BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

24.11.11

Guerra al Chupi Chupi


Durante mucho tiempo, pensé seriamente que ningún gobierno iba a intervenir, que se iba a permitir esta broma de mal gusto que se le está haciendo a la música latinoamericana sin rechistar siquiera. Y al final no ha sido Tipper Gore la que ha salido escandalizada, arrastrando con ella al Partido Republicano estadounidense hasta conseguir la censura total. No, han sido los comunistas cubanos, aquellos dinosaurios que parecen estar en el mal siglo con cada una de las torpezas políticas que cometen. Y es que han dado en la diana como nadie. Lo malo es que, con la poca credibilidad que tienen, todos estos argumentos se pueden venir abajo con todo el artesonado. En fin, al menos alguien ha dicho lo que yo quería oír. No, si al final voy a acabar de izquierdas, vaya cosa...

Así va la leyenda: el diario Granma, legendario periódico del partido comunista cubano, ha publicado este artículo denunciando la baja calidad así como la popularidad de un éxito reciente de reggeton llamado Chupi Chupi. El tío que la perpetra se llama Osmani, que rima con cani, y tiene el mismo brillo en los ojos que una vaca lechera. (A veces veo a tíos así en la calle y me dan ganas de eugenizarlos, por pura democracia. Yo soy de los que creen que los canis desean ser sodomizados violentamente, pero que son demasiado tontos para darse cuenta. En todo caso, es lo que se merecen.)

Resulta imposible escoger una cita del artículo del Granma, siendo tan crucial e acertada cada una de sus frases e ideas que sería necesario reproducirlo al completo (vivan los hipervínculos). Pero de caber resaltar una, sería sin duda aquella de: Promover manifestaciones tan inadecuadas como las que nos ocupan, significa regresar a instintos pre-humanos, contra los cuales lo mejor de la humanidad está luchando desde hace siglos. Así es: el reggeton es para subhumanos, cromañones y gente atrofiada por las drogas artificiales.

Yo también fui joven, y no quiere decir que ahora sea viejo. Si hay alguien progresista y revolucionario, con ansias de pionero y las pilas puestas para el futuro, ese soy yo. Pero esto que escuchan muchos jóvenes hoy en día, aunque suene calcado de un carca de cada generación: es una verdadera porquería. Desde el punto de vista de la música profesional como amateur, y considerando todos los avances de la música bailable o popular que se han hecho desde hace un siglo, solo se pueden analizar estos reggeton, champeta, crunk, etc. como regresiones desde la música hasta el ruido que la engendró. Es decir, se ha vuelto a la cueva musicalmente. Y los textos, con su sexismo categórico y vulgaridad banal, tampoco van más allá de la Edad de Piedra.

Esto es un peligro mucho más para la cultura latinoamericana que para la norteamericana, que ya casi está muerta, y cuya única riqueza será el abono que dejé al palmarla. Resulta inaudito que un continente, y sobre todo esa isla, que son monumentos vivos del mestizaje musical, de la riqueza, de la sutileza, del erotismo artísticamente profundo, del color, del dinamismo, de la polimetría (rítmica en cruz), de todo esto, plasmado magistralmente en la música de todo un pueblo, parece inaudito, digo, que caiga víctima de esta ola infecta. A mí me parecía que aquella cultura, por ser rica y fuerte, diversificada, no tendría razones de pasarse al enemigo.

Cuba ya no es un país tan dictatorial como lo fue. La prueba es que han dicho que no van a prohibir la canción; está claro que han aprendido que todo lo que se prohíbe se hace más fuerte. Abel Prieto, el ministro de cultura, ha afirmado que se luchará contra esa moda con toda la tradición musical cubana. Eso es lo que diría una persona sensata, como la ilustre musicóloga que escribió el artículo. Pero esa parte mía que no es sensata y que ha odiado a los canis desde que aparecieron disfrutaría enormemente de ver como todo el peso de la ley de un país se abate sobre estos artistas de pacotilla y sus zombis de turno. Y ya puestos, si en Jamaica alguno acribilla al Sean Paul y a toda la panda de homófobos hijos de puta que secuestran las radios con su flow mongoloide sin saber escribir una sola nota, nos van a hacer un favor a muchos tímpanos del mundo.

Siempre lo dije: dictadura artística. Imponer el arte al pueblo es esencial porque, sin lineas directivas: ¿qué escucha el pueblo? ¿qué lee el pueblo? ¿qué hace el pueblo?... Este reggeton es peor que Céline Dion: los carrozas al menos no hablan de violar a mujeres en sus canciones, y a Céline no le hace falta un vocoder. Este reggeton, y (casi) todo el hip-hop, es un excremento adinerado que nos embuchan a ciento veinte cucharadas por minuto, y que poco tiene que ver con la μουσική (el arte de las musas). Hay que cargárselo como sea, y estoy en ello. Probablemente no veré el fin de mi labor, pero sé que no estoy solo. Y ganaremos. Músicos del mundo: uníos contra esta ignominia. No toleraré un segundo más que se destroce un legado ancestral desde Guido d’Arezzo hasta Tito Puente, con tres gamberros y sus botoncitos.

Os declaro la guerra.