BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

25.1.12

Segunda tregua


Es una grava bastarda, que se intuye pedrusco y se inyecta dioses. La presión se abre, es excelsa. Montañas de necios ardiendo, cordillera de llagas. Sé que estoy preso de la vida misma, espero la reputación de la muerte. Aquí no viene, llego yo a ella. Es la destinación desatada, una dimensión apresurada del transporte. Pero cazar emociona, libera del ansia perecedera de la perfección. Aprendí a caer bajo, a buscar el ninfo que fui. Instantes de pereza todopoderosa, gracias, gracias. Al subir a nubes desiguales, retiro la mirada. Es mejor, ya entiende. La velocidad no funciona, solo sirve para los hinchas, para las canchas, para las manchas bajo los brazos. Aún no he aprendido a trazar el aseo espectacular de mi expectativa. Presto a quien lo quiera el musgo de mi vida, para rasgarme de anhelo. Es un sistema cerrado, paramilitar. Se agrede a los que no demuestran cariño, se quema a los que lo hacen. El mundo debe morir pronto, sino será condenado a la vida. Paseo un poco, me arde. Todo negocio es ilegal y fomenta odio, oscuridades selectas. Todo lo que está bien pagado hace sufrir, presenta su renuncia. No me merezco más que el hígado pastoso de una familia delgada. Obviamente, la euforia pasa. Se mete un pájaro estriado por mi ventana, chifla un vómito fugaz y melódico. En él caben todas las sombras. Las hembras se callan, embriagan al cielo. El furor me pertenece y la ira. Iré allá donde me siembren, con o sin aliados. No sabré cerrar, sabré estar solo. Multiplicaré la inocencia por la labor. Grillos enturbiados me cuecen en cabeza. Me advirtieron repetidas veces que la tranquilidad también asesinaba agriamente, aunque no fuere a cuchillazo limpio. Y saber escribir. Ser susceptible del desarrollo mental, como cuando se estrena el arrullo, cuando se estrella el ayuno. Anomalías perceptivas, eso es lo que me importa. Consejos perdidos, inutilizables por el futuro, cangrejos morales. Respeto a Jesús, pero él no me respeta – me ametralla de hez significativa. Hasta ha doblado agua por mí, doblegado moléculas perfectas. Ha logrado convencerme de nada. De nada, digo – y gracias. Me espera el terror que ha desatado por mí en el cielo. Es el imperio de tela, la cumbre del asco. No hay nada bonito en este mundo, solo nuestra percepción, solo nuestra caballería en tránsito desnudo. Navego trastornos, transporto. Repito reposos, arriesgo alegrías. Que hagan lo mismo, que luzcan, que reluzcan. Que se traguen los abrazos hasta atragantarse. Que manoseen, que payaseen, que compadezcan. Que sean falsos los testimonios de la podredumbre. Que rompan filas, que hablen. Que los rastros del cielo sean lógicos.