BLOG PERPETRADO POR

FRANCISCO LEQUERICA

21.4.16

Embalse de tinta



Un fantasma he sido en tu cultura y en la mía por la vía pública y por la rectal y por todo lo que tú quieras. Un inalcanzable escalofrío me prometes cuando rescatas tu apolíneo culo de su eclipse tras un asiento y me muestras el portento que a sacudidas hiere. No ha pasado ni un momento y ya te siento en el desenlace, jugando a las muñecas con un catálogo de ropa entre los dientes blanquitos. Sólo te fijas en la ropa, se nota. Arañas sin saber, como los gatos malucos cuando les queda conociendo el agua. Es un enigma si tras el pecho obtuso que se bombea tan a menudo haya un alma traviesa o una travesía. Tienes la inquietud a bordo, y ella te imprime ritmos aleatorios en los zapatos, en las rodillas estratégicamente desnudas entre los rotos del pantalón. Cuando entornas los ojitos como diciendo que sólo sabes follar rápido y sin memoria, allí está inscrito tu miedo. No sé quién eres, pero me obstruye siempre el silencio de pensar ya haberte conocido. No sabes quién eres, pero cuando me escrutas de pigmeo a explorador, aborreces en secreto todo lo que podrías ser, ocultando tu labio prieto tras los dientes que muestras como un escudo de calcio. La estatua que me abalanzas encima, el calor acorazado con que irradias adolescencia, los rituales inconscientes que perpetuas al borde de una silla marcando tu glúteo lácteo, en malabarismos de colágeno, todo eso desalinea la genética espantosa con la que lidio. Me acuerdo cuando te acercaste, y tú no, probablemente. Ahora sabes, te dijeron. Se han desgarrado las telas de todos los calzoncillos de esta ciudad, nuestra ciudad, donde aúllan los animales y las piedras. Allí me esconderé, huiré, porque no creo en transfusiones. Mi tráquea de plata, henchida de salivas ajenas, intenta no añorarte porque ni te ha conocido, pero hay decisiones en que el raciocinio se aleja cuanto más se busque aplicar. Espero que mi embalse de tinta esté bien construido y no desborde, y quede como la Guajira, seco y chamuscado, estéril de todo rumbo. Sé que no valorarías un sacrificio, que no lo creerías, que sería un juguete más, que creerías tener razón en ponerle becuadro a la sensible. Seguiré siendo ese fantasma, a tumba cerrada, con el don amargo de abstraerme en alguna amistad peripatética o perniciosa mientras no me rescaten del útero, mientras nos sirva. La oscuridad se disculpará conmigo y me traerá sed y algunas nueces para los días huecos, así me sentiré más dichoso porque humano. Pero no has de preocuparte, ya que de ser así no habrás aprendido nada, y por eso llámase mayéutica.