BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

10.7.15

De esclavos voluntarios


La noticia indigna: en la madrugada de ayer, una mula que transportaba cerveza se volcó en Cartagena en la vía La Cordialidad, a la altura del barrio El Pozón. El conductor, quien por fallas mecánicas perdió el control del vehículo, resultó herido en el accidente. Sin embargo, los que llegaron al lugar se dedicaron a ignorar sus pedidos de auxilio y a saquear las cervezas que no se habían roto; algunas fuentes indican que se llevaron hasta diez cajas por persona. Más tarde, el conductor fue trasladado a una clínica donde – afortunadamente – se está recuperando.

A pesar de la indignación, del lógico repudio que genera esta información, no tiene absolutamente nada de sorpresiva. Y es porque sabemos que estamos plagados de lacras, que día sí y día no, nos llegan noticias aberrantes de estos barrios, entre homicidios, violaciones, violencia intrafamiliar y demás muestras de su auto-marginalización. Lo que es menester es detenerse a ponderar el hecho de que estos elementos disponen, dentro del risible marco legal de esta susodicha democracia, de los mismos derechos que los demás ciudadanos.

He aquí a los responsables de elegir a nuestros ineptos y abusivos dirigentes, a los que permiten guerras civiles que desangran al país desde hace casi seis décadas, a los que contribuyen al tambaleante nivel material e intelectual de la nación. Estos son, claramente, los garantes del internacionalizado estigma del colombiano, listos a venderse por tres pesos y a cambiar voto por lechona, eternamente sumidos en un centenario entumecimiento de guaro, cruces y balones. Se reclaman, inauditamente, el derecho a seguir siendo esclavos y es evidente su renuncia a ser liberados.  

Este populacho, el que tiene disparadas la criminalidad, la natalidad y la pobreza en este país, ha de ser controlado activamente. Tienen sangre de delincuente, en la que se ha sublimado, tras siglos de abusos y latigazos, una maldad sin parangón. Pero se han acostumbrado a que abusen de ellos y ahora se reclaman esa justificación para ser mediocres, para ser marginales, para ser inmorales. Por más que duela, hay que reconocerlo: el colombianito siempre anda buscando cómo aprovecharse, cómo sacar partido, cómo tumbar al bobo y dárselas de avispao.

Mientras este sector de la población siga, por su incomprensible actitud, proporcionando generosamente la carne de cañón para la guerra que nos atormenta, el país seguirá incapacitado para resistir a los ataques de la oligarquía, de la subversión y del terrorismo; asimismo, se podrá seguir inculcando un falso sentimiento patrio que predisponga al sectarismo y a la ignorancia. Mientras esto pasa, el TLC nos impondrá cultivos transgénicos, vendrán más bananeras y petroleras extranjeras a lucrarse, el nivel educativo y de la salud seguirá cayendo en picado y el ecosistema colombiano estará cada vez más irrecuperablemente contaminado.  

Incidentes como éste, a pesar de tener consecuencias mucho menores que la acción de cualquier guerrilla, arrojan mucha luz sobre las raíces del conflicto que vivimos. A menudo, cuando alguien invoca una purga, se cuestionan los criterios que se utilizarían: ¿quién decidirá quién sirve y quién no? La respuesta es sencilla: noticias como esta informan pertinentemente sobre quien no sirve. Los individuos que prefirieron robar cerveza a socorrer al conductor herido JAMÁS serán útiles para este mundo, de ninguna manera, y todo el mundo lo sabe, hasta ellos.

Si esas personas están plenamente identificadas (y no es difícil, ya que hoy estarán borrachos), ¿para qué perder el tiempo con la justicia, característicamente inepta? ¿De qué sirve hablar de derechos humanos, de derechos ciudadanos, para quien ni siquiera los reclama? ¿De qué sirve meterlas en la cárcel, si está demostrado que de nada les sirve para regenerarse, y que hasta les conviene? Lo más lógico es que, a bocajarro, se les arrebaten esos derechos que usurpan y no se han ganado a pulso de responsabilidad. Si estos elementos no votaran, no molestaran, no compraran, no influyeran, no parieran, estaríamos mejor. Obviamente, tiene que haber gente de bien atrapada en ese barrio – a esos hay que sacarlos de ahí y reubicarlos. Y al resto: lanzallamas, como con la peste.