BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

22.6.13

De espinas



en tierras medulares donde el patriota pulula
donde acaecen los alzamientos militares
y la forma dudosa del carbono huele a dulzura
se alcanza a veces a matizar una vida
que en casos hasta por vaga razón funciona
aunque no se sabe si es de espinas la corona
o si es el peso del metal la causa de la herida

16.6.13

Una hermandad en llamas



vértices planos
siluetas del éxtasis
altiplanicies
y donde surge el rostro
un merlo pacifista
irrumpe y especifica
el canto de todos
se descubre un rellano
arrorró de sabanas
y calvas en la tela manchada
estupefacción de dinamita
entre ráfagas de absoluta timidez
apoderándose de la gravedad
y bíceps codificados
prietos de sal
incautados a la felicidad
descosidos
tirados por allí
por desorden estudiadísimo
entre dúos de velas
endiosados
por una hermandad ardiendo
fraternidad en llamas
deseo del excelente insolente
emparejamiento por modernidad
en un flechazo de estilo
con calentura incluida
todo pasa
y todo lleva barniz
cuando la oscura postal
se desintegra
y que el comején roe
su cartón mate y sus flechazos de tinta
afuera ronronea la ciudad
se oyen baladas en la calle
discos viejos y banderas
que tornan en la misma dirección
con amago pueril o nupcial
asidos por la brisa
en ejercicio de bravura extensa
didáctico empedernido
analizando en los desvíos escabullidos
y en las firmas sónicas de la noche
una advertencia del pasado
adivinándola entre electrónica
y especificaciones de disc-jockey
completo con humo y sirenas
estrellamiento de la penumbra
contra la valla de ruido
saboreando una eternidad purpurea
bajo el manto cansado del cielo
porque sí
en el paseo del día no se ha saboreado
lo suficientemente
la fragancia jodida y despedazadora
de la perennidad
algo breve y tísico
como una amenaza de ventarrón
un aluvión en una isla de arroz seco
disolviéndose en salitre
la levedad del despertar
sabiéndose en condena
con el fino auguro
en estado de educación permanente
y en vida a pesar de

14.6.13

A dos mil



hediondez y pitos, como si de una cara vista se tratase, un lúdico perfil del bien que se inocula, del civismo que se autoinmola; es un traste de pacotilla, encaramado a la sabana; es un verdugo suicidando a su casa con la venda de la ley un poco arrancada y con soga deshilada, deshebrada, desmechada; es un café despacio, un manjar de perros, una pea acuestas, una piedra fea; no se comprende muy bien si camina para atrás o si es que el vehículo que avanza en paralelo lo hace más rápido; no huele, hiede; las mariamulatas vinieron de las Canarias, no son endémicas, nadie es endémico y todo es prestado; todo sabe a risa pero es risa atravesada, risa que va matando cual cólico de ciénaga repartido con surtidor; es un asco inmóvil que nada tiene de cuadrado; es un conato de puerto, algarabiado con la espuma de pis, sangre y ron que despiden las olas al chocar contra las moradas de los cangrejos, piedras de cáncer, cáncer de San Pedro; que el placer reine pues las ratas son inmensas y entre mango y pescao, papaya y ratas, nunca faltará el hambre, dice uno naif; el vacío está alrededor de la piedra y del cáncer; sí, es verdad, niños, qué tétrico lo que escribo; esa es la que les cae;

en medio de la banalidad astuta, rompiendo el llanto, hay belleza nítida; desde luego que no funciona, no sabe enfatizar sus sueños con las herramientas adecuadas, no se puede llevar a un restaurant de alto tenedor, pero sabe bailar; ello se pasa el día entero agarrándose el pipí con aparente frescura; oprime el claxon sin cesar, reaccionando ante cualquier estímulo, ya sea éste pasajero potencial, golero, mosca o perro, con idéntica estridencia impuesta al tímpano bajo pretexto de educación; sí, son llaves cerradas para candados abiertos, para tramuyos coletos y tal; para la posteridad no existen aunque parecen ignorarlo; a dos mil; los charcos huelen a meado equino, espumoso de yerba poluta y de las heridas que les inflige el cochero hijueputa; para vengarse, esta ciudad, de todo y de su puta madre; una catarsis antigua que falla al materializarse, que rompe promesas con fiestas yermas, que es insólita en su absurdidad, escondiéndose como una iguana bajo la piedra donde pega el sol, esa piedra insólita y absurda, posada por los esclavos entre latigazos ciegos;

por donde hoy pasa el sightseeing tour, por los senderos de agua establecidos y repertoriados; taxonomías de pobreza e impunidad progresiva, canallas sueltos; no ser un turista de cara contigua, no ser astronauta en la naturaleza, cordón umbilical en duelo, ni trajín de guerra sucia; precisar el alba limpia, la limpidez del mediodía, probar el absolutismo de su sol bajo el cobijo de la hoja ancha y del tronco de fibras; es dejadez y escupitajo, desorden, como el que empieza estas frases; como los puentes entre ellas, ambiguos, perversos sin finalidad precisa; los espía el silencioso personaje que se viste de blanco, o el que pasea su moto por plazas de vicio, o el que se pone sotana para esconder bajo ella a un niño en cuclillas, o el que es otro de noche y que se burla de todos, o el que nada respeta, o el que vive del asco ajeno; todos ellos son políglotas de la maldad, no se desnudan nunca pero se pueden imaginar sus miembros burdos como callos, sobrios y ennegrecidos, el aspecto embutido y genéticamente malogrado de su constitución, y que se imagina uno a sus madres tendiendo esa ropa y esas pantaletas mal escondidas al borde de un caño donde cagan y orinan todos los animales de ese y otros barrios; y se puede sospechar que algo en la dieta y en la persistencia de un calor católico los ha hecho así;