BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

29.3.15

Prontuario de derecho experimental

1. Preámbulos a la estética insurreccional





En el mundo, persiste una milenaria sensación de injusticia que provoca irremediablemente el abrupto brotar de nuestros actos. La historia, malentendido heredado y catálogo apócrifo, es un sinfín de reacciones cumulativas que, al ramificarse, va describiendo la esencia del ser humano, según quien escoja observarla. Lo que asombra siempre es el ingenio, la astuta maldad casi hecha arte que practican quienes consiguen predominar. Con este ingenio se ganan guerras, se fundan cultos y se curan males; si el ingenio percibe algo, lo acribilla de originalidad y emerge victorioso.

Entienda quien lee, que mi maldad colgó los guayos, que a mi gemelo malo le faltó oxígeno al nacer y que así he recogido añicos cardíacos en demasía. Precisamente esa uniquidad, la irresolución de mi dicotomía, me torna doblemente sensible al evento observado. Opino que el problema de la libertad es que está mal repartida y mal utilizada. Opino que el lenguaje tiene el poder que le otorgue cada quien y que, en su expresión legal, constituye la mayor herramienta práctica actual para regular la libertad.

Desde el año 1999, senté las bases de algo que llamé Terrorisme Artistique, inspirado sin duda en las acciones de los surrealistas de la época dorada, notablemente las que les infligían a los psiquiatras. Fuimos varios, teníamos veinte años y llegamos a tener algunas ideas propias. André Breton creía que la belleza debía ser violenta, explosante-fixe; creía en el potencial de belleza de la violencia. Aprendí que se pueden crear mejores cosas borrando que escribiendo y comprendí que la fuerza humana era de convertirse en todo lo que veía y el error había sido de convertir todo lo que veía. Preferí tirar la piedra y no esconder la mano. No más. 

Llevo más de diez años estudiando la historia de las micro-naciones y hasta el rey Javier Marías me denegó personalmente la nacionalidad de Redonda en 2007, no por enemistad sino más bien por querer protegerme de una situación legal complicada en la cual ya no poseería nacionalidad real, por lo que no le tengo el más mínimo rencor y solo puedo agradecerle su atenta y cabal respuesta. Probablemente también pensó que soy un demente universal. Pero hoy día me interesa mejor saber cómo puedo poner mi cuerpo upon the gears and upon the wheels, upon the levers, upon all the apparatus, como dijo Mario Savio en el 1964 en la escalinata de la universidad de Berkeley. En castellano: ¿de qué manera puedo joder al sistema?

2. El concepto de territorialidad errante



Concerniendo el derecho territorial y el concepto de propiedad física, propongo la introducción de una noción de territorio móvil, donde la soberanía no está ligada al terreno sino a individuos o pequeñas unidades sociales como una familia. Esto aliviaría la presión sobre el medio ambiente replanteándose el concepto de explotación de recursos lejos de una perspectiva de la propiedad y reduciría notablemente la tensión geopolítica, limitando las relaciones desiguales de poder. También desaparecerían los pasaportes y las fronteras, la xenofobia y quizás el racismo; y desde luego se erradicaría por completo el concepto de la emigración/inmigración.

Además, esta noción de territorialidad errante permitiría a los seres humanos encontrar un balance más apropiado entre sus deberes y sus gustos, aumentando la capacidad de una complementariedad más empática y disminuyendo el impulso de competitividad negativa por lo material. Sin duda, para la gran mayoría de los seres humanos, infectados con varios virus – ignorancia, desinformación, fanatismo y demás – es desaconsejable la concesión de semejante grado de autonomía. Sin duda, por eso no son ya libres y quizás no lo sean nunca; pero no podemos detenernos inútilmente a recoger los cadáveres: hay que seguir. 

Cara a la robotización masiva del sistema, a su serialización, a la anestesia que le impone al ciudadano mientras se destruye su futuro, su agua, su planeta, a la creciente articulación de la represión – la individualidad es la mejor arma. Dotarse de uno mismo, armarse de sí, es un paso adelante que implica un gran riesgo; usar la red para poner en jaque y exponer, usar la tierra solo para el sustento y devolver lo recogido: estas son las nuevas cruzadas. Es, pues, el individuo quien da el golpe de estado a la sociedad votante y a la catástrofe de una democracia sin educación, no para imponer su ley sino para que nadie le venga a imponer las leyes de otro.  

Me he propuesto escribir, a modo de ejemplo, una declaración tentativa de autonomía unilateral del estado del que soy ciudadano. Dada mi ignorancia en el hirsuto tema de las leyes humanas (ya que yo no las reconozco sino que soy sometido a ellas, lo cual es muy distinto), desconozco el porte legal de tal acción, aunque lo más probable es que no sea tomada en serio. Sin embargo, existe una lejana posibilidad de que, bajo alguna oscura ley que datase de los primeros años de la independencia, se me pueda encarcelar por sublevación, aunque sospecho que me relegarían más bien a revivir mis episodios de emulación surrealista, insultando psiquiatras.

De todos modos, aquí reproduzco el texto:

1. Yo, Caimán Divino, proclamo solemnemente mi secesión de la República de Colombia y de todo otro país en calidad de entidad política separada. A partir del X de X del XXXX, dicho país, que se denominará Caimania, contará con la plena autonomía política y gozará en todo aspecto del territorio designado como propio. 

2. El territorio de Caimania será conformado al interior de un radio de X metros tomando a mi persona como punto central del perímetro. Lógicamente, este territorio variará según mis desplazamientos. El estado que haya perdido su territorio a Caimania lo volverá a recuperar si me desplazo y será severamente repelido si se opone a mi presencia.

3. Caimania es un estado anarco-monárquico no hereditario, para-constitucional, laico, libertario-individualista y neo-ecologista.

4. Caimania considera que el derecho internacional ha traicionado en repetidas ocasiones los derechos, libertades y voluntades de los pueblos de la tierra, razón por la cual se niega a reconocer autoridad alguna, independientemente de su ámbito, fuera de la propia autonomía.

5. Caimania advierte, a quien pretenda relegarla al rango imaginario o poner en duda o riesgo su autonomía, que las represalias que tomará contra cualquier entidad agresora serán letales y definitivas.

Comuníquese, notifíquese y cúmplase.

¡Viva Caimania!

3. El concepto de propiedad lingüística



Uno de los temas que más se ha tratado en Dementia Universalis es el fenómeno de la usurpación: primero la de la función humana (del lenguaje y su semántica, la farándula haciéndose llamar artistas, el uso de las redes sociales) y después la substitución de todas las funciones que rodean al humano (abuso del medio ambiente, valor y aplicación de la función democrática). Quien usurpa agrede y, a menudo, no comprende por qué se le agrede en represalia. Pero la violencia también es natural y la paz, a menudo, solo representa un compromiso artificial de corto alcance. La violencia también acaba justificándose a fuerza de golpes precisamente. Ya lo decía Wordsworth en su Outrage done to Nature: 

... I grieve, when on the darker side
Of this great change I look; and there behold
Such outrage done to nature as compels
The indignant power to justify herself;
Yea, to avenge her violated rights …

Justificado está, pues, que ante la magnitud del delirio que unos pocos que pretenden imponer a los demás, se actúe.

Sería necesario silenciar a mucho político, a mucho profeta, a mucho artistoide. Sería necesario callar además a los que inundan de faltas de ortografía y de gramática los servidores del planeta, a los que creen que su expresión es útil o pertinente y van embarrando el lenguaje y su poder según se hunden en su fango. Esto sí, yo no me voy a callar, primo, porque esto es Caimania (como en 300).

Me pregunto si se podría – legalmente y por decreto – prohibir el uso de una lengua a un individuo o grupo de individuos. Esto implicaría la intervención de un organismo que sirva de custodio a esa lengua, el cual ya existe para la mayoría de las lenguas usadas en el planeta. Por otra parte, un país que tenga a esa lengua inscrita como idioma oficial en su constitución podría establecer la prohibición del uso de esta a cualquiera de sus ciudadanos.

El concepto subyacente es que un idioma, con sus implicaciones semánticas y las consecuencias culturales de éstas, si es que va a ser maltratado y malinterpretado como lo ha venido siendo, no puede ser un derecho sino un privilegio. De esta manera, se dejaría de secuestrar el lenguaje para fines nocivos o banales. Esto crearía un entorno social más aseado, menos inconsistente y más eficaz a la hora de encontrar soluciones colectivas. Una vez más, sospecho que este proyecto de ley, de presentarse, sería relegado a los anales del ridículo legal, lo cual me aleja progresivamente de mi voluntad de establecer un marco pacífico para mi disensión, ya que la asimetría entre el individuo y el poder ha suprimido toda posibilidad de diálogo. 

4. Paralegalidad e infralegalidad


Dos conceptos emergen a partir de lo expuesto: el de la paralegalidad define lo que está fuera de un cerco legal y actúa en paralelo, mientras que el de la infralegalidad describe lo que está debajo de la ley, es decir la actividad delictiva común y corriente. Por ejemplo, George Washington y sus compañeros, al fundar su nación, cometieron una acción paralegal puesto que se extirpaban a sí mismos del marco legal ya definido creando uno nuevo en paralelo, mientras que los anhelos de paralegalidad del narcotraficante Pablo Escobar nunca se materializaron, quedando en la infralegalidad.

Evitar el sistema extirpándose de él es correr el riesgo, como le pasó a Thoreau, de que el sistema imponga su visión infralegal sobre un acto esencialmente paralegal. Quien estudia leyes sabe que hay multitud de huecos que se usan cotidianamente para moldear la realidad jurídica de una nación; sería cuestión de comenzar a enfocarlos con urgencia hacia la obtención de una paralegalidad que logre ser legítima ante el sistema y que, por ende, pueda sobrevivir y dar sus frutos. De lo contrario, todo alarmismo se convertirá en realidad.