BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

13.7.15

Wi-fi Wars:
la guerra civil en los foros



En los foros de los medios de comunicación nacionales se está gestando claramente una guerra civil. Por cada noticia que figura en la edición digital de cualquier medio, existe un ejército de internautas listos a enfrentarse en retahílas de amenazas y de acerbas verborreas, y es tristemente inusual que en estos espacios impere el sentido común.

Para algunas noticias, generalmente las más importantes fuera de la primera plana, o las que informan de avances científicos o de hechos culturales serios, hay cero comentarios; sin embargo, bajo cualquier noticia acerca de Venezuela o de Cuba, de la guerrilla, del paramilitarismo, de los derechos LGTBI o de la farándula futbolística y mediática, se pueden leer peleas horrendas en las que trasciende toda la esencia de nuestro conflicto.

Mucho se hablará en La Habana, o en las embajadas de los países implicados en los diálogos, sobre el alcance y la proyección de la paz en Colombia, pero es más bien en estos foros donde se puede apreciar claramente que la paz no está lista. Y es que, por más que se quiera firmar un bonito documento, e inscribirlo entre elaboradas rúbricas, sigue habiendo casi medio centenar de millones de almas sumidas en una pugna trastornada e irremediable.

La extrema derecha arremete, humilla, insulta y amenaza por estos foros impunemente. Se ha visto desfilar información sobre acciones paramilitares que después se han materializado, amenazas firmadas con las placas de diversas organizaciones delictivas, alegaciones inequívocamente genocidas y frecuentes atropellos a los derechos humanos y ataques ad hominem.

Y cuando los comentarios de la izquierda, en dichos foros, no caen en la misma tendencia homicida de sus contrapartes, queda claro que giran sin argumentos alrededor de conceptos vagos, reduciendo al simplismo anti-uribista lo que podría haber sido un elocuente repudio a las muestras de intolerancia que proliferan sin que contra sus autores intervenga moderador creíble o autoridad alguna.

De nada sirve citar ejemplos aquí, pues estos abundan bajo cualquier titular del día y sería demasiado difícil escoger solo unos cuantos. Quien frecuente la lectura de estos foros sabe que no hay exageración posible al hablar de la crudeza y del morbo que allí pululan a diario; a quien no haya conocido la experiencia, este auctor recomienda la simple adquisición de un wi-fi.

Aunque no todas las opiniones son igual de explosivas, algunas infligen su veneno de maneras más subversivas y retorcidas que otras. Y así, cotidianamente, se suceden estas úlceras mal ortografiadas, a menudo en disruptivas mayúsculas, que son el más claro reflejo de la ignorancia gallarda del colombianito de a pie y de la ineptitud de nuestra justicia, y que en muchas ocasiones probablemente estén motivadas y financiadas por los correspondientes sectores del poder político.

Lo más triste, quizás, es la constatación de que el proceso de paz ha sido completamente inútil hasta el momento; no solo porque parte y parte lo irrespeta y cae en errores idénticos, pero más importantemente porque la mayoría de la población sigue enfrascada en una guerra. Y dentro de la hipocresía del habitual eufemismo internacionalmente aceptado, esto se trata de un conflicto armado, en el que todo el mundo arma un conflicto pero nadie es responsable de las consecuencias.

Habiendo cerca de 6 millones de víctimas contadas del susodicho conflicto, es imposible tolerar la ingenuidad de quien crea que las opiniones expresadas en los foros se limitan a las de unos cuantos radicales. Estos foristas expresan fielmente, a pesar de todo, la hiel rastrera de este pueblucho grande que, más que en un posconflicto, está en una poscolonia.

¿Dónde está el control que deben ejercer los medios sobre lo que, al fin y al cabo, son sus propios foros? ¿Acaso nuestra constitución no nos protege de este tipo de abusos, o es que la amenaza mortal y la apología del terrorismo, con prueba escrita y dirección IP, no constituyen un delito? ¿Es posible que nadie se haga responsable de la regulación de estos excesos?

Con la era de la información, hemos accedido – como sociedad – a un alto grado de desensibilización a la violencia y de atrofia emocional; a medida que creamos nexos virtuales, nuestros nexos con la realidad desaparecen. Como da fe este mismo blog, es mucho más fácil hacer la guerra desde un PC o un celular, sin conocer al adversario ni ver sus condiciones. El cine y los videojuegos nos acostumbran al terrorismo, a las muertes banales e indoloras, carentes de consecuencias reales; y la solución no es prohibir el cine violento, ni los videojuegos…

A este tiempo lo definirá esta paradoja: a medida que nos apiñamos en el espacio físico, nos alejamos unos de otros. Es cuestión de individualidades pre-programadas, que se definen por oposición a otros estereotipos: la sociedad de hoy es una fábrica de antagonistas artificiales. En las redes sociales, en los foros mediáticos en que se vislumbra la guerra, lo que mejor se aprecia es el grado de condicionamiento al que hemos sido sometidos.

Con exactitud quirúrgica, los integrantes de esta sociedad cumplimos con las previsiones de quienes nos necesitan como peones del conflicto. Tanto los que critican como los que apoyan el proceso, tanto los que luchan con armas en el monte como los que lo hacen con su computador, periodistas, soldados, delincuentes, curas, futbolistas, abogados, ciudadanos en general: todos hacemos lo que se espera de nosotros. Por eso estamos en guerra.