BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

17.7.11

18 de julio: desde las cunetas


Fue un sueño. Un sueño que me cegó en mi juventud (esta vez) y que, sin lugar a dudas, segó mi juventud (la otra vez). Es porque hubo dos veces. Veía como me mataban unos pistoleros, el sueño volvía una y otra vez a despedazarme los dieciséis años con una precisión absoluta, de metrónomo. Hasta se olía en el viento un aroma difícil de falsear, se veía el sudor en las frentes de mis asesinos, se reconocían fácilmente todos les detalles de la realidad que ignoramos despiertos. Por el día, llevaba el sueño acuestas como si me acordase del desayuno, estaba pálido nada más de pensar en ello. Uno de estos sueños nítidos, que solo se pueden tener cuando se es virgen, uno de estos sueños fatídicos que quieren decir algo y que nos empeñan la vida por querer descubrirlos. Siempre he creído que se trata de mi último yo, intentando comunicar con este mundo, para que se encuentre la fosa donde lleva pudriéndose tres cuartos de siglo. Desde mi exilio, el sueño ha cesado, ya no me atruena más. Igual han abierto su fosa, y ya está tranquilo, o bien fueron mis hormonas quienes me engañaron.

Años después, hice una pintura de aquel sueño, con la deformación indefinida del tiempo, con la limitación de mi pincel y de mi técnica, con la contrariedad de la memoria ajena en el inconsciente colectivo. Y pienso en el juez Garzón, el pobre diablo, que nunca tendrá estatua, machacado legalmente por los fachas, intentando abrir fosas, y hago vínculos, y pienso que los cientos de miles de almas que están por las cunetas de España, deben de estar revolcándose de asco, pidiendo a gritos que descubran los cadáveres, buscando paz. Mirando mi pintura, me doy cuenta de un detalle que se me ha escapado en todas estas décadas, y que mi inconsciente ha reproducido en la pintura. Y aun así, no me había dado cuenta hasta ahora. El soldadito que me mira, que me interroga ya sin ojos, al lado de la vía del tren, tal y como lo vi en mi sueño – es un soldado republicano, es un miliciano. Si de verdad me han matado en la otra juventud que tuve, ha debido de ser por facha. Me asombro.

Hoy permanecen los búnkeres y las trincheras, se siguen secuestrando a manos blancas. Mi abuela me contaba su perspectiva de la guerra, entre secuelas que hasta me quedan a mí en el comportamiento, solo hoy lo sé. Mi abuela me contaba el punto de vista de todo el mundo – dejadnos en paz con tanta política y tanta mierda, que tenemos hambre, y comeos las puñeteras lentejas (las comes o las dejas). Y había de todo intentando sobrevivir, intentando continuar la vida sensatamente, y esos son los héroes y las heroínas, y todos tuvieron que asumir algo que no les apetecía hacer, algo que no les interesaba. Solo pelearon cuando los muertos se multiplicaban, cuando eran peleas de calle, señoritos contra gentuza, himno contra himno, a bala perdida. O peleabas o te mataban los de tu bando, asimilándote al otro por querer vivir a tu manera. La gentuza lo eran todos ellos, y los inocentes siguen por las carreteras, bajo casas, en fosas comunes, presa de las lombrices, pese a Garzón y a los lúcidos. Así es el olvido. Y así es el odio que nos carcome.

Ya lo dijo Berlanga, gran genio de la otra España, antes de fallecer, que tuviéramos cuidado, que las circunstancias que desencadenaron el conflicto civil se estaban reproduciendo alarmantemente bien por estos tiempos. Entre Latin Kings y Ultras Sur, Ñetas y fachas, ¿Quién se va a acordar? ¡Si entre ladrones llevan años reventándolo todo, casi como queriendo dar razón a la facha como una regadera (la del Valle de los Caídos en los setenta, que está por todo YouTube)! Nos están destrozando todo… – decía esta franquista neurótica, y hasta allí la muy cerda tenía razón. Es una desgracia que ni siquiera se pueda hablar libremente de memoria histórica, es darle razón a Berlanga que nos vamos para otra.

Spain is different: España no aprende. Un país en el que Fraga, ministro de Franco, se ha podido quedar a sus anchas, donde el partido que creó se puede llevar ahora las elecciones hasta marchándose de vacaciones durante la campaña electoral, un partido que – cuando gobernaba – lo sabía todo del 11-M. Chávez tenía razón, y tampoco es defenderle, de llamar a Aznar un criminal. Pero tampoco se puede hoy por hoy defender el socialismo, ni confiar en la izquierda espontánea del 15-M, ni en la derecha monárquica y recalcitrante, ni en los militares americanizados desde el Ike hasta el Ikea, ni fiarse de los medios de comunicación ni de las empresas asesinas de la vida real, monopolios del olvido común. A ver si va a ser verdad que a mí me mataron por confundirme con un facha en esa guerra. Desde luego, en el estado (José-Antonio) presente (sic) de mi existencia, a mí se me confunde demasiado con un facha, y también con un anarquista. Es bochornoso, pero solo es sinónimo de la confusión mundial, y esto no solo ocurre en España.

Dieciocho de julio, bodas de brillante de las balas. Un escalofrío acecha, España en vilo siempre, por democracia o por fanatismo, por lluvia o por sol, en vilo siempre. Siguen vivas las diferencias, único país del mundo donde todavía se puede alzar el brazo en saludo fascista, legalmente. No es por antisemitismo: se odian entre ellos. Esto nada tiene que ver con los demás, esto es entre españoles. El odio, la sarna, que por cojones tienen que ser inventos españoles, siguen erguidos, comiendo carne. Ahora la inmigración: ya lo he dicho que es castigo histórico este tsunami de éxodo. Lo que España se comió se tiene que comer a España: a quien no le guste, que se lo agradezca a la iglesia. Desgraciadamente, va a ser una catástrofe de racismo la que se puede desatar, entre unos y otros, como si alguna vez hubiesen estado en paz. Qué lástima, llevan peleándose (por poco o nada) desde la conquista de América.


Miro largamente al soldadito de mi pintura y me pregunto si él habrá tenido un sueño a su vez, durmiendo en el barro entre trincheras, un sueño que se parece a mi vida, que se parece a mi muerte. Quizás haya visto algo que yo no veo, y que sin embargo buscaré siempre.