BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

10.3.12

Carta ajena


a los tartamudos estratosféricos
encaramados de raíz en sus tinieblas beneplácitas
con hocico musgoso en rebusque del troque holgado
ya de cara a la blandura eterna que se tiñe y que se tañe
en cada esquina por las caras del pasado y sus callejones
y por los chismes eméritos que se entrecruzan
entre cangrejos chepudos y motos a mano alzada
con incipiente veneno e hincapié en los apellidos
y en la tez vanidosa del que vino a robar

a los champetúos virtuosos
desvainados de entrepierna y con roces de tracas
entre las mejillas al carbón naciente de carretas lentas
achicharrados por el estremecimiento de la ciénaga
astillando un lenguaje sin dentadura ni tregua
hecho de envidia y toros salvajes subidos a una buseta
por el auguro entre manadas de sus tabúes repletos
con pesadillas sísmicas entre la muchedumbre despierta
que se espabila de hambre con agridulce humor

a los indios motilones
chupando tinto entre las cañas de un virrey
con vientre lampiño y nalgas esculpidas de oro
y esas traviesas dentaduras de hojalata y parafina
caminando por aceras en descalabro y cornisas peatonales
por desfiladeros de cemento y roca ríspida con sus termos
acuestas todo el peso de masacres acaecidas y de imperios
de los cuales no han retenido un solo nombre de asesino
aunque sigan vendiendo por tres pesos su legado

al turco y al europeo
que huyó de tantas tétricas deportaciones
con alma de almacén y miel de orfebre en la piel
buscando cobijo entre crestas de olas y cruceros
por carga y descarga de genética y almuerzo informal
por cuanta fruta nueva cae del árbol perfecta
y se lleva el difícil peso cortante de la dentadura
por los pregones callejeros en la nueva lengua franca
y que ni islam ni pericias supieron amainar

a los cauchos inmóviles
cuyos troncos se derriten hacia el asfalto fangoso
testigos de algún negocio alterno entre la quietud de sus hojas
en cuyo cimiento se hospedan orines y sueños de dengue
protruyendo con sombra sabia del suelo empalagado
y en cuyas ramas se esconden las sádicas mariamulatas
en la espera retorcida de algún ingenuo canario
al cual despedazar con garra vil y elocuente jarana
hasta caer fulminado el triste pajarito

al polocho enclenque
que con su mapa erróneo y su cheque chiquito
conduce al seco raterillo hasta la salida más cercana
aquel que hurta y fleta lo que le viene en gana
y jala más brillantes y cadenas que una urraca en celo
que se despierta tres quince en una playa mal aseada
con vidrios partidos en su derredor y más de una fulana
que sangra arena por el pecho cual vertido
de petróleo al levantarse de su siesta intransigente

al cura impasible
con su necia terquedad y ojitos en blanco
descollando sermones entre espigas del vertedero
con herencia de impostura e imponente volumen
bajo el brazo flacuchento y remilgado
despotricado de limosnas y de riñones vacíos
con la sotana manchada de un jardín de inquisiciones
y las excusas atrancadas en la febril garganta
estrangulando poco a poco la seriedad de su cuento

al desgarbado pandillero
abierto y rajado de ojos y hediondo de mil mercados
que arrolla con sevicia al mismo pobre y hasta a su madre
al que cruza la acera sin saber dónde está la frontera tibia
y que es muchacho sin futuro por decreto judicial
y que merece un balín en plena frente para vivir en paz
él y todos los desdichados que le bailan la champeta
porque degüella la oportuna estrella del presente
y ataca por la espalda con un puñal por delante

al político empedernido
distraído con sus tareas de fasto multimillonario
que se acoge a la vergüenza heredada sin conocimiento
y pretende que los abucheos no tienen razón de ser
que infiere e interfiere entre proyectos fantasma
ennegrecido de riquezas que le llegan por los flancos
en un sinfín de ultrajes perpetrados por los blancos
con la sien entrecosida y acongojada de espantos
que no se atreve a embestir y lame por los costados

al magistrado ileso
que se viste de orgullo con cúmulo de heces por diploma
y que va arrugando encuestas con un apedreo diario
apisonando estigmas con cruces de plata y ley
soltando a cuanta turba por cien barras
bajo el innoble embuste del que clama humanidad
siendo en su vida maniatado y víctima de ociosa vanidad
con guardaespaldas propio y carro oficial blindado
sentado en un inodoro mientras dicta la injusticia

al narco de turno
sin importar el bando ni el color de sus sentencias
con sus lentes ahumadas y sus bullas infranqueables
y sus delimitaciones del terreno de envidia y flor
siempre buscando u ofreciendo la sangre de su hogar
con el machete chorreando de picaduras venenosas
rodeados de sal y hambre y de mujeres hermosas
con un desprecio ejemplar hacia el sendero de suerte
que se ofrece entre rasguños de política y de muerte

al turista desechable
con sus frías en la mano rumbo a islas o al casino
con ingrata manteca a su lado operada de los labios
perpetrando su destrozo habitual del hábitat de los monstruos
intolerante y ambiguo con sus látigos y billetes empuñados
empujando perico y pelaos al infierno como rocas
desempolvando narices con el viento a sus espaldas
desde la terraza de un piso elevado como un desafío
estrujando el anhelo de otros con su estruendosa codicia

a todos estos y otros
carta ajena les escribo sin rumbo ni mar ni botella
ojalá sepan establecer en la locura
una embajada de la belleza merecida y compartida
un cúmulo de confianza donde la fuerza apremia
y se funden los sollozos en mareas envolventes
como espacios abiertos generando lo útil y lo hermoso
en una ciudad de cónsules del milagro del mestizaje
apropiándose el cariño que tanto les ha faltado