BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

26.2.12

En un abrir y cerrar de reojos

(Foto: Paracuellos de Carlos Giménez)

Oh niño de posguerra famélico y desvencijado, sostenido por alambres con nudos de estaño por rodillas, entrando en estancos de antaño sosteniendo tus raciones de arroz, aceite y harina: en un abrir y cerrar de reojos te has hecho una estatua de gritos sin amor y en desosiego. De aquella neurosis colectiva de brazo alzado y envaine marcial, con tanta falta de vitaminas, con tan pocos libros a tu alcance al romper filas, no se podía esperar mayor dignidad de tu parte. Qué curiosa es la vida: habrás ido a parar al mismo baúl en el que se encerraron los odiados recuerdos de la infecundidad nacional, aunque tanto hubieses luchado por guarecerte de sus acosos. Tanto abuso ha de ser sufrido y aprendido forzosamente en carne propia antes de ser ejercido en carne ajena. Tanto descalabro surge de un cerebro desnutrido acostumbrado al odio como ley, a la sangre como lección y a la amenaza como método comprobado. No puede venir de si tanta maldad, ni nacer al mundo espontáneamente tanto rencor como fenómeno inaudito y sin precedentes. Esa falta de alimentos, esos Guernicas ardiendo, ese filo de Damocles que enfrió las nucas durante décadas, calculados estragos han dejado y demasiado pocos techos. Hoy, todavía se reconoce difícilmente el peso de la barbarie sobre esa generación de chiquillos inverosímilmente supervivientes, cruz en mano entre los escombros; y si algún juez se esforzase en probarlo, se le descalificaría suciamente con todo el peso de esa ley ciega, balanza en mano y ciento volando. Porque ninguna niñez sobrevive a la guerra, has querido mermar las que te rodeaban pues te daba rabia que existieran, que florecieran, que nadie las silenciase injustamente. Porque lo único que te habían mostrado había sido el miedo, lo infligiste al prójimo, incapaz de romper el ciclo que te inculcó el silbido de tanta bala perdida. Porque la sombra de la impunidad es todo lo que has conocido, que nadie ha podido castigar el mal que te hicieron, te yergues con el falso orgullo de tus golpes. Nadie te ha amado por lo que eres, pero te mereces el cariño que no supiste dar. Por eso hay que perdonarte sea como sea, oh niño intransigente que buscas el reconocimiento total de tus heridas. Por eso hay que tolerarte tus traiciones de mal crecido, tus enfermedades y achaques por haberte comido un siglo pasado de fecha. La culpa avanza, hiriendo a las generaciones desde las cuevas; conviene neutralizarla ya. Por eso es imperativo excusar tus excesos y tus carencias; no por lo que hiciste, sino por lo que te hicieron. Y es que – a pesar de ti – aún eres humano.

An animal boundary


the origins of treason must be natural
the description of betrayal must be pure
ruthless as truth fused with evolution

knowing that the promise not to promise continues
we must play all the lines of the eyes and of beauty
we must not contribute or perish in the scorn

love is a broken respected lie
love is a bad poet with words
a word for bad poets

where life remains insensitive death has appeared
the cumulative abnormal patterns of culture
distributed in a Petri-dish the size of planets

life and death appear non-working
in the presence of the crowd all are belittled
in each song of joy an animal boundary

18.2.12

El que poco abarca mucho aprieta


Nace del costao, de tez amarga. No entender el flamenco es un pecado mortal y sufre amordazado aquel que lo desprecia. En cambio, aquello que Freud nombró sublimación es el duendecillo que pasó antes de que uno se diera cuenta. Que se cierren los libros: ya se fue. Solo un imbécil no comprende que Purcell y Camarón son la misma cosa, con eso se enterca en lo peorcito – reggaetón y pastel, easy listening. Marin Marais también sufre, con su viola da gamba sublimada entre las piernas. Los que vivimos enterrados en cal viva, como Jesucristo somos dichosos de la señal que nos marca y que nos designa únicos y verdaderos. Estropeados funcionamos mejor, tras las palizas de los prescindibles. La vida es para gastarla, para usarla ferozmente. Los que yacen entre mármoles predilectos no saben del mundo, aunque lo crean con firmeza. La vida apenas les ha olisqueado el ano como un perro que va de paso y que pierde el interés. Nosotros estamos en celo, de cielo en cielo. Dejaremos flores y nos pudriremos. Quizás alguien nos traiga flores que pudrirán, cuando hayamos podrido. Quizás no – no importa.

Somos las espinas en las carnes tiernas, con nuestra puya nos enternecemos. Dolemos y somos dolidos. Nos duelen. Se nos duele. Y no hay peso en sus vidas, las de los presos comunes de la rutina perfecta como arena del desierto. Incendiados, se los llevará el viento como ceniza alborotada, como plumas sueltas, separadas del ala tractora. Tras sus ceses, tras sus decesos – vendrá el olvido. Es la vergüenza de la vida balsa, de la balsa en el estanque sin azar. Azarosos somos, nos vendremos abajo entre bocanadas de dulzura que nos recordarán la insensatez de los sensatos, la palidez embriagada de los necios, los que dejan atrás torturas y mueren rectos, como una tabla rígida que se parte por la mitad. Regidos por el tiempo, por el beso suculento, por el sueño, nuestra vida cobra inocencia por la certeza de su plusvalía, por su elasticidad empedernida. Nuestro trabajo será reconocido. Los que tiñen de mentiras nuestra suerte no son más que peones ennegrecidos, que destiñen su destino. El que poco abarca mucho aprieta.

Los que no abracen el sufrimiento humano como la fuente más pulcra de la belleza, serán feos. No podrán con el estiércol acuestas, con su ética de pacotilla. Todo el mundo reirá tarde o temprano del discurso enjuto de estos humanos sin pan. Y es que somos profetas como la aurora misma señala el día, con nuestra soledad en una urna de uranio, intocable. Nadie podrá arrebatar la nobleza del que se cansa por los demás, del que discurre por el universo con un amasijo de tripas hirvientes para ofrecérselas a los gitanos de este mundo. Ver a un leprechaun entre tañeres desdichados – he aquí la dicha verdadera. Los que no la conocen, disminuyen y serán disminuidos. Su fuego se irá apaciguando como un insulto distante, proferido por la borda de un buque, cada vez más y más lejos. Hasta que no se escuche más y desaparezca sin que nadie note su pérdida. Qué triste es la tristeza de aquellos; qué fácil su castigo en el silencio.

16.2.12

Le réveil du tiers monde


Les citoyens du premier monde se plaignent souvent du troisième – c’est sale, c’est chauviniste, c’est inculte, c’est dangereux, c’est sous-développé, c’est ci, c’est ça…mais ils y vont volontiers pour tenir des Sommets des Amériques, piller des ressources à bas prix, baiser des putes, abuser d’enfants, sniffer de la poudre pas chère et – en général – y reproduire tous les comportements arriérés qui sont condamnables ou condamnés chez eux. L’absence de conscience du tiers monde vis-à-vis des problèmes majeurs d’ordre mondial, tels l’écologie, l’éducation, l’économie ou les inégalités sociales, transforme ses citoyens en proies faciles de ces systèmes déprédateurs qui, ayant épuisé leurs biens originaux, ayant rencontré une opposition grandissante à niveau domestique, se sont aventurés vers de nouveaux horizons vierges de leur exploitation sans répit.

Bien entendu, l’histoire de l’exploitation du tiers monde n’est pas nouvelle; autrement, le tiers monde ne serait pas le tiers monde. Il aurait eu bien plus qu’une médaille de bronze dans cette course mondiale à l’accumulation, la spéculation, la goinfrerie et la mainmise, étant infiniment plus riche en ressources naturelles, humaines et culturelles que ledit premier monde. Ce n’est pas par hasard qu’y règnent le crime, les mafias, la pauvreté et les maladies; ce n’est pas par hasard que la politique y est presque toujours pratiquée par des pantins, des abuseurs, des dictateurs et des vendus – le tiers monde porte en soi la cicatrice génétique de la conquête depuis des siècles, pour ne pas parler des dommages causés par l’Église. Son exploit est d’avoir réussi à vaincre une première étape du colonialisme à travers une construction identitaire valide, qui est en train de prouver – de nos jours – sa richesse, son courage et la durabilité de ses qualités.

Or – comme pour un bouchon de liège submergé de force dans l’eau et dont on enlèverait soudain cette pression – ça saute. Les abuseurs ont commencé à tomber – d’abord l’Europe, puis l’Amérique du Nord (gare à l’Asie…). Tant de notoriété cosmopolite, de glamour séculaire, de puissance historique, de fierté génitrice – s’effondrent tumultueusement. Le monde ne pouvait reposer indéfiniment sur des préceptes économiques basés sur des ressources épuisables et désormais les conquérants se voient à leur tour conquis. Les immigrants arrivent en masse depuis le tiers monde vers l’Europe, vers l’Amérique du Nord, et lentement déconstruisent les appareils de torture qui les ont ensevelis. L’avancée inexorable de ce revirement se lit au jour le jour dans des désastres économiques que nul média ne saurait cacher. Sans aucun doute, c’est le début de la fin du jeu.

Plus important que cet exode massif, se trouve un exode plus select en sens inverse, concernant des gens du premier monde qui commencent à migrer utilement vers le tiers monde. Ces gens ont l’éducation, la préparation et la volonté de nourrir les consciences dites tiers-mondistes pour les amener vers une autonomie nécessaire qui est maintenant envisageable en vue de l’effondrement imminent du premier monde. Le siècle qui débute a un besoin urgent d’acuité, celle-ci pouvant être atteinte seulement à travers l’éducation massive, laïque, non-partisane, gratuite et obligatoire des êtres humains et la cessation des chaînes d’exploitation auxquelles nous sommes soumis historiquement. Un nouveau système de valeurs devra émerger de cette conscience, prête à prendre les rênes d’une mondialisation inévitable avec un sens aiguisé de ce qui est juste et équitable, priorisant une notion fraîche de la protection du patrimoine culturel historique et de l’enrichissement humain par-delà les gains matériels.

Si ces nouveaux préceptes réussissent à se frayer un chemin sans recourir à l’exploitation des ressources humaines et naturelles, la vengeance culturelle ou la priorisation sociale et matérialiste, le monde aura un avenir meilleur. Dans les cas contraire, nous nous entretuerons certainement dans une terre de plus en plus inhospitalière envers notre existence collective. Pour cela, nous devrons éradiquer la politique comme pratique de gestion mondiale, ainsi que mettre un frein à l’importance du commerce comme mode de vie prioritaire. Nous devons substituer politique et commerce – aussi utopique que cela puisse paraître – par une spiritualisation non-dogmatique, par une pratique assidue de l’amour et de la connaissance. Seulement une fois le respect inculqué comme règle naturelle et commune à tous les êtres, pourrons-nous briser le cycle pervers de notre course au suicide.

Dans ce sens, il est souhaitable que les citoyens du tiers monde cessent leurs guerres internes et qu’ils encouragent les citoyens avertis de leurs anciens pays colonisateurs dans leurs présents (et pressants) efforts de faire effondrer le système. Quand, au cours des derniers deux cents ans, ces nouveaux pays ont déclaré leur indépendance – ce n’était qu’une illusion. Quand ils daigneront refuser les aides du Nord, les plans de redressement des banques mondiales, fermer les portes au tourisme bas-de-gamme et aux multinationales – ils seront réellement indépendants. À eux de prendre maintenant le taureau par les cornes et de se déclarer libres de toute influence nuisible. À eux de se savoir maintenant les timoniers du monde, prêts à affronter la nouvelle tempête – car nul exploiteur ne tombera sans livrer une bonne bagarre…

Who said I'm dark?


Who said I’m dark? The world is dark!
Its sinuous plains and armors bleak,
its pompous streak,
can only leave a blackened mark!

Who said I’m dark? Crude oil is dark!
Its desp’rate business leaves a trail
to no avail
that stupefies the oligarch.

Who said I’m dark? The night is dark!
The shadows quirk into the deep
and whilst we sleep
black matter seeps forth from the quark.

Who said I’m dark? A crow is dark!
Its plumage filtering the light
ready to fight
another crow or kill a lark.

Who said I’m dark? White lies are dark!
The politics of ignorance
to whom all dance
regardless of the hungry shark.

Who said I’m dark? The ocean’s dark!
A thousand fathoms underneath
one cannot breathe
yet wondrous creatures live there, hark!

Who said I’m dark? Darkness is dark!
Those with no ref’rence will conceal
to their last meal
the curious wisdom of my spark.

15.2.12

La furia es un concepto permanente

(foto: RTVE)

la furia es un concepto permanente
de cuyas múltiples haces se desprende
una suerte redonda
y aquel que la irradia con empuño noble
vence en las arcas del aullido sin nombre

aquel que arañe superficies
la espiga bruta que inculque veneno
perecerá en su fango
con mueca indescriptible y sien henchida
por orden de la furia bienhechora

12.2.12

Edén sin frutas


Con mis distancias viejas, los caños se ciegan. La angustia está hecha de mí, echado a dormir. En la profunda sensación del hambre se arraigan rabias antiguas, lujosos palcos de moral prieta y ansioso bocado carnal. Temo el apremio civil, la lujuria del famoso, el corsé del profeta embadurnado de saliva ajena. Se hacen roturas en mil tejados pero no en el mío – el mío sueña, perfuma mi sangre de ajiaco y perejil dulce. Los mártires, títeres del destino, se asustan de la tajada fatal, perpetrada por machetes de conciencia. Parezco inmóvil en la entrada de una misa criolla, sujetando el candil. Se mueven las fallas terrestres, sus piedras se escurren hacia un pasado líquido, ya sin oxígeno. Velo, y estoy muy contento con la paz de los ojos, con las imágenes desactivadas. De los pasos sobre la tierra se abren caminos de hartazgo, senderos de arroz y de levadura, sesgos del heno. Se invita a morder un pie al otro, un paso al siguiente, con rotura inevitable del tobillo entre los dientes. Y la luz avanza, se quiera o no. Las dentaduras no son inquebrantables y sus suplicios de esmalte no soportan todos los pesos impuestos por los macabros. A veces se rajan, se averían, se caen del bocado perfecto y dejan su huella en el aire. Sus cierres maxilares se asustan, huyen. Sus pliegues incisivos despuntan de otra faz ensimismada, reconstruyen un Edén sin frutas. Entre papilas fluctuantes, la lengua yace súcuba en su cráneo dental, en su genio cerrado. A veces, los tristes asesinos del azúcar dejan estragos en las venas, las que surten y vierten el tejido, tras el trasiego. En sosiego aguardo el soporte liso de las horas negras, aquellas que embalsaman mi funda de nervios con un mal destilado. Todas mis películas se funden en la noche presencial, en la máquina giratoria del chillido inconsciente. Yergo en brisas fantasmas del mar terráqueo, ex aequo. Se disuelven mil demonios en el ácido de mi pandemonio, en el prisma liminal y en la almohada. Lo que nunca vuelve, portazgo de cargas duras, es el periodo más acaudalado, donde se ocupa el salto útil con su musa y su grial. Aseo cerebral, pesadilla del sol poniente, acariciando la firmeza del engaño, grano alzado del que surgen todas las alquimias, prisma móvil entre volquetas cotidianas. ¡Oh tú, triste grito imperfecto, grasa suerte, cuán te elucubran mis neuronas! Si el mundo fuera aliento al que perdona, práctica del beso ante todo, ensanchamiento del calibre coronario, no harías falta ni te solicitarían estas urnas de carne en su perpetua deambulación. Si el cariño ganase, no se empezarían las mentiras. En el trueque de piel y de pasmo he tragado agua, mucha agua – y mis riñones se cansan. Suena un misticismo en el poniente que solo han escuchado mis huesos, ya recogidos y con difícil marea. El milagro de mis paces se emociona de lumbre, entre alambres y alambiques, con los ojos cerrados. El resto es verdad.

7.2.12

Final feliz


Repatriados desde el alba azarosa, los pinceles del sol lucen nuevas lumbres y se desvanecen los preceptos insubstanciales de la razón en el rostro del planeta. Magullado, el cielo se hincha, estira el cuello una vez más en un pasmo de heridas bellas. Con exactitud, los rizos de la corriente estrellan las olas contra la cantera y las rocas mugen de sibilancia, estáticas y extáticas. La táctica del océano se asimila a la de las horas chocando contra vidas. Las crestas de espuma se erizan en un último intento, midiendo distancias, cuestionando cuánto les pueda quedar hasta la rotura. Levantarse, ungir, zurcir las trabas amovibles del deseo, inconsistencias del electromagnetismo, resollando en tierra firme con la certeza del final feliz. El valor mágico del espectáculo que se repite a escalas inconcebibles, como este amanecer rosáceo y sus eventualidades predeterminadas, no se puede apreciar con la pobre herramienta de la existencia y sus sentidos. Hay que salir de ella, plano, bidimensional, aplastado por el tiempo propio a sí mismo, para cobrar inconsciencia al vuelo, amamantarse lejos de la sed y del hambre. ¡Qué trivial es el beso del cuerpo comparado con este proceso! ¡Qué pesada resulta toda reflexión frente al monumento plebeyo del magma celeste! Un milenio, que parece estirarse, en realidad se escurre entre radiaciones estelares. Un soplo transcurrido del universo que da la impresión de la dulzura eterna no es más que la ínfima fracción de su magnificencia, un lastre diminuto de aquella eternidad. Lo que no se alcanza a ver, lo que en la percepción perdura, se desmorona más allá de aquella percepción. Todo se acaba estrellando contra las rocas, y estas se acaban moliendo en arena fina, para que los pies del mundo caminen, engañados, un instante sobre ella. Para que se vislumbre el final, se debe ver el principio; y siempre se acude a un espectáculo que ya ha comenzado. El proceso no basta y sobran sus facetas, sus fachadas. Así este cielo azul del que se ha drenado el carmesí matinal y la caída fulgurante de la noche, feliz final.

4.2.12

Amar y arena


Miedo de ser o no ser, zángano útil. Quien hereda el pesimismo norteño, quien se pesa a sí mismo, costeño, enhebra y deshebra sus carnes malferidas al triste consuelo del calor. ¿Cómo se va a sentar un indignado, que ofreció vocablos de esquina en esquina, destilados de sudor frio, acá en la patria del hambre, sin consecuencia, un tipo fiel y desdichado, solo como un tornado que avanza, del que se apartan todos al ver la terquedad insigne de su nubarrón? Pero el nubarrón se ve oscuro por el agua que porta en seno y cuando caiga en barrena, bañará en luz el silencio. ¿Quién va a querer amar, quién amar querer a semejante semblanza del quijotesco exilio, de sus múltiples meollos, amargas tertulias, cabreos y malentendidos? ¿Con qué máscaras tendrá que maquillar sus lúgubres maullidos, y quién verá la felicidad pura que yace tras su esfuerzo? Si se deja la vida en ello, nadie llorará en su velorio, ni el fuego que lo incinere caldeará lo suficiente el choque súbito de su voz alzada, folio tras folio. Y es que crecer equivocado, entre carrobombas y enmudecimientos, frente a la ancha maldad del que está vivo, no es fácil hazaña para el honesto, para aquel que combate sin secretos, aquel que tira la piedra y muestra la mano, aquel que desconoce el infierno de la alcurnia y del ganado. ¿Y qué vale su vida, con tanto desperdicio, si solo es envidia la que ve a su lado? En vida celebrará el balbuceado aliento de sus raíces; en otras vidas, en otros cruces, se machacará de bruces por un ardor, entre improperios. ¿Quién va a cambiar el mundo? Nadie y todos, solo él: toda respuesta es buena y con ansias de amar o de arena, repetirá el adiós, mundo cruel. Y todos lo ignorarán (ese man tan negativo, con tiro furtivo, con hiel) por quedarse entre avestruces y desecharán sus aludes y su sabor a alquitrán. Vanidades espantosas, apariencias, masacres del lenguaje – de todas las guerras humanas ha sido testigo, del mugre, de feos marxismos e iglesias, de tartamudeos de necios, de cumbres de la pereza, de infartos, de tragos, de mesas redondas y malolientes que ruedan al descalabro, de arañas y candelabros y hasta de drogas perversas. Todo se ha dicho de él, mas no se atreve a hacer nada cuando ve que la manada se estruje y se ablanda, insultando la piel. Que le escupan – piensa – es mejor, que le abran el último estertor, el cráneo, el bazo, el fervor pero jamás su hojarasca. Que le den lo que se ofrezca, que le nieguen el miedo suyo, que le den un nombre astuto cuyo filo es un favor.