BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

14.6.13

A dos mil



hediondez y pitos, como si de una cara vista se tratase, un lúdico perfil del bien que se inocula, del civismo que se autoinmola; es un traste de pacotilla, encaramado a la sabana; es un verdugo suicidando a su casa con la venda de la ley un poco arrancada y con soga deshilada, deshebrada, desmechada; es un café despacio, un manjar de perros, una pea acuestas, una piedra fea; no se comprende muy bien si camina para atrás o si es que el vehículo que avanza en paralelo lo hace más rápido; no huele, hiede; las mariamulatas vinieron de las Canarias, no son endémicas, nadie es endémico y todo es prestado; todo sabe a risa pero es risa atravesada, risa que va matando cual cólico de ciénaga repartido con surtidor; es un asco inmóvil que nada tiene de cuadrado; es un conato de puerto, algarabiado con la espuma de pis, sangre y ron que despiden las olas al chocar contra las moradas de los cangrejos, piedras de cáncer, cáncer de San Pedro; que el placer reine pues las ratas son inmensas y entre mango y pescao, papaya y ratas, nunca faltará el hambre, dice uno naif; el vacío está alrededor de la piedra y del cáncer; sí, es verdad, niños, qué tétrico lo que escribo; esa es la que les cae;

en medio de la banalidad astuta, rompiendo el llanto, hay belleza nítida; desde luego que no funciona, no sabe enfatizar sus sueños con las herramientas adecuadas, no se puede llevar a un restaurant de alto tenedor, pero sabe bailar; ello se pasa el día entero agarrándose el pipí con aparente frescura; oprime el claxon sin cesar, reaccionando ante cualquier estímulo, ya sea éste pasajero potencial, golero, mosca o perro, con idéntica estridencia impuesta al tímpano bajo pretexto de educación; sí, son llaves cerradas para candados abiertos, para tramuyos coletos y tal; para la posteridad no existen aunque parecen ignorarlo; a dos mil; los charcos huelen a meado equino, espumoso de yerba poluta y de las heridas que les inflige el cochero hijueputa; para vengarse, esta ciudad, de todo y de su puta madre; una catarsis antigua que falla al materializarse, que rompe promesas con fiestas yermas, que es insólita en su absurdidad, escondiéndose como una iguana bajo la piedra donde pega el sol, esa piedra insólita y absurda, posada por los esclavos entre latigazos ciegos;

por donde hoy pasa el sightseeing tour, por los senderos de agua establecidos y repertoriados; taxonomías de pobreza e impunidad progresiva, canallas sueltos; no ser un turista de cara contigua, no ser astronauta en la naturaleza, cordón umbilical en duelo, ni trajín de guerra sucia; precisar el alba limpia, la limpidez del mediodía, probar el absolutismo de su sol bajo el cobijo de la hoja ancha y del tronco de fibras; es dejadez y escupitajo, desorden, como el que empieza estas frases; como los puentes entre ellas, ambiguos, perversos sin finalidad precisa; los espía el silencioso personaje que se viste de blanco, o el que pasea su moto por plazas de vicio, o el que se pone sotana para esconder bajo ella a un niño en cuclillas, o el que es otro de noche y que se burla de todos, o el que nada respeta, o el que vive del asco ajeno; todos ellos son políglotas de la maldad, no se desnudan nunca pero se pueden imaginar sus miembros burdos como callos, sobrios y ennegrecidos, el aspecto embutido y genéticamente malogrado de su constitución, y que se imagina uno a sus madres tendiendo esa ropa y esas pantaletas mal escondidas al borde de un caño donde cagan y orinan todos los animales de ese y otros barrios; y se puede sospechar que algo en la dieta y en la persistencia de un calor católico los ha hecho así;