra por la misma razón. Fuck you all!

Parece mentira: es ya el ocaso. Muchos morirán en un cine, con las pupilas titilantes, sin haber sabido de qué. 

16.6.15

Leyes de mangosta
















Habiéndose estudiado el lenguaje vocalizado de ciertos tipos de mangosta endémicos del continente africano, se ha llegado a la conclusión de que éstas ya forman y comprenden frases cotidianamente desde su más temprana edad. En un reciente documental de vulgarización científica de la BBC, se revela que cada mangosta del grupo tiene un nombre propio que adjunta a un verbo, lo cual permite saber al grupo el reparto de sus actividades y las localizaciones de cada miembro. En todo sentido, queda claro que han desarrollado un lenguaje complejo con el que rigen una sociedad rica y equilibrada.

Cabe preguntarse hasta dónde llega la denominación del lenguaje y si las variaciones de calor del sol en sí, por ejemplo, al poner en marcha un sinfín de procesos, no significan también un lenguaje. Y es que todo comunica, aunque lo que más nos impresiona como humanos (perdidos como estamos en las ramificaciones de un lenguaje cada vez más estandarizado, controlado e ineficaz) son las manifestaciones del lenguaje complejo en el reino animal que más se asemejan al nuestro, en las que quisiéramos ver lo que llamamos alma.

Al humano soberbio, obseso taxonómico, sapiens por definición propia, le sorprende aún que otros elementos definan el mundo; y esa sorpresa esconde el hecho que el humano se siente amenazado por cualquier noción que lo aparte de su privilegiada posición en una jerarquía de su invención. Esa misma jerarquización, se la inflige a sí mismo, mediante su desprecio masivo del ecosistema, mediante la esclavización constante (física o financiera, lo cual acaba siendo igual) y el afán de clasificar a los demás miembros del grupo.

Llama la atención hoy día la ambigüedad que existe en el lenguaje legal, especialmente en legislaciones recientes relativas al control y a la vigilancia de la población que están surgiendo en muchos estados del planeta. Algunos artículos del nuevo código de policía colombiano (que se aprobaría hoy mismo), sobre todo los que están incluidos en la sección llamada “Medios de policía y medidas coercitivas”, se parecen peligrosamente a la nueva ley C-51 canadiense, al nuevo plan de seguridad de Turquía, también del 2015, y a otras legislaciones mundiales que, progresivamente, han transformado los poderes policiales en una fuerza militarizada con tecnologías de alto calibre y claras ínfulas de privatización sistemática. Quizás sea de esta represión organizada que tanto se habla a puertas cerradas en las cumbres políticas internacionales...

En todas estas leyes, la vaguedad de ciertas terminologías deja incertidumbres, lo cual es una puerta abierta a la institucionalización de las violaciones a los derechos humanos. La libertad de expresión es algo de por sí demasiado difícil de definir: ¿qué, dicho o escrito en qué contexto, constituye una amenaza real? Sin las debidas  aclaraciones, la vía queda libre para interpretaciones individuales de la ley, lo cual es un ultraje a la naturaleza y al propósito de ésta, que debería asumirse sin privilegios ni ambigüedades y aplicarse en igualdad de condiciones. 

Pero volvamos a las mangostas: sus frases, a través de la evolución, desembocaron probablemente en lo que hoy conjeturamos como el idioma protoindoeuropeo, que fuera – a pesar de no haber rastro tangible de ella – la madre de todas las lenguas humanas. Es lógico que haya un parentesco entre estas mismas líneas y el cacareo de cualquier gallina – y a menudo el lenguaje humano se asemeja demasiado al de ciertos animales. El elemento donde parecen diferir es precisamente su capacidad de abstracción: el lenguaje animal suele expresar solo el presente mientras que el de los humanos está ampliado (o disminuido, según se mire) con proyecciones, abstracciones, dudas e inferencias.

¿En qué, si acaso, nos han servido estas protuberancias del lenguaje? Los animales también saben formular preguntas y oponer conceptos, aunque no hay prueba de que pongan en peligro al ecosistema al hacerlo. En contraste, el lenguaje humano ha sido el principal motor del llamado progreso técnico de la humanidad, así como ha tomado un valor sagrado (todas las religiones se basan en una palabra divina). En base a estas características, el lenguaje se ha convertido en un complejo instrumento de imposición/oposición y se ha ido alejando de su calidad descriptiva y de su poder de generación de imaginarios.

El declive artístico, la deriva estética de nuestra civilización se deben principalmente al empobrecimiento del lenguaje en manos de tecnocracias materialistas que manejan un proceso severamente asimétrico de mundialización. Para quienes orquestan estudiadamente estos esquemas, la explosión demográfica mundial y el próximo agotamiento de los recursos que requieren para prosperar en sus negocios, representan problemáticas cruciales que están buscando subsanar por todos los medios. La presente situación geopolítica del planeta se debe en gran parte a una reorganización necesaria para garantizar el éxito de sus planes. Obviamente, estos planes excluyen a buena parte de la población mundial.

De la misma manera que muchos conceptos de ciencia-ficción que pertenecían al patrimonio de lo imaginario están pasando a ser realidades, buena parte de aquello a los que estamos expuestos en materia de lenguaje recupera símbolos anteriores y los usa para programarnos con una utilidad ajena. Mientras Tom Cruise, el multimillonario cienciólogo que no envejece, aparece en una pantalla usurpando las obras de H.G. Wells o de Philip K. Dick, la población va olvidando poco a poco todo lo que vino antes.

Lo más probable es que, en nuestra desenfrenada carrera hacia un mundo segregado en todos sus parámetros, estemos instigando nuestra extinción. Pronto, un poco como con la neolengua de 1984, nuestras conversaciones estarán esterilizadas en contenido y aseptizadas en propósito: quedará poco por decir y habrá pocas ocasiones para decirlo. A juzgar por el contenido de muchas letras de música popular, del pop banal al siniestro reggaetón que hace mella en toda cultura, en este mismo momento la gran mayoría de humanos no tiene mayor necesidad discursiva que la de un hatajo de mangostas. Pero, a diferencia de ellas, nosotros sí le hacemos daño al prójimo.