BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

8.10.10

De bruces y trizas


España, me curtes. Por ser milagro convivido, reto desnudo al paso de nuestros fervores. Volver a girar las tumbas. Nadar en una vocecita acondicionada, las manos prietas. Por ser lodo de mi niñez y por no querer enjugar mis lágrimas. ¿Cuándo te veré, país de bruces?

Si no me has amedrantado en la conciencia de tu hito, escúpeme; que vuelvan a mecerse los últimos árboles. Hoy grito y espasmo, sobrado de las deudas de los dioses, mañana el pesar de plomo, a pinceladas de silencio cargado y de las espumas de nuestros sueños.

Una nación parada – en el almijar. Un destello de llantos arrebatados al último moro, ya ni aire queda de sus pulmones emaciados. Pero resuena el centello en la retina, se gastan las bromas, se usa el tiempo. Y tan lejos me curtes, me oreas y te oro, me mandas a buscar y te encuentro plagadita de funcionarios. De hombres y mujeres que me piden explicaciones.

Me toreas y soy toro. Me mareas y muero del mar que me meas. Más largo es el atardecer cuando los rojizos carnales del cielo arisco se te suben a las pestañas. Ya vas pensando en la noche, España, y en la venganza de los continentes que decimaste. Esto por la Inquisición, esto por los fachas, esto por la vergüenza de los asesinatos y de la tierra árida.

Hay en ti costumbre melancólica, agonía estudiada y docta, cruce de desfachateces. Curso, en tus ríos indómitos, el sentido de la marea. Cuando el mundo falla, y que su alambraje tambalea, hay en ti trípodes que fijan la gravedad, hay en ti equilibrios sin salida.

Hay en ti tumbas vivas y mundos muertos, deambulando. Tus colores funcionan. Tus albores enfogonan. Tu piel no miente. Y es así, de arrebato, con los reveses históricos acumulados, como se levanta la cabeza. ¿Cuándo te veré, país de trizas?

No muevo un músculo sin que me lo pidas, España. Que sepas que mi llanto es por ti, que mis flores son tuyas. Para nada sirve, España, lloriquear como un borriquito, que no somos todos Platero. Y yo, tan lejos de fructíferas tierras, encaramado y hediondo. Para nada sirve un precio tan absurdo.

Que si me gritas te mato. Que te arranco la cabeza, que te la secciono del pecho, que te hurgo el corazón como una hiena. Y el horizonte aquí no es sino un hilo que separa al mar, y donde vuelven los siglos a empaparse de sal y de sangre, leucocitos y piedras.

Parece mentira que Franco haya muerto, y que siga yo exilado. Como si lo hubiese conocido. Al amiguete le habría pasado un cuchillazo, limpio, a tajadas, de dolor agudo y fulminante. Los garrulos hípicos que se dan al mus, Ducados de pecho, al salir de la obra: estos Quijotes fenicios. Para nada sirven.

Se sienten, coño.
Soy como esa casete encima de la cual se sentó el director de RTVE cuando llegaron los de la acorazada de Brunete. Se quedó sentado encima de la casete y cuando se fueron lo puso en la tele. Para que vieran el recochineo, y los picoletos histéricos. El horizonte esta empapado de ayuno.

Saber desde cuando sube al monte, desde cuando las liebres la despistan. Desde cuando la desgarran los etarras, desde cuando la acosan un par de cuernos y un mal vino. Ay. Si fueras urbe gitana, ingle de Europa, garrote vil y manos blancas, no te querría menos. Ni es orgullo ni es cuchillo.

Malhayan los ojos negros, orbitando el palacio asediado. En público, con todo el peso de la ley, me exhibo como un tesoro nacional fuera de casa hasta que se le reviente la vena mayor, hasta que se le abra el sueño. Hasta que pueda volver, maltrecho, al lodo. Al lodo rojizo de nuestros crepúsculos.

No hiervas impaciente, ahora escalda.