BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

11.11.11

111111


Hoy estamos sobrados de onces, situación capicúa por excelencia. Habrá que esperar cien años para poder escribir, legal y coherentemente, semejante retahíla de palotes en calidad de fecha. Se desprende del once mucho tarot, mucho simbolismo de la conspiración. Número primo sexy, de segundos del primer vuelo, de apóstoles tras el beso de Judas, del sodio, maestro, de salvas en funerales militares estadounidenses, de la hoja de arce de la bandera canadiense y de la base geométrica de su dólar así como de la estatua de la Libertad, infinito en euskera – el once es único y sorprendente. También obsesiona a los arquitectos del nuevo mundo, que firman a menudo con esta cifra sus perpetraciones.

11 de noviembre de 1811: independencia de Cartagena de Indias, segunda ciudad en hacerlo solo tras Caracas. Ahora Bolívar no es más que un nombre al que se le ha arrebatado la rareza del diamante que otrora le animara, Bolívar es una moneda devaluada, un aeropuerto, un colegio, un estadio, una recuperación más. Doscientos años de ilusión al dente, prensada por Cristos criollos a punta de machete. El hambre se dispara: el hombre dispara. Tanta muralla para protegernos de los depredadores del exterior, cuando resulta que éramos caníbales, y que el peligro radicaba adentro. 11 de noviembre: el cumpleaños de Dostoievski.

Me haría falta un papel, como el acta de Gobierno que los hermanos Piñeres y el Tuerto Muñoz hicieron firmar a los representantes de la corona española. Y con esto ya depondría yo a varios. Lo que hace falta es menos mafia mundial, menos moralización, menos crucecitas y un poco más de cultura. Solo con un poco ya habría diferencia. Y es que llegamos al día en que esta obsesión del siglo incipiente que llevamos acuestas como Sísifo (los que podemos) se inmola en su repetición esotérica de un número: el de los ciegos. Llega el 111111, como un tren nuevo y reluciente de las ilusiones de tantos gilipollas. Siete billones: ya llego el otro día un bebé que no lo sabía. Es que no nos morimos a un ritmo suficiente para equilibrar la tasa de natalidad. Somos el 500% (crisis de la vivienda en Groenlandia).

Me pongo nervioso cuando vuelo y los colores se disparan. Es un desastre arquitectónico. Y los velos se alzan entre intemperies para ver las arrugas del profeta. Vuelvo atrás entre los fogonazos de los alzados y esbozo un tumulto en mi retina. Todo se puede. Hasta anidar en los deseos de los otros. Hasta vivir sin miedo. Todo son proyectiles ardiendo que rayan el curso del zumbido. Creo entrever la podredumbre y la hinchazón en el vestigio de los vivos. Pero de tanto polvo alzado y de tanta cumbre evitada se puede lograr la erradicación de la anemia de tantos cerebros y el retroceso de la oscuridad que nos acecha.

Nicotina y algodón médico, para desangrarme con dignidad entre pasillos de indiferencia y vómito. De tanto fulgor y tanto ancestro se me caído el pelo. Cuando acabéis de cobrarme el mundo que os he preparado, dejad al menos una propina, no sea que os propine un guantazo, y ya sin guante. Con la angustia salen alas, y todos los hálitos de un pueblo erguido. Hay mucho escupidero público, y mucho merecedor de escupitajo. Aunque ya van siendo menos. Que se note que de tanto uno, nos va a salir un afán de comenzar. Y con ese afán en marcha, todo apunta a que algo acabará por comenzarse.

Todos se han puesto de acuerdo: la amenaza del tiempo, en toda su artificialidad judeo-cristiana, se ha convertido en un espectro real, peor que el de Marx. Ya casi está hirviendo la marmita, se ha estado cociendo en su sopa, su juguito de raíces diversas y de románticos cabreos. Por eso he cambiado mi máscara, soy el contrario de Anonymous. Yo lucho con mi cara. No soy el pueblo, el pueblo huele mal. Me han herido los calzones, entre arroces tibios que crujen al salir del altar del microondas. Hoy, hasta cierran las pirámides de Keops, por superstición en avanzado estado de monoteísmo. ¡Dios suyo, lo que he podido estar comiendo, carne y gritos!

De profesión: profeta, mejor que tú, vaticinio y rompecanis, pagafantas y soplapollas (se hace lo que se puede), mindundi y perroflauta (gatotuba, zorrofagot, amebabocina, pezvioladagamba,…), escandalizando imbéciles gratuitamente, sofismo o muerte, en fin soberbio ejemplar de humano neológico, barbarismos y grandeza casados por mi vilo cada noche, humanidad, por ti, tres kilos de patatas, no salir los viernes, renunciar al pedazo de trama Gürtel que enturbia la leche de mis cereales, y a tanto heterosexual decepcionante. Puto mundo. No apaguéis la luz, que tengo que revisar estrategias para que sobreviva el saber. Aunque el saber duerme. No lo despertéis.