BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

7.5.10

Canjear un choque


Debes frenar mis sienes
donde fingir no es debido
quebrantar
con en el hartazgo de los soles
la cuenca abrupta
de mis pasos.

En espléndidas terrazas
doy por perdido
el propósito inicial de las lombrices
y su mágico malestar
hasta mis hombros.

Parece ser un monte de habladurías
un faro tan distante como el alba
un parangón del agua quieta
parnaso de los que nunca volvieron
y fueron siempre un hito clavado
en la espalda.

Pero en auge siempre se habla
del que no da mas
aquel que muerde al perro
aquel que el perro siempre sabe
cuando llega.


*

Musgo queriendo crecer de los hocicos
cómplice arraigado en los canales
complicando con las carnes y las sobras del cocido
un aire de pañales
que se va despedazando por la calle
con un bastoncito.

Muelles de ocio, donde atisba la sed
y se quiebra el hoyo fértil de las caricias
concebidas
de un precipicio a otro
sin contar los puntos
ni las canicas.

Punzar la fe
con las espadas de cristal.

*


Y que se vayan los vientos
que no los quiero ver
y que se mueran las aves.

Y que al vengar el paraíso
no se nos escuche
y que la oreja se cierre.

Y que se traigan dos velas
A ver cual llega primero
Y que se apaguen las llamas.

Y que se callen las calles
de sus murmullos dormidos
y que se duerman los monos.

Y que se lleven el aire
de tantas respiraciones
y que se quede el vacío.


*


Lo menos probable es la muerte
y sus biberones que se consumen siempre
como un amago de frutas en el desierto
pariendo a gritos
que ya no saben que quepo en la ansiedad
que puedo entrar en la distancia
como por una puerta
dejando atrás el pelo y las macetas
los espectros de la concurrencia
y los anillos del pueblo.

Lo mejor es dejarlo para otra vida
o dejar de ver osos
donde no los hay
ni que hayan venido a colarse en el caserío
rumiando entre contenedores y basura
padeciendo
todo el ser increíble de la estancia
en el foro del transeúnte antiguo
en la verdad horneada
aderezo del no saber qué hacer
con un abanico.

Lo más atrevido seria la pereza útil
y el aquelarre de parias llamando a madre
con ramas y frutos
con el paseíllo característico calcado en los pies
a cada frenillo y martillo
a cada hez
responde un bosque
y otro vergel se añade con sus vituperios
y sale un atún y otro pescado
y hasta un astado
y sale un insecto peludo
y dice que sabe a cada piedra que se ha comido
que su barriga le duele mucho.