BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

31.1.12

Le quiscale et l’alouette


On observe la grâce de ces gens se mouvoir, s’émouvoir, et ce sont des grands acteurs, de grandes actrices, dignes des plus hautes distinctions. Tout est faux, sachez-le – tout sauf leur peau, les yeux de revanche qu’ils tournent au soleil comme on tourne un bâton de sucette consommée entre ses doigts. C’est collant, ce n’est pas triste. Marie-mulâtres andins, déguisés en Jésus paupérisés, papaye en main, grugeant les trottoirs. C’est causant, ce n’est pas triste. C’est vite, vitaminé et sans relent. Ça parlotte entre glottes fricatives, dansant de la langue par images suggestives, à proximité de la luette. Elle est loin, l’alouette – en calvaire. Il y en a qui périssent par honnêteté, par étêtement, par entêtement, par endettement, par enchevêtrement, par évachement et par la fièvre jaune. Les mafieux abondent, les étrangers aussi. Tout est dangereux, la vie est dangereuse. La pluie est belle lorsqu’on est mouillé. Les reflux affreux des marées fluctuent de sel et de fruits avariés dans les nez internationaux. C’est un bordel à ciel ouvert, ouvert sur le ciel. On vit à vouloir, c’est ce vouloir qui fait vouloir vivre. Le futur est dans chaque bouche, affamée ou empiffrée d’un talc douteux. Souvent, les oiseaux reconnaissent les gens, les oiseaux savent. Entre opéras ailées, ils piquent les monstres à deux têtes, se les arrachent du bec. Les vendeurs de la rue font la compétition aux autres bruits, poulies du kitsch, stentors invraisemblables à la musique qui se mange, qui se paie cinq barras. Le pari premier était l’acquisition d’une personnalité unique, rêveuse, hypocrite et amoureuse du luxe. Elle est pourtant poétique, immensément curieuse, pleine de gestation. On entend des soûlons s’étendre en rythmes ceints. Les motos passent, partant les alarmes des chars – s’y cachent de nombreux criminels, sous le prétexte de la faim et du travail ardu. Le ciel s’érode et se dore, s’écrase rosé entre carcasses de caravelles submergées. Les requins n’attaquent plus les baigneurs – ils sont sortis de la mer. Ils rôdent, spécialistes. Il y a le bras long qui pendule dans la démarche des passants, journal à la tête pour bloquer la radiation céleste. Personne n’est pressé, personne ne dit rien. Là où c’est la guerre, la poésie devient enfin nécessaire pour protéger l’idée et – ultimement – pour protéger la vie. Oh, alouette, quel ennui que le tien! Voilà pourquoi tu es morte : personne n’a jamais voulu t’achever.

Qì para Olga


El espejismo importa. En rombos se achica la caída. De nihilista nada, de limbos tampoco. Arte y ¡ar! Los que generan costillas van de invierno, los que machacan relucen, en ásperos retrocesos. De alas fuerte, cargado de sangre, hematoma de vida, ambulante y regio. Toda la anchura generada por la hinchazón se descubre mujer, cuando acecha el bosque. Estragos de vigilante cabeceando en portería, celador del oscuro elemento que sirve de entrada al muslo de alguien. Ráfagas de musgo alentador, hirviendo en indio y en bantú. Se oprime el terso nombre de la risa. En su lugar se estremece la suerte, chiquitica su estrella. Tul azul, el baúl full de eso, lumbar. Cuan tajada se revisa el bolso en tándem, birlando el mango del wok. El guiso apremia, la iridiscencia de la llama confía en sí misma. Filo estudiado, corta. Ganas se tiene y de nada sirve. Surtiendo la nave misma, despertar filamentoso, resfriado bello. Crisis, cronos, rezos, rizos. Feria de alientos e irrupciones festejadas con lumbre. Tripas, trapos, tragos, trigos. Largo casar de parpados clausurando la óptica. Sin, con, fin, sin confines es. Inocuo, se lleva la brisa. Golpizas de felicidad, rotas en isósceles cuando nadie atestiguaba el corte. Navaja china, rotundamente afilada para desdibujar labios pegados o tercos. Estremecedor resurgimiento, para toda la vida ávida, vida a vida. Bombín estrecho, cae gracioso y se mueve bien, con especial holgura. Magma loco, febril ojo desnudo tomando notas. Poliglotía estéril, estrellada de bruces. Importante estruendo en la categoría difícil, con ánimo y ansias de barbaridad. Cero poleas, inversión. Ademanes y demás manes, mil maneras de adinerar el sollozo. Trozo de burla, archicontraretorcida. Concha, jopo, chucha, ley. Remilgue perpetuo, arcilla de la que cura, de la que rasca al cura. Alturas bochornosas, por estas. Por estas alturas bochornosas, arca rica. Loca espada que fulge y acaece, sobria. Tenaz consuelo, en las arenas contiguas al placer. Tropiezo y sarcina, cárcel sana y rima dulce. Los que rompen la estatua remiendan paredes, elocuentes con un mazo y un martillo aéreo. Los que la parten se pudren, hechizando juventudes desconocidas. Esos peinados, acérrimos, tautológicos, urgen crecer la raíz de melena. Hermosos postres, dispuestos en arco para la degustación extrema. Fallo mágico, divino. Vigas de amor que sujetan al vivo, goloso del mar. Pesadilla en jaula, bajo tierno control galardonado por computadora. Elenco de valentía recogido en la sed de siempre. Descalzo se gana, calzado se usa. Qué lindo es el perdón.

29.1.12

Yo soy Colombia


Yo soy el sufrimiento y la alegría. Yo soy la ley absurda del presente que nunca vuelve. Soy piedra y no olvido, soy surco de agua en la tierra, de tierra en el aire, de aire en el fuego. Mis agallas fallan, pero los puentes se alargan. Empujo la ola y logro la espuma. Vivo en el áureo resplandor de la orilla, ganando y perdiendo terreno. Subo y bajo con las mareas hediondas de la historia, en el flujo excelso de la sal. Robo aire veinte veces por minuto y en los pulmones llevo cicatrices del silencio ajeno. Me abastezco del ser humano y a él debo todo y todo devuelvo lo que tomé. En la espera, revuelvo el agua que soy, se me escapan las nubes deshidratadas de hambre. El trozo de vida que me toque, lo maullaré bramando, lo magullaré remando, sembrando descuajes y desguaces. No pereceré en la hoguera, ni serán trenzadas mis voces con las de otros malheridos. No permaneceré en los faldones del mundo, sino que multiplicaré mi estancia absoluta en los rastros de la tierra, festejaré las arrugas del deber. Toda virtud canta y yo canto sin nubes. No me hace falta torre de vilo ni templo de insomnio, mástil ardiendo en la cruz del imperio. La última vez que fui prudente, desaparecí de la historia. Esta madera de la que estoy hecho, machetazo selecto la colma, fuego le irrumpe, agua trasiega la envuelve. Cuando la tinta seque, seré feliz. En vuestras dudas me encastro, en vuestros sueños padezco, en los cálculos astrales explosiono y me sumo a la roca primitiva. Me ensangrentaré por codos y recodos, del ansia de cuajo nutriré mis días. Todo aquel u aquella que fustigue mi impulso, morirá. Seré el desechado, el desdichado, el deshecho, hechizado, travieso, feroz. Cuando vuelvan los veleros a robar oro, seré los cabellos de la bruma que confunde al timonel, me aliaré con los sentidos del planeta, me alinearé con los elementos para roer los piratas, calzaré el viento y los estancaré en ciénagas podridas. Seré la paz que le sigue a una muerte violenta.

28.1.12

Cuarta tregua


Memoria sin huellas: revienta el futuro con tu intuición. ¿Quién nos va a explicar las raíces del mundo? Habrá que ponerle una bandera al cielo, que bata pabellón luminoso. Robar silencio, soñar la rueda. Ser fruto y no semilla, escarbar milagros que den de comer. Untar bondad sobre todas las pieles. Redondear el infinito – firma del mar en la arena. Granito nuevo que finge la luna, amargura en pocillo grande. Lazos líquidos, libres, azorados por doquier, escorados por esmeraldas, azotados con esmero. Latigazo acuestas, latitudes ebrias. Esa espuma pertenece al ceceo salino e incierto, latino e intacto, de las olas. Marchar sobre ellas y no hundirse, látigo fluido. Esas manchas azuladas corresponden al asedio del agua al griterío y a la precisión perpetua. Al desprendimiento del deseo. ¿Cuántos vaivenes se nutren de esperanza? Pasto y suerte de dioses dormidos, encaramados al paisaje. Todo vibra, nada de esto pasará. Turba inmóvil que aspira al ascenso – vergüenza del presente. La fascinación se dispara por la cuenta ingenua de mareas, por el roce de los jardines sumergidos con los que emergen. ¿Cuántas perezas despiertan – algún día – del vacío que se les ha impuesto? Un gruñido hábil se yergue entre las voces, caldeando la orilla. Naufragios de piratas, útiles para el sepelio de la esclavitud. Fuelles y botones, rasgos de la voluntad, desperdigados por playas sembradas de cocos y cangrejos. Acordeones inundados, duendecillos zambos. Fértil relámpago desatando la brisa necesaria para iniciar la armonía, flamante y criolla. Hambre tiránica burlada por una música pluscuamperfecta. Resuello difícil, grietas de paz. Los tesoros matan, que se sepa al fin. ¿Quién resolverá el fantasma del último imperio? Solo arderán las palmeras cuando se rompa el exceso. Solo se robará el oro cuando tenga valor. Solo se logrará el paso del mundo con la disciplina de la belleza. ¿Cómo se le dará vida al acorde nuevo que sangra del casco de un galeón? Con amor, sin orígenes. El vallenato también es alemán y siempre gana. Concierto de gritos, desconcierto de susurros. El mundo está mal: cada vez van pagando más por hacer el ridículo.

25.1.12

Tercera tregua


Soy como un rodaballo herido, angosto de pecho, corto de soplo. Soy un pargo feo, de ojo asado, de cuello ciego. Soy el último marisco del mar, de un acuífero sin oxígeno. Pierdo porque todos están equivocados. Qué estúpida es mi laguna, qué vergonzosa es mi calle. Me han boxeado el rostro a punta de anzuelo. Se me asimila a un vástago del esgrima. Se me culpa de honestidad, de integridad y de alergia. No escribo felicidad, ya que la vida no es bella – es necesaria. Lo que no se sabe es para qué. Por eso somos peces muertos, en el plato de alguien, en el menú de alguno, en el estómago mugriento de algo. Me han cesado la vista, me han negado el cariño. Creo en la punzante realidad del acero inoxidable. Creo en las estrellas móviles y en el sol maligno. Creo en mis balazos a diestro y siniestro. Creo en la invariabilidad de mis piernas, sujetando el alba inútil de mis besos. Sorteo la suerte, en el imperio de las caídas, por semejanza marcial. Rompo las palabras por el himen. Abrazo la escueta columna del deseo. A ella se han ceñido las labores del agravio. Las fronteras cantan, no es coincidencia. Soy impermeable a la alcurnia. Seductor alado, me muero siempre en vida, enfrentando el silencio. Las astas tumbadas del tesoro mugiente me hallan esbelto, valiente pero plegado. No soy la fuerza – la fuerza está detrás de mí. No soy el pozo – soy la profundidad. No estoy – soy. Cicatriz invertida, aparezco con la edad. Nievo con fuerza, lluevo con fuerza. Permanezco. Y en la piedad sé insultar a los dioses. Los traqueteos persistentes de mi tren, molestos al tímpano virgen, son música para los tontos. Tropiezo erguido, caigo estirado, subo de paso. Detengo al paraíso por exceso de lubricidad. Alquilo el infierno por hora. Increpo al orden paupérrimo que nos entorpece. Constato el desastre. Solo se puede celebrar la desaparición de los milagros. No podremos volar. No podremos nadar. La viudedad nos opone. Pelear es inútil. Lograremos solo la ira ajena con tanto esfuerzo. Descubriremos solo la lujuria de los becerros, la persistencia de los imanes. Ganará la tierra. Ganarán los elementos. Los resultados nos decepcionarán porque nunca seremos neutrales. Somos garabatos, simios de calcio, obsesionados con la vida. Pereceremos con angustia, soñando el oro. Seremos muiscas enlatados, esquimales en conserva, partos de aceite. Trazaremos el dibujo móvil de nuestros íncubos, con mala letra, con líneas temblorosas. Regresaremos. La única verdad son mis palabras muertas, tumbadas en la hoja. Y en el ataúd óseo del lector se desprenderán por fin de su propósito. Balbuceados por analfabetos, mis versos serán sombra y la penumbra cubrirá la superficie del planeta. Mis besos se perderán en la indiferencia humana. Perdurará el secreto. Volverán las espadas a arañar pieles y a vaciar los océanos de toda su sangre. Para regocijo de los pescados, al aire le crecerán los colmillos. El sol será madre.

Segunda tregua


Es una grava bastarda, que se intuye pedrusco y se inyecta dioses. La presión se abre, es excelsa. Montañas de necios ardiendo, cordillera de llagas. Sé que estoy preso de la vida misma, espero la reputación de la muerte. Aquí no viene, llego yo a ella. Es la destinación desatada, una dimensión apresurada del transporte. Pero cazar emociona, libera del ansia perecedera de la perfección. Aprendí a caer bajo, a buscar el ninfo que fui. Instantes de pereza todopoderosa, gracias, gracias. Al subir a nubes desiguales, retiro la mirada. Es mejor, ya entiende. La velocidad no funciona, solo sirve para los hinchas, para las canchas, para las manchas bajo los brazos. Aún no he aprendido a trazar el aseo espectacular de mi expectativa. Presto a quien lo quiera el musgo de mi vida, para rasgarme de anhelo. Es un sistema cerrado, paramilitar. Se agrede a los que no demuestran cariño, se quema a los que lo hacen. El mundo debe morir pronto, sino será condenado a la vida. Paseo un poco, me arde. Todo negocio es ilegal y fomenta odio, oscuridades selectas. Todo lo que está bien pagado hace sufrir, presenta su renuncia. No me merezco más que el hígado pastoso de una familia delgada. Obviamente, la euforia pasa. Se mete un pájaro estriado por mi ventana, chifla un vómito fugaz y melódico. En él caben todas las sombras. Las hembras se callan, embriagan al cielo. El furor me pertenece y la ira. Iré allá donde me siembren, con o sin aliados. No sabré cerrar, sabré estar solo. Multiplicaré la inocencia por la labor. Grillos enturbiados me cuecen en cabeza. Me advirtieron repetidas veces que la tranquilidad también asesinaba agriamente, aunque no fuere a cuchillazo limpio. Y saber escribir. Ser susceptible del desarrollo mental, como cuando se estrena el arrullo, cuando se estrella el ayuno. Anomalías perceptivas, eso es lo que me importa. Consejos perdidos, inutilizables por el futuro, cangrejos morales. Respeto a Jesús, pero él no me respeta – me ametralla de hez significativa. Hasta ha doblado agua por mí, doblegado moléculas perfectas. Ha logrado convencerme de nada. De nada, digo – y gracias. Me espera el terror que ha desatado por mí en el cielo. Es el imperio de tela, la cumbre del asco. No hay nada bonito en este mundo, solo nuestra percepción, solo nuestra caballería en tránsito desnudo. Navego trastornos, transporto. Repito reposos, arriesgo alegrías. Que hagan lo mismo, que luzcan, que reluzcan. Que se traguen los abrazos hasta atragantarse. Que manoseen, que payaseen, que compadezcan. Que sean falsos los testimonios de la podredumbre. Que rompan filas, que hablen. Que los rastros del cielo sean lógicos.

Primera tregua


Ingreso en la barbarie perpetua. Sus densas alas me mienten, sin ser sabidas. Me licúo en la aldea del sabor, sin ser sabido. Quise aprender el hielo, de inmensas nieves flanqueado. Y enflaquecí de hornearme, de guisarme desdichado. El mundo está sucio, no queda duda. La maldad humana, desbocada, deja estragos en los pulmones del planeta. Debería renunciar al desafío de la gangrena vital, a la cantilena rabiosa de la carne. La emergencia surge donde ya no hay botiquín. Soy testigo del azufre – lo traigo aquí conmigo, escueto. Escupo la fiebre ajena y, con pinzas, me van sacando. Gano a las garrapatas, a los coroncoros, a las cucarachas que me invaden la angustia. Soy el tejado de tantos fuegos, ahumándome sin parar. Me disuelvo en cumbres, no espero nada del cielo. Amo estirar a las bestias en todos los sentidos, mamarracho. Tengo la habilidad de ser bruto y de lamer. He lamido tantas farolas, aceras y rostros que no me acuerdo de mi lengua. Soy quien quieren que sea, soy soportal por ser menester. Invado treguas, pasado tras antepasado. Travieso, atravieso. Quizás la barbarie aguante y aun esté allí cuando yo sea grande y frío. A través de todo vuelvo a morir. Soy uno de los genes exactos de la podredumbre. Y el conflicto ayuda, crea, hace nacer. Lloro la bondad y la belleza. Una lágrima que cae es un anuncio de mi presencia inminente. Pruebo la patria y está agria, pruebo la patria y está ácida, está fría; pruebo la patria y está picante. Quiero, con los ojos, con los oídos, con la nariz, hacer algo por ella, sacarla del vicio humano y del desastre. Quiero hurgar los husos para dar la hora, reiterar mi sangre dulce y mi agua salada. Quien hurga mis huesos aprende, dobla esquinas. Quien se aparea con el demonio solicita la estrechez de las caídas. Quien abre, lucha; quien cierra, espera. No me gustan los puños, pero debo recibirlos, encajarlos. Ellos me hacen recobrar la ciencia de los latidos perfectos. Esto no es una crisis, al abordaje.

10.1.12

Verbo senex in corpore xanax


perros precisos vienen a aullarme en la cara
perros dibujados desdibujados
matrices de alma seca
almanaques de sarna

tribe and diatribe
falsity of odors and gleams
fear of savagery
written on the inside of walls
lurking precipitously
from ornate ceilings
sputum and trust
hand in wrist


son mis miedos genocidios
picos y palas de larga sombra
que avanzan con antorchas en la noche sucia
gimiendo carbones

to fling the ersatz with might
to lower the world into water
to splash and seam entwined
arctic and tropic
in one impulsive act of reason
from one molecule to the next
a passage of state
in powerful stillness blessed


truhan soy pero inocente
en mis palmas no hay machete sino cieno
ciénaga incendiada
entre sudores de fiebre

the impressive antennae of hope
hoisted or poised
in multiple trances propelled
glare at changing moments of the sea
they inspect the despicable
and the anguished
and produce those sorts of honey
which impale the guilty


sangre llamando
pronto se estrecharán los valles
las cimas se harán amenazantes
y torcerán sus hocicos de musgo

9.1.12

Vierge molle


Le grand risque de la parole,
le grand cirque

se peuple chaque soir de pop-corn
et c’est bien triste.

Comme le cirque m’esseule, c’est vrai
que ça me rend folle,

ça me donne un air de Verlaine,
de vierge molle.

Assis dans le fauteuil étranger,
j’oublie tous les noms

de ceux et celles qu’on m’a présenté,
je fais le con

à bien vouloir chercher dans ces images
de belles raisons.

Un insipide combat d’épées vulgaires
à contresens

de toute la dialectique imaginaire,
pourtant bien rance,

s’ébauche dans le poids de chaque parole
qu’on entend

dans le vocabulaire de chaque mongole
qui s’étend.

Il faut avoir patience facile en bouche
en ce qui touche

aux gens qui ont une moindre éducation
et non moindre souche;

là où on apprend la procrastination –
là! dire : « action ».

Le grand risque de la parole
devient évident

alors qu’on tente d’éduquer autrement
qu’en crachant;

en empruntant cette forme, de cette guise,
sans maîtrise,

je fais gaffe d’éviter ce qui m’affole,
c’est de mise,

j’imite un écolier pour prendre refuge
dans ces vers louches:

l’impact sur sa descente d’une luge
sur une pauvre mouche

ou l’assassinat du style le plus farouche
par subterfuge.

Le grand cirque de la parole,
le grand risque

se peuple chaque soir d’opprobre
et doute s’il existe.

8.1.12

Yeats with a (generation) Y


Had you the hell’s rotten rags,
Entangled with rarefied hues,
The red and the garish, the drabs
Of day and of darkness, half-hues,

You would spread the rags under my feet:
For you, being rich, no longer ha’st dreams;
You have spread your dreams under my feet;
I tread hard because I tread on your dreams.

(N.Ed. : The afro-aforebovementioned poem has been posthumously held-up by this auctor)

6.1.12

Speak Winter

1
Ça y est! J’ai fini par donner raison à tous ces ingrats qui me lançaient, lorsque je chialais contre le Québec, de m’en aller si j’étais aussi malheureux. Mes cliques et mes claques : quatorze ans d’infrastructure mièvre, de ponts et patries défaillantes, de pianos désaccordés avec neuf bières dessus qui ne sont pas à moi, de mitigez vos passions, de guerres de clocher chez les athées, de jobs empruntées deux mois aux vieux, de culs de banlieusards et de fils à papa qui sentent le pipi jusqu’à quarante ans, d’échecs professionnels déguisés en succès, d’urticaire devant l’ignorance volontaire malgré tant de bibliothèques et de connexions haute-vitesse, d’immigrants all-dressed, d’indifférence intolérante, de surdose de hockey, d’accents laids, d’abus de la GRC et de l’impôt, d’éducation déficitaire mais arrogante, de grèves inutilement festives, de bon indoor qui gèle la volonté, d’art terroriste et messianique et de rêves partis dans un reflux de sloche…

Tant de banques et de neige, qu’est-ce qui reste au pays? Je l’ai déjà dit : il faut encourager les gens de bien, qui ont encore une créativité en règle, de quitter le pays, de donner leurs miracles à des peuples plus reconnaissants et moins suicidaires que celui-ci. Je renonce à finir épuisé, rongé par le cancer d’un pays mort-vivant, comme Pierre Falardeau, martyr. De plus, ceci n’est pas mon pays. C’est l’hiver [sic].

2
J’étais arrivé pour donner, je pars avant qu’il ne me reste plus rien. Au mieux, dans ce pays je suis un imprononçable. Je m’explique…

Le poète Marco Micone, dans son Speak What, réponse candide de l’immigrant au chef-d’œuvre de Michèle Lalonde, assure que : nous sommes cent peuples venus de loin / pour vous dire que vous n'êtes pas seuls. Mais on a beau leur dire : ils n’entendent plus rien, ils veulent jusse être seuls. D'ailleurs, c'est politiquement correc'. C’est ce qu’il faut souhaiter : que ce peuple petit-meurtrier, à l’image de son climat, décongèle un jour, ne serait-ce qu’à force de bouder Kyoto. Qu’il n’ait pas une seule chance de se réclamer une seule autre vie par son indifférence. Qu’on rescape le talent de là, qu’il déserte collectivement les lieux. Que le Québec soit réduit à une nation d’arpenteurs-menuisiers, mineurs, constructeurs mafieux, bureaucrates, prolocrates hébétés au hockey télévisé, tous sans un iota de culture mais pourris de cash. Ibidem : vous souvenez-vous du vacarme des usines / and of the voice des contremaîtres / you sound like them more and more.

Pays ingrat, ignoble : on a tant fait pour te sortir de ta propre ombre, mais tu y restes volontiers, en crachant sur les héroïques qui résistent. Pays lugubre, finis déjà de mourir qu’on puisse naître…faire confiance à un orignal...

La preuve : ce même poème, Speak What, et la réaction qu’il a déclenchée lors de sa parution en 1989. Gaëtan Dostie, poète et militant indépendantiste, répond en ces termes à Marco Micone, et il vaut la peine de le citer presqu'au complet tant il est jouissif de constater à quel point il prouve mon point, quoiqu'il soit triste de voir à quel point tout immigrant au Québec peut se sentir personnellement interpellé par ceci :

Monsieur Micone, votre plagiat vous déshonore. Nous le recevons tel un crachat perpétuel sur la noblesse et la vérité du combat que des poètes de ce temps continuent de livrer. Nous vous nions le droit de nous insulter, de contribuer à stigmatiser ceux et celles qui ont subi dans le déshonneur encore perpétué, l'emprisonnement politique du Canada. Nous vous nions le droit de faire votre réputation sur le dos de Madame Michèle Lalonde. Nous vous accusons de malhonnêteté, de mauvaise foi. Envoyez votre texte au dépotoir de l'Histoire, c'est tout ce qu'il mérite !

C’est votre foutu peuple qui joue aux victimes, monsieur, et qu’on va envoyer au dépotoir de l’Histoire (on, pas nous). Au fait, vous l’avez déjà accompli vous-mêmes impeccablement. Il en découle tant de faiblesse de toutes ces protestations au sujet de votre intégrité que j’en suis venu même à en douter de son existence. Il ne faut qu’écouter tout le brouhaha qui se fait autour d’un entraineur unilingue anglophone chez le Canadien CH pour s’en convaincre. Ou lire Falardeau quand il dit que, au fond, Mordecai Richler nous a rendu un service incomparable. La Mordecai ado, c'est déjà plusse prononçable...

3
Tout peuple qui a besoin d’une Charte, d’une Loi 101 pour garantir la survie de sa langue ne l’utilise vraisemblablement assez pour dire autre chose que des banalités. Si le Québec produisait massivement de la littérature québécoise, si de son côté la population se penchait sur la lecture d’œuvres québécoises (je ne parle pas de Patrick Sénécal ni de Marie Laberge), s’il y avait un véritable intérêt pour sauver cette langue franco-américaine et pour la rendre utile, nul besoin de chartes, de lois, ni de respiration assistée.

On écrirait puis on lirait. Tout simplement. Ce nous de Gaëtan Dostie, qu’il utilise en index allongé, est la preuve ultime du racisme québécois : venez travailler, mais ne parlez surtout pas de nos petits bobos; parlez français, mais seulement à des fins mercantiles. English sells more wood and water. Bientôt, le français, cette langue déclarée inutile par l’état, celui qui représente mieux qu’ailleurs (à tort!) la volonté du peuple, pourra uniquement se trouver dans un musée ou dans une cabane à sucre. Bientôt il vous faudra, comme pour nous, bouillir votre eau avant de la boire. Peu importe la langue que vous utiliserez alors : toutes les langues ont un mot pour l’eau.

4
Tout ça illustre, plus ou moins vaguement, la raison pour laquelle, ayant pris part au 40e anniversaire de la Nuit de la Poésie, en 2010, aux côtés des grands de la poésie québécoise, et de Michèle Lalonde elle-même, j’ai demandé qu’on efface mon intervention du film de Jean-Nicolas Orhon. Pour l’Histoire, ou pour le dépotoir, c’est selon, je ne veux pas participer à la mascarade qu’est devenue la littérature québécoise à mes yeux. C’est pourquoi j’ai répondu bêtement aux courriels mielleux et insistants de l’adjoint à la Maison de la Poésie, qui me demandait de finaliser un contrat avec eux : effacez-moi.

Je devrais ajouter que je ne m’attendais qu’à un petit chèque symbolique de cinquante piasses, fait à un nom imprononçable, qui n’aurait provoqué en moi que le désir encore plus ardent de les sécher, pour qu’ils dessèchent mieux, qu’ils se dissèquent, au mieux. Véritablement, mon seul pouvoir est de rendre leur œuvrette incomplète, défaillante parce qu’imprécise. Imprécise parce que cette soirée, ce n’était pas le Québec. Le Québec il dort, il ne fait pas de poésie. Pour ma part, à la sortie du film, comme à tout moment clé ou serrure de la culture québécoise, j’étais ailleurs. De toute façon, la soirée était à chier et je me suis poigné avec pas mal de gens...

Je ne peux pas m’attendre à mieux de moi-même, au Québec…

En effet, le Québec réveille trop souvent en moi une envie primale de faire mal à qui souffre trop, réflexe inexplicable et souvent inavouable, comme si – en présence d’un animal en cage qui aurait tout fait pour éviter notre attachement – on prenait plaisir à brasser la cage et à y faire passer violemment des bâtons entre les barreaux. Le danger ultime est, cependant, de pourrir mon karma au-delà du seuil de reconnaissance, pour citer un certain prof de composition instrumentale à Montréal. Si je reste à écœurer l’animal, c’est à moi-même que je fais mal. Faire mal à ma confiance...

Je redécouvre mon attachement à mes origines, à ma langue maternelle, je reviens d’un long oubli. Je redeviens. Je mets fin à cet exil sémantique qu’a été pour moi le Québec. Je vais pratiquer un optimisme pour moi, ça va aider les autres. Un peu snob, mais empreint d’une nouvelle humilité, empruntée à Marie d’entre toutes les femmes. Je vous bise, Marie. Je vous fais la bise, Québec. À jamais, à un autre jour. Je m’en vais donner mes fleurs ailleurs; n’en prenez qu’après, que quand je sois trop vieux pour songer aux fuites.

5
Pour détourner Micone, le supposé détourneur, pour brouiller les pistes, pour parler nègre:

Levons le camp vers nos cent peuples
au loin (même ceux d’un autre siècle…)
pour leur
faire à comprendre qu’ils sont touseuls.

Et à mes amis et aux gens de talent (et de ta langue), merci, et partez, vite, avant que ça périclite. (Que ça quoé?). Que ça fôck. (Ah, oké…).