BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

18.3.13

Pollo gay



Tuve una compañera de trabajo, de esas emprendedoras que se han recorrido medio mundo y se van tan rápido como aparecieron, que me relató una vez, en el metro, una jugosa anécdota acerca de su viaje a Sudáfrica con una ONG que realizaba una campaña de sensibilización a las enfermedades venéreas. Contaba que llegaron a un recóndito poblado y que, cuando les estaban explicando a sus habitantes cómo ponerse un condón, sin duda confrontados a su propio pudor anglosajón, decidieron hacerlo utilizando el palo de una escoba como sustituto improvisado del falo en calidad demostrativa. Al cabo de un año, cuando volvieron al poblado a supervisar el progreso de sus enseñanzas, se dieron cuenta de que los habitantes habían protegido a sus escobas con especial diligencia antes de cada encuentro sexual, pero que ninguno se había puesto el condón en el lugar designado para su uso.

Cuando Natalia Paris, la modelo colombiana de pecho aventajado y dudosa inteligencia, proclama que “los niños que están comiendo pollo de esos, como les están inyectando hormonas femeninas, se están empezando a volver homosexuales”, es imposible no ver en sus declaraciones el espectro de esa escoba inútilmente protegida con un condón. Inútilmente porque, a pesar de criticar algo tan nocivo como los alimentos transgénicos, lo hace con los argumentos más obtusos que se puedan imaginar. Eso es como decir que Hitler es peligroso...para los arcoiris, lo cual es una falacia a medias. Y tampoco se puede evitar recordar la retahíla sobre la cual estuvo calcada esta soberbia desfachatez (porque ni siquiera es original): la de Evo Morales hace ya un par de años. Lo peor es que Evo ya pidió perdón pero la modelo insiste en que si sus declaraciones no nos hacen al menos dudar seremos unos “ZOMBIES sin mente propia”.
   
Lo que es verdad es el peligro que implican los alimentos transgénicos, tanto para la salud humana como para los mismos animales y el ecosistema. Pero el país sigue dándole la bienvenida, entre tratados de libre comercio y acuerdos militares, a una plétora de organismos internacionales que pretenden alterar la naturaleza, aumentar la productividad y llevarse los beneficios. La alimentación basura, los alimentos procesados y sus consecuencias sobre nuestra salud y la de nuestro planeta están suficientemente bien documentadas. El Codex Alimentarius, verdadera neo-inquisición del alimento globalizado ligado al concepto del Nuevo Orden Mundial (NWO), solo lucra a organismos probadamente criminales como Monsanto, Coca-Cola o General Foods, a pesar de que pretende proteger precisamente aquello a lo que más perjudica: la salud del consumidor. Estamos ante un nuevo caso donde el condón está puesto donde no corresponde…
Natalia Paris no arremete contra McDonald’s, KFC o la zoofagia, no denuncia la inclusión de costumbres y multinacionales estadounidenses en las cocinas latinoamericanas, no habla de la obesidad, de los riesgos cardiovasculares de la alimentación transgénica, como tampoco menciona el cáncer ni las enfermedades virales como la gripe aviaria, no habla del trato que se les da a los animales en los mataderos, no se pronuncia en contra de la Cumbre de las Américas, no defiende el paro cafetero... Natalia Paris es incongruente por naturaleza (o se entrena muy bien). Sin mencionar nada de esto, ella solo informa de un efecto secundario de la ingesta de tales pollos: la homosexualidad. De miles de efectos secundarios que podría haber expuesto, ha escogido algo que en ningún caso puede ser un efecto secundario y, de paso, ha confirmado al mundo su homofobia – la cual siempre suele ser un caso de ignorancia general reflejada en lo específico. Al definir la homosexualidad de esta manera, como una enfermedad comparable a un cáncer o en todo caso como una degeneración, merece ampliamente que se estén burlando tanto de ella; y es aún más ingenua (por decirlo así) de sorprenderse al ver que se burlan.
Casos así, posibilidades de reírse tan acaudaladamente, no llegan todos los días, luego se debe aprovechar la ocasión. Resulta repugnante no solamente que este tipo de opiniones puedan resultar tan frecuentes en pleno siglo XXI, pero que esperpentos de esta categoría, faranduleras dilatadas e interjecciones telenovelescas, dominen y predominen en la formación de nuestro paisaje de opinión colectiva. No hay que pedirle peras al olmo, reza el dicho. Y permítaseme añadir que no se le puede pedir ningún tipo de fruta al árbol que ya está podrido, que tanto demuestra, por su culto a la imagen y a la superficialidad materialista, su falta de conocimientos profundos y de ideas propias. El peligro es que, rechazando sus absurdas declaraciones, ignoremos las verdaderas razones de rechazar asimismo la alimentación transgénica. Y es así, tristemente, entre series televisivas que celebran a los criminales muertos mientras ignoran a los ilustres vivos, que estamos en un país que censura a Fernando Vallejo pero permite que Natalia Paris abra la boca…para hablar.