BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

25.1.12

Primera tregua


Ingreso en la barbarie perpetua. Sus densas alas me mienten, sin ser sabidas. Me licúo en la aldea del sabor, sin ser sabido. Quise aprender el hielo, de inmensas nieves flanqueado. Y enflaquecí de hornearme, de guisarme desdichado. El mundo está sucio, no queda duda. La maldad humana, desbocada, deja estragos en los pulmones del planeta. Debería renunciar al desafío de la gangrena vital, a la cantilena rabiosa de la carne. La emergencia surge donde ya no hay botiquín. Soy testigo del azufre – lo traigo aquí conmigo, escueto. Escupo la fiebre ajena y, con pinzas, me van sacando. Gano a las garrapatas, a los coroncoros, a las cucarachas que me invaden la angustia. Soy el tejado de tantos fuegos, ahumándome sin parar. Me disuelvo en cumbres, no espero nada del cielo. Amo estirar a las bestias en todos los sentidos, mamarracho. Tengo la habilidad de ser bruto y de lamer. He lamido tantas farolas, aceras y rostros que no me acuerdo de mi lengua. Soy quien quieren que sea, soy soportal por ser menester. Invado treguas, pasado tras antepasado. Travieso, atravieso. Quizás la barbarie aguante y aun esté allí cuando yo sea grande y frío. A través de todo vuelvo a morir. Soy uno de los genes exactos de la podredumbre. Y el conflicto ayuda, crea, hace nacer. Lloro la bondad y la belleza. Una lágrima que cae es un anuncio de mi presencia inminente. Pruebo la patria y está agria, pruebo la patria y está ácida, está fría; pruebo la patria y está picante. Quiero, con los ojos, con los oídos, con la nariz, hacer algo por ella, sacarla del vicio humano y del desastre. Quiero hurgar los husos para dar la hora, reiterar mi sangre dulce y mi agua salada. Quien hurga mis huesos aprende, dobla esquinas. Quien se aparea con el demonio solicita la estrechez de las caídas. Quien abre, lucha; quien cierra, espera. No me gustan los puños, pero debo recibirlos, encajarlos. Ellos me hacen recobrar la ciencia de los latidos perfectos. Esto no es una crisis, al abordaje.