BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

3.7.11

Culo al sol


Fue el día en que desclasificaron a Plutón como planeta: hubo todo tipo de revuelos periodísticos, de hazañas de vulgarización científica y por fin Gustav Holst dejó de revolverse en su tumba por haber quedado incompleta su obra más célebre. Había estado en un plan violento toda la mañana, viendo desfilar noticias podridas sobre mi pantalla cibernética, y tras un acuoso café salí a la calle a buscar tabarra, porque trabajo ya no hay, si no es el de extirpar la gentuza, de castigar a los que nada les importa, a los que afeitan el presente de todo peso semántico y místico. Al tomar conciencia de la magnitud de la imbecilidad humana, hubo algo en mí que acaeció como un desprendimiento de terreno sin fraseo, volcándose por la cornisa. Ventrílocuo ya de los otros, ya de mi memoria, había entonces una mano en mi vientre que me transformaba en destello móvil, en urna justiciera, ambulante. Y así bajé a la calle, bate de béisbol al hombro, pero sin haber silbado nunca el Cara al Sol. Abordando e interrogando a los transeúntes, me di cuenta de que pocos sabían lo de Plutón, y que para ellos Platón era aburrido, que solo la plata importaba, que hasta el burro se había ido, exportado, que mi llaga era única. Intenté el dialogo, aferrado a mi lengua de enano, moscatel entre los vinos, vinacho peleón, rodeado sin visión periférica, escualo de saliva frente a los torsos perfectos. Me arriesgué entonces a ventilar cráneos, a abrir las ventanas de los cerebros, a despejar cabezas, a fracturar las cajas óseas de los prejuicios y de la mediocridad, a subsanar y a sanar en canal. Y oí cantar súbitamente, en la lejanía de la multitud rayada y riente, como los gritos de fe de una procesión despeñada:

– Culo al sol, con la camisa vieja, que tú manchaste azul ayer…

Y me convertí en ellos, ¡qué sueño!, y me dejé disparar en el cuerpo y amé las balas policiacas y fui – solo en el mero instante de mi muerte – feliz.