BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

31.12.14

Hamlet's pop-ups


To be, or not to be, that is the question—
Whether 'tis Nobler in the mind to suffer
The Slings and Arrows of outrageous Fortune,
Or to get the latest health, fitness, anti-aging,
and nutrition news, plus special offers? To die, to sleep—
No more; and by a sleep, to say we end
The Heart-ache, and the thousand destinations
That we are now flying to? 'Tis a consummation
Devoutly to be wished. To die, to sleep,
To sleep, perchance to stimulate all
Your major stomach muscles at the same time
Providing you with the perfect abdominal contraction
That means your upper abs, the lower abs
And even your obliques, what dreams may come,
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause. There's the respect
That makes losing weight simpler
Than you could ever imagine,
The Oppressor's wrong, the proud man's Contumely,
The pangs of despised Love, microscopic spheres
Of rejuvenating multi-berry anti-oxidants slipping gently
Into the skin deeper than ever before, delivering
Break-through ingredients to bathe your weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscovered Country, from whose bourn
No Traveler returns, Puzzles the will,
And makes us provide extensive educational programs
Particularly in science and agriculture
For students around the world,
And thus the Native hue of Resolution
Is sicklied o'er, with the pale cast of Thought,
And enterprises of great pitch and moment,
Have thoroughly earned their own reputation
For a unique level of quality
The result of a fusion of commitment, innovation
And experience, in all thy Orisons
Be thou all my sins remembered.
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30.12.14

El declive de la clave


¿Qué significado antropológico tendrá el hecho de que hayamos formado nuestras filiaciones tribales predominantemente a partir de raíces rítmicas y – en mucha menor medida – de raíces melódicas, armónicas o tímbricas?

Cuando una misma melodía se adapta a esquemas rítmicos diferentes, no solo se constata la universalidad de la melodía sino que a la vez surge el aspecto sociológico de la identificación a uno u otro esquema rítmico. Así, por ejemplo, una melodía como Yesterday se ha visto mutar en muchos menjunjes culturales, servir en diferentes salsas por así decir, sin alterar su capacidad de ser reconocida; sin embargo, cada una de esas salsas representa una identidad social aparentemente hermética con su propio código de referencias extra-musicales. Estas identidades, representaciones tribales comercializadas y serializadas, se construyen por asociación de conceptos que, inicialmente, pueden haber pertenecido incluso a otras identidades.

La reducción de estas células rítmicas a un denominador es un factor que acaba esterilizando las identidades que pretenden representar. La clave, ritmo de dos compases de 2/2 que permea la rítmica latinoamericana, existe en múltiples variantes desde Argentina hasta Nueva York. Los dos compases se pueden invertir, como en la clave de son y la clave de rumba cubanas, que son esencialmente la misma cosa invertida, bien dispuesta en 2:3 o en 3:2. Esta proporción se yuxtapone también con frecuencia, lo cual contribuye a una rica ambigüedad que incita al movimiento. Pero la rítmica latinoamericana, como las mismas identidades que representa, se empobrece cada vez más. Y es que los géneros “nuevos” repiten patrones que solo miden un compás en lugar de dos, es decir que la unidad que se repite mide la mitad de sus predecesoras. Así, una unidad rítmica de reggaetón, por ejemplo, contiene solo la mitad de la información de una de cumbia o de salsa.

La identidad tímbrica se conserva mediante el uso de instrumentos relacionados a lo autóctono y no a lo comúnmente establecido como universal. Una gaita sigue evocando a Colombia, un duduk a Armenia, un koto a Japón y el cine sigue usando la guitarra para evocar la estética andaluza – pero generalmente estas filiaciones subsisten dentro de un contexto exótico y museificado. A menudo, estas identidades son inamovibles, aunque alguna vez se han hibridado con las demás, tanto en música popular como erudita. En cuanto a las identidades melódica y armónica, éstas cada vez sucumben más al mismo factor de reducción, por no decir mutilación, que afecta a la rítmica. Afortunadamente, tras casi un siglo de aversión a la melodía por parte de la academia, ésta ha vuelto a practicarla, si bien frecuentemente diluida con parámetros de textura y tímbrica.

Sociológicamente, en una época donde las semánticas sonoras son en gran parte recuperaciones recontextualizadas – como por ejemplo con las bandas sonoras – la mayoría de los seres humanos, músicos y no músicos, están pasivamente a la merced de quien puebla sus oídos. Este fenómeno devalúa, lógicamente, la reflexión que implica toda entidad sonora diseñada con técnica y sensibilidad. La interactuación orgánica de los parámetros musicales se debilita y éstos se manifiestan más fácilmente por separado, sirviendo fines que contrastan radicalmente con sus respectivos significados originales. Cuando se ha olvidado cómo escuchar – puesto que hoy día sencillamente se puede presionar play – es más fácil dividir la música y obtener los dividendos.

Es con mucha facilidad que se manipula al oyente, que ya no es ni escuchante, ni intérprete, ni mucho menos creador – pero que siempre juzga, aunque no sepa que su juicio nunca fue el suyo. En una noción musical, hay varios planos de involucramiento: históricamente nos alejamos cada vez más del hecho musical. El simple concepto de música de fondo, bajo su perspectiva poética original, resulta aberrante. La 5ª Sinfonía de Beethoven, por ejemplo, ya no constituye el ejemplo de música absoluta y de organicidad con que fue concebida. Ciertamente, el propósito de una obra es de perdurar en su intención y forma originales; pero el postmodernismo la ha sacado del estadio. El remake del remake del remake se ocupa de borrar la memoria colectiva de lo original, y el mecanismo de este procedimiento es precisamente la identidad socio-rítmica.

El ritmo, el más primitivo de los parámetros musicales, es el que parecemos haber escogido para definirnos. La afiliación moderna a una identidad rítmica implica asimismo rasgos sociales que corresponden a esa tendencia a la compartimentación y a definirse por reducción y oposición. El concepto mismo de repetición es aquel de la vida: día tras día y latido tras latido; pero se ha ido restringiendo la riqueza de lo que cada día individual o cada latido podía brindar de nuevo y de estructuralmente único para remplazar todo por un loop deshumanizado. Es algo así como en esa comedia con Bill Murray en que se repite eternamente, a modo de un mito de Sísifo contemporáneo, el mismo día aburridor. Y es precisamente ese Sísifo el que nos representa: se trata de la serialización no solamente de nuestras identidades sino de nuestros esfuerzos.

Se erigen mitos cada vez más abreviados, actitudes cada vez más recalentadas – en verdad, cada uno de los recovecos de nuestra civilización está envuelto en el eco de esta rítmica cada vez más corta y baldía. Hay algo de militarizado, de profundamente fascista y claustrofóbico, en la lobotomía rítmica que se asemeja a una memoria de mosca, permitiendo que cada golpe borre la conciencia del anterior. En cada representación existente de la estandarización rítmica, desde la cadena de producción de Henry Ford hasta el bombo repetitivo de un rave techno, cada gesto se equivale; cada imagen y sonido, intención y carácter, se corresponden. Con la mengua de la información necesaria para establecer una identidad socio-rítmica, se perfila un fiel retrato sonoro de nuestra indigencia reflexiva y humana. Cuanto más pobre es nuestra música, más pobre es nuestra vida. 

29.12.14

Slow-mo hobo


a beautiful dialect yawns
so brutally appealing
crushing arcs
with its frolicsome lips

the ground is eccentric
and gushes wisdom
panicking
as if on some school trip

my growl now boasts a limp
of obsessive immobility
like slow-mo nobility
looted by time

my gait spells a still havoc
and enduringly
the anticipation of pain
reaps me agape

it does not hurt yet
but it will
for fangs are well-poised
at my surface

when brevity anoints me
the thud will thump them
who play witch
against an opposing sea

and now is yet before
as will be engraved precisely
with a defiance of words
always at odds

24.12.14

El auge de los lobos:
teleología experimental del terrorismo en solitario


Con inquietante definición, se ha empezado a introducir una nueva amenaza a escala mundial: aquella del desequilibrado, un desconocido que actúa solo y comete un acto de desesperación que resulta arbitrariamente nocivo para la población. El esquema admite ciertas variaciones: se le añade un cómplice, se le troca el arsenal, se le modifica el historial delictivo – pero las numerosas similitudes entre los casos saltan a la vista. A menudo hay influencia del islamismo radical, frecuentemente tratándose de un occidental converso, pero también se registran otras tendencias: ataques a policías o a estructuras gubernamentales, uso de vehículos como armas y previas declaraciones incendiarias en las redes sociales. En todos los casos, reciben un gran porcentaje de tiempo de antena, muy denso, para después desaparecer inmediatamente tras nuevas noticias. Los llaman los lobos solitarios.

Casi invariablemente, estos ataques acaban con el suicidio del desequilibrado o con su ejecución in situ por las fuerzas del orden; en menor proporción, los incidentes concluyen con el arresto del susodicho. Es como si los adolescentes asesinos de las secundarias estadounidenses hubiesen crecido y no se contentasen ya con masacrar la escuela. Es una epidemia. El fin de semana pasado, ha habido dos incidentes en EE UU y tres en Francia; los arrestos preventivos se multiplican en varias naciones. De repente, los policías de muchos países se han puesto a temer por sus vidas y, en el caso reciente de Nueva York, algunos sindicatos han atacado a los poderes civiles, llegando a culpar públicamente al Presidente. Pero tanto policías como legisladores son peones del poder, un poder convulso y en gran parte invisible que proyecta su sombra globalizada sobre nuestra historia presente. Algo se está cocinando, ¿pero qué?

Incluso en lo más turbio de este conflicto, surgen indicios de que buena parte de estos ataques en solitario son lo que aparentan; no parece haber ningún maquillaje ni operación secreta ya que los mismos poderes se empiezan a preocupar por la tendencia en niveles extraoficiales, concretamente a nivel académico. El Instituto Internacional de Contra-Terrorismo (ICT), un organismo con sede en Israel, co-fundado en 1996 por un ex-director del Mossad, publicaba en 2013 el trabajo Trends and Developments in Lone Wolf Terrorism in the Western World de Sarah Teich, en el que se llega a cinco conclusiones basadas en las observaciones recientes de lo que se denomina el fenómeno del lobo solitario

1.) Mayor número de países considerado objetivo de terroristas solitarios,
2.) Mayor número de muertos y heridos causados por terroristas solitarios,
3.) Mayor tasa de éxito por parte de la fuerzas del orden en EE UU al aprehender a terroristas solitarios antes de que pasasen al acto,
4.) Gran prevalencia y tasa de éxito de terroristas solitarios por encima de otros perfiles de terrorista,
5.) Mayor número de militares considerado objetivo de terroristas solitarios.

Asimismo, Sarah Teich menciona en su trabajo la importancia del internet como catalizador colectivo del acto individual y menciona que en innumerables casos, el desequilibrado tenía problemas como el divorcio, lucha por la custodia de hijos, desempleo, enfermedad mental, abuso y demás – condiciones que, según ella, pudo conducirlo al Islam. En suma, el trabajo presenta un perfil posible de un individuo más susceptible que otros de sucumbir al terrorismo en solitario; toda una tesis mal sustentada sobre discriminación preventiva con tintes islamófobos y subvencionada por sionistas. Pero lo que importa aquí es que nadie dirime de los hechos.

La evidente proliferación de casos de desequilibrados arroja luz sobre la evolución del concepto mismo de locura, como también sobre el incremento y naturaleza sensacionalista de la cobertura mediática de estos casos. La locura, tras haberse emparado de la ciencia que quiso convertirla en estudio hasta sucumbir a ella en su barbarie evolutiva, parece haberse apropiado de la tecnología. Desde la Deep Web hasta el carnicero de Utoya, una multitud de desequilibrados, caricaturescamente malos como en las películas de Hollywood, ha invadido el cotidiano y ha incitado a muchos gobiernos a incrementar los efectivos de seguridad y a militarizar la fuerza pública. La guerra es por la información, y ya mediante las redes sociales mucha gente comparte sus datos voluntariamente, vulnerándose a lo impensable. Se ha formado una sensación de fragilidad imprevisible del orden que justifica, para el común de la población, el recrudecimiento de la vigilancia a la vez que abre la puerta al fin de la intimidad y a un mundo Orwelliano y escalofriante. Es la histeria colectiva convertida en síndrome de Estocolmo.

¿Recuerdan el caso de Lee Harvey Oswald, el que supuestamente asesinó a Kennedy? Cada nuevo lobo solitario podría ser una resurrección de Oswald, cambiando el comunismo de uno por el islamismo radical de otros o por el neofascismo de Brevik que plagió (mal, por cierto) los escritos de Unabomber – todo para justificar lejanas guerras y alianzas. Podría ser, una vez más, una estrategia política para llegar a controlar una población mundial que es exponencialmente más grande y con mayor conocimiento y noción de libertad que en el pasado; se puede estar buscando algo que consiga el control sin tener que recurrir a una confrontación masiva. O podría ser, también, que la locura ha llegado a un límite en el que ha de emanar del inconsciente colectivo por el camino de menor resistencia, como cualquier fluido. Y que ese camino de menor resistencia sea por la mente de estos locos. Es posible que la capacidad del ser humano de continuar la historia se haya agotado y que se esté avecinando un inevitable parón absoluto, incidente del que no habrá escapatoria.

No es sorprendente que ahora Brevik haya querido enviar más de 200 cartas a otros radicales que ni conoce personalmente; se da cuenta de que hay negocio tras la proliferación de lobos solitarios, su narcisismo vuela. Y es que, como cualquier organismo que funcionase en un entorno enfermo, el ser humano ha empezado a dar señales de inadaptación y cada vez se hace más común la anomalía. Si nada se hace, la noción de anomalía desaparecerá a su vez, mientras otras ramas de la sociedad sigan avanzando hacia nuevos excesos. La psiquiatría, como visión esencialmente taxonómica y clínica del ser humano, es en gran parte culpable de la emancipación de tales desgarros de locura en la sociedad. El estudio de la mente se ha ido convirtiendo, cada vez más, en un moderador y programador social obediente a los paradigmas del poder. Al clasificar a grupos de humanos artificialmente, a partir del comportamiento observado y la experiencia de su supresión y condicionamiento, lógicamente aparecen más desequilibrados; aparecen cifras allí donde antes no había nada. Son estrategias en forma de simulacro alarmista que desvelan poca cosa sobre nuestro desgaste real como civilización.  

Luego surge que esos desequilibrados son los más frágiles, aunque el desequilibrio no sea – al fin y al cabo – el de ellos sino el de la civilización. No solo son los lobos, sino el rebaño el que se rebela; las calles del mundo arden precisamente por los desequilibrios existentes, causados en gran medida por las políticas agresivas e invasivas del neoliberalismo. Pero cada vez más, las ideas originales se difuminan, se esfuman para ser reemplazadas por acciones y reacciones primarias, programables. El individualismo social y pasivo promovido por las redes y los medios, serializado en patrones consumistas y dependientes, es tan falso y acartonado que solo puede generar un rechazo eventual que estará por entonces, al menos a este ritmo, vacío de significación y de significado, aunque sobrevivirán signos que quizás algunos pocos puedan descifrar e interpretar.

Los desequilibrados quizás sean anticuerpos kamikazes, más allá de la moral de este – o de otro – tiempo. Ya actúan ellos como humanos futuros: simios sin empatía, encadenados a impulsos y contra-impulsos, incapaces de magia o de reflexión. Así como muere la poesía, rezagada como un gato resignado que sobrevive a la llanta que le parte el cuerpo en el cruce solo para buscar un regazo caliente sobre el cual morir, así morirá la ciencia. Con cada cucharada mediática y transgénica que engullimos, se intronizan los últimos estertores de nuestra catástrofe. Por más que suene a ciencia-ficción, surgirá una raza de humanos genética y tecnológicamente modificada, longeva y erudita, privilegiada y escasa, que nos esclavizará y nos dejará morir – asfixiados por patógenos que desde ya nos turban y alteran nuestro comportamiento – para después abandonar el planeta cuando ya no les sirva.

21.12.14

NYC cops: jihad or karma?


New York City cops are out of hand. Already feeling ennobled and pompously heightened in their post-9/11 egos, these militarized fools, an integral part of the force which is presently terrorizing America with its high-tech apartheid tactics, act in amazement when they suffer an act of retaliation. They are now saying that Mayor De Blasio and Al Sharpton are guilty of the murder of two cops because they have instigated a “jihad” against the police. Some tweets even blame Obama and Jesse Jackson. Such a tirade can only emanate from those who cruelly lack a sense of context, but none could be expected from trained assassins who obey, perhaps unknowingly at the mercy of the perverse mental leverages of society, the interests of corporate hegemony.  

The worrying tendency of worldwide police to be antagonized by the very elements it is meant to protect and serve can only signify that the sense and essence of policing have been eroded. The public debate about the excessive use of police force, brought about by the alarming number and nature of recent deaths of unarmed colored men at the hands of armed white cops, has been ground to a screeching halt by the legal system by choosing to exonerate the police officers from their crimes. The people have every reason to feel uneasy and uncomfortable about the exonerations in a society where no sense of justice has been perceived over the issue. It becomes increasingly evident that a black president, were he a Peace Nobel Prize-wielding warmonger as is required by corporate America, is not sufficient to combat racism in the USA.

It is sad but unsurprising that two police officers were executed in New York last Saturday and one on Sunday in Florida. Yet a government who did not hesitate to sacrifice its own police officers and firemen on 9/11 could have easily resorted to orchestrating the murder of these cops in order to scare the debate into a hasty closure and avoid future unrest; and blame it on a crazy loner. This crazy loner modus operandi seems to be mushrooming all over the press – from the Ottawa Parliament shooting, to the Saint-Jean-sur-Richelieu incident, all the way to the Australian Café Lindt. Lee Harvey Oswald seems to resuscitate every few weeks. Every time something huge happens, the news spew a scapegoat’s story of desperation, usually tinged with a zest of Islamic terrorism (in Oswald’s time twas communism), and the preemptive militarization is thus justified and becomes accepted by the population.

Tamir Rice, Eric Garner, Michael Brown… the list is endless and Jim Crow is seemingly alive and well. Anonymous recently exposed that KKK in Ferguson were at large and continued to infiltrate the administration and civil forces. Yet here are NYC cops, inebriated with their Hollywood-fuelled hype, saying others have blood on their hands while theirs are permanently stained. The insolence and bluster of these officers is profoundly detrimental to a fair notion of justice and they are in no position to issue opinions of any sort after repeatedly getting away with murder. The cops’ policy of escalation of force since 9/11, the sheer military deployment of what is a civil force against the very people, the insane multiplication of SWAT teams all over America – all these factors have actively contributed to a mass confrontation.

It is hence pointless to accuse others. Even though the individual officers who were slain could or could not have been part of the oppressing and corrupt, they represented a faction in a war. Had they not been wearing a uniform inside a police car, they would certainly not have been struck. The individual deaths must be lamented and condemned, but the blow against police cannot be entirely deplored, as it inevitably instigates – fractionally, imperfectly, unjustly, it is granted – precisely the sense of justice that was generally perceived to be absent from the situation, aggravated death after death without a sole cop being convicted.  

One only needs to witness, or even observe on social media, police abuse worldwide to gather a sense of the build-up of resentment that this has been fostering and even to experience the rage for oneself. It is difficult to grasp the almost sectarian protestations of police now that the parity of conflict has been established: just as some members of the police have indiscriminately killed citizens, citizens are now killing police. The most obvious reaction from cops should have been humility, solidarity with and justice for victims of abusive police force; only then can police aspire to earn back the credibility it has lost. But police have reacted stupidly; again, no surprise here. Coldly, there is nothing amazing about this. What did they expect? And dare they hashtag it “jihad”, such an un-american term? 

Cops are clearly dangerous. Who protects us from them? Not a crazy loner, not a prudent Mayor, not a cornered president, not a wheelchaired veteran, not a colored pastor, not a jihad, not a news bulletin, not the UN, not the internet, not me… Some say prayer is useful yet, although prayer alone has never killed anyone, it is unlikely that we will ever agree on that either. There is no easy solution, but getting cockier is obviously not the way to appease the fear that any one of them might be next. They call it karma. The world today is one where Kim Jong-Un can silence Sony but NYC cops cannot be taught humility by any means. 

3.12.14

Carta abierta a Dionisio Vélez Trujillo



Electo y barbado Dionisio, hijo de Zeus y Sémele, nieto de Harmonía y bisnieto de Afrodita – te voy a hablar de tú porque soy yo, el bisnieto de un alcalde de Cartagena y el primo del que te precedió, de quienes me disocio a posteriori y quienes asimismo válenme huevo como viceversa. Y aunque ese poder, esa estirpe y sus voluptuosidades, que hieden a reinado corrupto, me serán siempre elusivas por motivo de desplantes como el que estás leyendo así como por mi total desinterés por su ineluctable naturaleza, me permito esta aristocrática osadía porque, a pesar de tu populismo, me atrevo a pensar que solo escucharías lo que te voy a decir de boca de alguien con un apellido que reconozcas. Cumpliendo con los requisitos reglamentarios, me adelanto en la delectable faena. Nótese que uso adjetivos, muchos adjetivos y adverbios. Sí, es sorna. Pillaste.

Eres de embarrarla con candidez. De las corridas de toros a los desplomes de caballos, de la placa que pusiste en honor a los piratas ingleses hasta la amenaza de perder la designación de patrimonio de la UNESCO por falta de planeación, de escudos coloniales a imponer tu retrato en las escuelas de la ciudad – eres el reflejo más perfecto de esa Cartagena que me desespera y aleja. Creo que eres el alcalde más desgarradoramente honesto que hemos tenido, el que mejor nos representa, la María Niño de la administración municipal [sic]. El tormento nuestro eres tú. No tiene límite tu capacidad de exponer, mediantes tus actos oficiales y/o tu inacción oficial, nuestras falencias, nuestra ignorancia, nuestra mentalidad colonial, atrasada, retrasada, consanguínea, nuestra comodidad en el error, nuestro regocijo en el esperpento, nuestra propensión al estereotipo, nuestra atracción al lucro fácil, nuestra consecuente ineptitud administrativa, nuestra falta de imaginación…

En el fondo, sería incluso conveniente que la UNESCO nos privase de la denominación histórica; sería un avance; sería un gesto de liderazgo comprometido con el futuro.

Y es que… ¿cuál patrimonio? ¿El de unas piedras apiladas en las que se dejaron la piel y la vida miles y miles de esclavos, y que además están rotas, vendidas y hieden a orín? ¿Qué clase de patrimonio es aquel que nos recuerda la explotación, la discriminación, la tortura y el genocidio? ¿Y que aprendemos de él, si no es a atraer al turismo más morboso y depravado posible y a rendirse a sus pies, dándoselas de vivo mientras nos matamos entre nosotros? ¿Qué tipo de orgullo puede significar que Cartagena de Indias se haya convertido en la capital mundial del turismo infantil o que en ella se vean los contrastes de recursos más pronunciados y las cifras del crimen más alarmantes de todo el país? Pero la UNESCO seguramente se baja en el Santa Clara, todo pago – y tras la cena y los tragos de honor se les ofrece un paseo en coche nocturno…

- A la derecha, la Escuela [sic] de Bellas Artes…

Más abajo, cerca de la muralla, el caballo se desploma. Se forma el bololó. A los que defienden al animal, los cocheros les han sacado cuchillo y machete por protestar. Y la policía no ha hecho nada. Nada. Después, a los animalistas (que así los llaman), los amenazan, los hostigan, los tratan de abusadores en las redes sociales – de abusadores de cocheros; sí. Cocheros que son hijos del vicio y de esa marea del mal que sumerge al centro histórico. Cocheros que se creen ley y trabajan para los mismos blancos de siempre. Como tú y como yo, Dionisio. Los blancos de mierda, nos dicen. Yo solo puedo asentir. Aunque esos cocheros son unas lacras. A ti te hacen la venia, pero yo – como no se la hago a casi nadie – no soy nadie y tengo el privilegio de verlos bajo su luz real. A uno lo llaman Carnicero, o algo así; creo que mata un caballo al mes en promedio. Sus dientes brillan como un cuchillo.

El problema, Dionisio, es que en la Costa los blancos somos más corronchos todavía que los que sí eran de aquí, ya que tremenda fue la podredumbre que se escapó de Europa y que aquí se envició mucho más (como sigue aconteciendo). Es un esquema de poder que, hoy por hoy, ya debe estar inscrito en la genética – y la mayoría prosigue su vida, programados como esclavos, consintiendo el abuso. No es que el rico esté ahí por ser mejor que otro; solo lo dejaron acostumbrarse, quizás ya por flojera. ¿O no se fue de aquí Gabo hace 60 años echando pestes contra todo, diciendo que los cartageneros éramos los cachacos de la Costa?

Somos aburridos, Dionisio. Ni bailamos sabroso ni nada. Da pereza estar en farándula y ser nieto, marido, sobrino, hijo de alguien en Cartagena. Las casas con las paredes blancas vacías y las reproducciones a escala del David de Miguel Ángel; las secciones de farándula en el Universal con las caras llenas de bótox; las camionetas cada vez más tablúas; la maestría en Boston y las compras en Miami… ¿Cuándo se ha visto a un cartagenero blanco promoviendo las Artes, la educación, el trabajo social – al menos sin que se esté aprovechando de algo o sin que lo crucifiquen públicamente en la Plaza San Diego? ¿Cuándo se habrá visto que a un blanco así lo respeten los blancos? ¿Cuándo se ha visto acá a un blanco trabajando en una casa, como criado? Aquí hay que llegar vestido de gringo sin escrúpulos, como el de Buñuel con la verga de oro, para que entonces le extiendan a uno a los pies una embarazosa alfombra roja que se usa tradicionalmente para coronar al tuerto rey.

Decía Frank Zappa: “No soy negro, pero hay un montón de veces en que me gustaría no ser blanco”. Yo solo puedo asentir. Te escribo, Dionisio, porque ya me da pena ajena.

Pues sí (pues no y te bajas), había que darle pico a la placa de los piratas, pero me sorprende que no hayan bajado a mazazos al Don Pedro de Heredia, pirata, violador, genocida y verdadero psicópata que fue condenado por la justicia colonial, por la corona y por la vieja leyenda Zenú que lo acabó matando, ahogado en costas de Cádiz rumbo al cautiverio. Es verdad que en muchas cosas los cartageneros hemos heredado rasgos fundamentales de nuestro fundador y es común que quienes no correspondamos al panorama nos expatriemos, o que nos expatrien. Tal pasado tuvimos, tal astilla no nos podemos arrancar hoy. Pueblo inconsecuente a quien le han metido las manos por los ojos por los siglos de los siglos, amén…

Hasta entiendo, noble edil, que en tu virginal narcisismo – patrocinado por Gillette, presumo – quieras perpetuar, mediante el reparto masivo de tu abrumador e ínclito retrato, el sentimiento colonial e impotente de ser gobernado por blancos que le entra a uno cuando abre un catálogo de ropa o ve una publicidad en este país. Pero creo que ha llegado la hora, amigo. Si no vas a dimitir, por lo menos aféitate; sí, tu barba es un pobre sustituto para ejercer la autoridad que te falta. Pero detrás de esa falta de autoridad está el fracaso de este falso sistema feudal, de su idiosincrasia fallida e impuesta. Ha llegado la hora en que la sociedad se capacite marginalmente, aunque sea un poco, lo suficiente para autogobernarse y no necesitar sostener a una sociedad fósil con ínfulas de virreinato criollo.

Y lo que realmente debe hacerse en Cartagena no lo vas a poder hacer tú ni podré hacerlo yo. Es un pueblo enorme que depende del turismo y que ha crecido maltrecho, sobreviviendo siempre con un mínimo esfuerzo, aprovechado, acostumbrado al favor, endurecido contra todos. Hay que sacar al turismo de Cartagena, tumbar la muralla, reurbanizar, traer a Jacque Fresco, mestizar los estratos. ¿O matarse, qué? La arquitectura cartagenera se dibuja como un embudo de pobreza. Todo está mal hecho, es ejemplar. Hay que empezar de nuevo. Para hacer eso, me temo que no vamos a servir ninguno de los dos. Yo ni me atrevo a presentarme a la alcaldía: me da suma jartera y me esperaría hasta plomo en represalia. Tú, por lo menos, digo, aféitate. Eso está ampliamente dentro de tus capacidades.

Si quieres, yo mismo te presto la prestobarba… 

2.12.14

Carta abierta a Timochenko



Usted es una farsa. Me dirijo a usted ya que, a juzgar por la genuflexión y ejemplar torpeza de nuestros administradores, es usted la máxima autoridad de esta colonia del reino. O del reinado este, biútiful.

Usted se pretende el bastión de “la causa de la emancipación de los oprimidos y sojuzgados que claman por un país donde reine la justicia social”. Pero usted no duda en volar oleoductos y verter crudo en la naturaleza. No voy a hablar de los seres humanos que se ha llevado por delante (ya que esta raza chibchombiana nunca ha clamado por nada) porque tampoco creo en ellos aunque dirimo de su cinismo al decir que usted sí. Aquí todo el mundo mata, extorsiona y secuestra: narcos, paracos, militares, desplazados, bacrim y hasta gente de a pie. Por eso, no se le puede juzgar a usted en especial. Habría que juzgar a toda Colombia.

Pero ningún otro asesino vuela oleoductos aparte de la guerrilla. La susodicha guerrilla, porque tal no es. Es una farsa. Es usted el mejor amigo de Uribe, y entre Uribe y Santos no hay disensión sino estrategia. Es el pueblo quien, a fuerza de telenovelas y fútbol, ha omitido entender que nunca hubo pelea ni separación. Usted y Uribe son socios, se necesitan. Ambos son hijos de Pablo y heredaron sus ínfulas. Aquí somos medio centenar de millones de hijueputas y todos hablamos de sangre, aunque sea la de Cristo. Pero sabe que nunca haremos revolución. Jamás, pues así somos. De parranda y titubeo, del sainete.

Y usted, Timoleón, es un imbécil. Ni voy a hablar de los otros, porque ahora le estoy hablando es a usted. ¿Cómo se le ocurre volar oleoductos, ignorante alzado, criminal? ¿O es que usted no sabe lo que le está pasando al planeta por culpa del petróleo? ¿De Macondo 252 a Macondo no reconoce la diferencia? ¿O es que desconoce las consecuencias de un vertido de petróleo en la naturaleza sana? ¡Como si no tuviese internet en el monte para educarse! Nada más lo usa para jodernos la vida a todos los que pretende defender de las injusticias, que esas sí existen, pero usted solo las amedrenta. ¡Está usted destruyendo mi país, ojo!

Y además ¿a quién se le ocurre ser comunista hoy en día y en Colombia? A un iluso. Pero en sus filas tampoco hay educación de contexto. El gobierno tampoco propone esa academia. Usted es un oportunista que aprovecha el hatajo de brutos vivos que somos para su propio lucro tras la cortina de humo de una ideología desueta y demostradamente impracticable. Usted rescata lo irrescatable con un morbo que da escalofríos. Usted le da, como las pomposas FF MM, un fusil a un niño en lugar de darle un instrumento de música. Usted, como tales dichos, es un pistolero corroncho educando a los corronchos a ser pistoleros.

Si usted fuera guerrilla, actuaría de manera informada. En este país lo que sobra es objetivo militar pero usted prefiere ir contaminando la flora y la fauna a su paso cual Atila. Con poco plomo se podría empezar a resolver el país pero usted no hace lo que debería hacer. Observe, por ejemplo, al concejal Marco Fidel Ramírez, con su lema de “más valores y menos condones”. Este hombre es irresponsable y peligroso – va a perjudicar a muchas personas que, sin educación correspondiente, le harán caso y contraerán enfermedades venéreas potencialmente letales (si hasta el ébola pasa por ahí) por no usar el condón. ¿No debería ser objetivo… usted, digo; con este tipo de personajes, quiero decir? (Un saludo a los muchachos del PUMA.)

¿Por qué no ataca directamente a las multinacionales? ¿Por qué no les pega zarpazos de hacker como los héroes de Anonymous, que atacan al Ku Klux Klan? ¿Por qué el gobierno no les quita el negocio legalizando las drogas? ¿Por qué se queda mamando ron en la Habana en lugar de denunciar esa justicia social (así la llaman los paracos) ante la ONU, desacreditándose y manipulando públicamente al gobierno? ¿Qué tan comunista puede ser usted si lleva camisas de Arturo Calle y lentes Ray Ban? ¿Qué credibilidad pretende tener ante el pueblo colombiano que nunca ha tenido la oportunidad de ser tan estúpido como para elegirlo a usted a un cargo público?

No, Timoleón, Napoleón de timo, como él por caer. No, este país en su mayoría lo desprecia, desprecia a su secta. ¿Por qué no emula a Jim Jones y nos revive Jonestown con sus locuaces secuaces? (And I will be very clear to your bosses that they are no longer welcome in Colombia. People have started to find out who you are in your own lands. Your survival is doomed.) Tomemos conciencia ambiental y rechacemos los acuerdos transnacionales que arrodillan a nuestros estados y los debilitan, de la administración hacia el pueblo, del pueblo hacia el ADN del mundo y el nivel del mar. Estas guerras nos fueron impuestas. Debemos transcenderlas.

La consecuencia del deterioro del medio ambiente es muy grave, doctor. Su condena deberá ser muy dura. La única manera de salir de la catástrofe es convirtiendo este país es una especie de campo de concentración sinfónico en el que todo el mundo haga música y coma productos locales, que la vida sea transformada radicalmente. Todo debe parar. Es esa la paz. Santos es un idiota al creer que se puede compensar a las víctimas con plata. Ese es el problema, en Colombia se le ha dado un valor monetario a la vida y por ende la vida no tiene valor. Santos es un idiota útil, un títere de otros (y el General Papaya, ya ni le cuento).

Nada de esto es nuevo, me gustaría que me quedaran ganas para despreciarlo o amenazarlo con más contundencia pero ya me estoy haciendo viejo. Espero que se entere usted que, como ciudadano, me opongo a usted enérgicamente. Y lo hago públicamente. El Caimán Divino se le rebotó, gonorrea. Me opongo a que usted exista. Me niego a que usted sea. Me le paro en la raya, triple hijueputa. Esta no es una manifestación de manos blancas, no creo en la paz factible ni en nada que a usted le convenga. Creo en unos pocos oasis de paz en el desierto que se pueden gestionar y expandir. Pero sin usted. Fuera las FARC, el ELN y todas las putas guerrillas de Colombia. Al exilio norcoreano. Chao, pesca’o.

Pero los más tristes son los que quedan, los que están permitiendo un golpe de estado silencioso y subrepticio con instrumentos legales y paralegales. ¿Cómo se le otorga voz y voto a alguien cuyas condenas suman 178 años y acumula 117 órdenes de captura, que está buscado además en EE UU y por la Corte Penal Internacional? ¿Qué pasa? Estos son los mismos que se metieron en la casa de Gadafi y lo asesinaron cuando ya no les servía. Desde Gaitán, Colombia está al servicio de intereses muy oscuros cuyos protagonistas no están en nuestra tele. Responde, Colombia, o sigue muriendo. 

La democracia no es para todXs



El mundo parece dominado por optimistas con letra de idiota. Solo escuchan si se les insulta, si se les maltrata, si se les golpea. Y, claro está, tampoco en ese punto de reacción va a salir un diálogo útil. En ocasiones, se les silencia y nadie viene a reclamar el cadáver por temor a represalias. Obsérvese cuanto portento envían por las redes sociales como pequeña bomba de desinformación para entender hasta qué punto la inconsistencia de sus existencias desafía a la misma ciencia. Viendo lo que comparten, no se puede esperar mucho de ellos. Si alguna vez lo ostentaron, perdieron todo el sentido del ridículo hace tiempo. Y las faltas de ortografía que vuelven al ataque. Siempre son las mismas. Pero hay que perdonárselas. Hay que cogerla suave. Y es que ajá.

¿Qué virtud querrán que le encuentre uno a un optimismo tan brutalmente mal redactado, habiendo en el nihilismo mayor exquisitez que salta a primera vista? ¿Cómo se puede uno anonadar extasiado ante el espectáculo de hordas dando me gusta, como si su gusto fuese ley? ¡Y qué soberano aburrimiento induce el discursito aprendido, lo normal, lo que se espera de uno, lo extenuantemente previsible! Avanzan como manadas de psicólogos armados de casetes de música barata de relajación, listos a ametrallarle a uno el existencialismo y la locura a punta de Paulo Coelho y demás barbaridades recicladas, prestos a devorarle a uno la insurgencia a base de bálsamos televisuales y de trends impuestos que ni entienden. Escuchan ruido repetitivo que induce al sexo malo y furtivo. La mala calidad se ha impuesto.

Esto no es un planeta con ISO 9000. A decir verdad, hiede. Pero siguen contaminando. Y se quejan del calor y del clima despampanado. Y joden. Y por favor, señor, sería tan amable de botar la basura en el caneco – calla, sapo, yo pago aseo. Desde luego, menos mal que no estuve armado cuando me lo dijo ese eslabón perdido que arrojaba basura en la playa. Lo peor fue el desdén evidente con el que, de soslayo, dejó caer la mugre humana que expulsaba a modo de célula enferma. Me dio asco el ser humano. Sí, en general. En ese nos vi a todos. Más que nunca el socialismo o la democracia, en este contexto de víboras que escriben en Facebook sobre la bondad y la salbacion [sic], me parece una broma de mal gusto. No puedo tolerar que la banca mundial destroce el planeta pero tampoco que estos animales puedan votar. Veamos mejor estos 34 inolvidables consejos sobre cómo reventarte la jeta contra un arboreto

A fuerza de combatir la discriminación, hemos dejado entrar a los imbéciles en el juego de la democracia. Entiéndase por imbécil aquel que pretende tener acceso a sus derechos sin ejercer sus responsabilidades. Ahora, cualquier idiota con conexión internet puede, como quien escribe, dárselas de ser un as, un pionero o hasta un niño de 10 años. Cualquier documento preciado – disimulado entre la maraña de informaciones repetitivas y contradictorias, excesivas, de la red – puede ser comentado, valorado o devaluado, por imbéciles. Es como si se pudiera pintar libremente por encima de la Mona Lisa. Es como si Leonardo la hubiese publicado en Twitter y algún sujeto hubiese comentado, con pésima ortografía, alguna tontería mal informada al respecto. O hubiese publicado alguno de esos spams, creepy pasta, abogados especializados, meme de moda, etcétera y pare de contar.

Se ha devaluado todo. El trato y la vida humana, sobre todo. Creo que los pobres de antes se ocupaban mejor. Ahora son pobres con HD. Y ya no hacen nada y si se han de ofuscar, se ofuscan entre ellos para regocijo de gobernantes y multinacionales. Y los ricos son igual o peor de incultos. Solo posan con una sonrisa más cara. La pasividad colectiva que ha logrado el fenómeno televisivo no tiene parangón en la historia conocida. Solo salen a protestar por los cortes de electricidad, porque se les apaga el wifi o no se pueden ver el partido. ¿Pero quién se opone a las masacres con motosierra, quién expone al ladrón y al corrupto, quién denuncia un maltrato, quién exige la gratuidad de la educación superior? Los anales nos hablan de pueblos que no quisieron ser relegados al olvido, como en el Gueto de Varsovia, que merecieron que se luchara por ellos. Este pueblo no merece que se luche por él. Cría cuervos, decían.

Y por esos altibajos de la conciencia estamos así. ¿Y si tanta pasividad, tanta previsibilidad en la deterioración de nuestras intervenciones de vida, y si tanto magma de coma nos llevase a un parón horrible, necesario? ¿Y si ya interviniese una autoridad superior a todas las establecidas – quién puede escapar a la ola de cientos de metros? Pero no hay que suponer que haga falta un Pinochet para que se oiga a un Víctor Jara. No hay que imaginar que se necesite de un Franco para enamorarse de Lorca. Está dicho que hay pueblos a quien no queda más remedio que gritarles desde el horror pues con amor ya no reaccionan. Si se les canta sandeces, se quedan dormidos. Sus almas se han hecho duras y opacas. Solo un volcán puede despertarlos – su propia indiferencia se acumulará hasta llevar a la erupción.

Estos ciudadanos de centro comercial, consumistas, enlutados de rutinas, lastrados de banalidad llamativa, enzarzados en llamaradas breves y simulacros de animales sin contexto – estos nuevos humanos están más cerca del androide que nunca. La cultura sucedánea funciona como software desechable en sus discos duros formateados. Se creen omnívoros mas solo demuestran coprofagia. El ápice de ellos que truena lo apagan o lo mandan a extinguir con un profesional. Todo lo demás es una alergia al gluten. Se han cavado apéndices discursivos en sus teatros cotidianos; estos apéndices fueron extirpados públicamente. Ya todo el monumento a la sustitución se ha terminado de erigir; en cualquier momento se abrirán las esclusas del deshielo y nos cubrirán dudas muy antiguas. Ya hace tiempo han dejado de sintonizarse canales de escucha – la gente anda tweeteando. La gente se mira mirar. El ombliguismo ni siquiera tiene sentido histórico ni se inscribe en ninguna conciencia estética. Del autorretrato de Van Gogh al selfie de una corroncha municipal y anónima, hay de qué estar cabizbajo. Hasta el humor decae.

Érase un tiempo en que la cámara la manejaba el fotógrafo y el pan el panadero. Ahora hay que estar en Instagram y con Garage Band se es compositor. Cualquier receta de un grupo en Facebook nos dice cómo hacer cualquier tipo de pan. De internet hasta salen terroristas islamistas y se improvisan stars que llegan a vender millones de discos. Puede estar bien esta reapropiación democrática del saber. Pero no sirve para nada. La gente, teniendo internet a su alcance, solo copia pedazos de la Wikipedia sin leer más allá, no visita bibliotecas, no investiga, no busca fuentes, no busca otras perspectivas u opiniones, no sabe ni quien es Newton. Y eso que funcionan en la vida, tienen carrera, y tienen su cuenta Twitter con bastantes seguidores. Se entenderá que así, no es posible – así no se puede.

Por eso este blog no es ni socialista, ni castro-chavista, ni de derechas, ni de izquierdas, ni anarquista, ni amarillista, ni terrorista, ni ateo, ni geek, ni religioso, ni en pro de ningún grupo u ideología en particular y se ha situado siempre ferozmente como opción individual. Siempre se nos ha preguntado (usamos el plural mayestático porque se nos da la Real gana) que quiénes eran ellos cuando nosotros nos referíamos a ellos. Repetimos la frase de Sartre (“L’enfer, c’est les autres”). Por lo menos, para decirles siempre en su cara un “que se jodan”, habrá merecido la carcajada. Es con mucho cuidado que se nos va plegando o replegando. A veces no se puede. Con frecuencia, no se puede mitigar nuestra pugna astral. A veces hay materia para persistir, para embadurnar. Allí hacemos falta. Yo en todo caso. Nosotros. 

27.11.14

#43

Iguala
igual a tantos
no es igual
es desigual

tiene nombre
el nombre se tiene
y no se detiene

mientras te entretienen
te entrenan adrede a ladrar
a taladrarte su teoría
a trepanarte con trucajes

y te han escupido la noticia
aunque sea una
que sea la única

no metas a
Dios en esto
porque esto
no es de Dios

quien calla otorga
otro gallo le canta
al que oye el gatillo

habrán más masacres
es horrible y real
no es un mal
parido poema